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El profesionalismo médico / Dr. Jonatan Escobar

  • Salud: Dr. Jonatan Escobar

(segunda parte)

Como lo comente en la columna de la semana pasada, continuaré mencionando aspectos relevantes del profesionalismo médico y de la doble moral que prevalece en nuestra sociedad, pues ya mencionaba un ejemplo previo en el que en la actualidad se le exige al médico no equivocarse y proceder en todo momento con absoluto conocimiento y certeza, considero lo anterior una situación ideal, ya que el estar enfermo es una situación muy incómoda y cuando se trata de algún padecimiento complejo o delicado, sin duda alguna la angustia y ansiedad impregnaran quien padezca de dicha enfermedad y como tal se querrá obtener una pronta y adecuada solución al problema médico en cuestión. Por ello, la exigencia que se tiene con el médico es colosal, pues se encuentra en juego algo sumamente valioso que implica la salud y la integridad física, sin embargo el médico también es un ser humano y por definición y aunque parezca incorrecto decirlo de la siguiente manera “puede cometer errores”. Lo anterior acontece por muchas razones, dentro de ellas, el hecho de que aunque la medicina día con día evoluciona tempestivamente, aún desconocemos muchas cosas con lo que respecta a la misma y como tal la naturaleza, biología y explicación científica de los fenómenos que ocurren alrededor del cuerpo humano llegan a ser inciertos, poco claros o difíciles de comprender. Un ejemplo de lo anterior es lo que sucedió en el pasado con las grandes epidemias de enfermedades infecciosas que devastaban poblaciones enteras, en aquellos entonces la medicina no contaba con antibióticos ni vacunas y el pronóstico para infecciones complicadas o pandémicas resultaba sombrío. Sin embargo, con el advenimiento de la era de los antibióticos y de las vacunas, algunas enfermedades devastadoras en el pasado comenzaron a desaparecer, como el caso de la viruela que se considera extinta desde 1994, o la poliomelitis, que se considera casi extinta y solo se encuentra presentes en algunos países marginados de regiones meridionales y todo gracias a las vacunas, también con el advenimiento de antibióticos potentes se logra tratar la mayoría de los casos de tuberculosis, que se sabe es un bacilo que existe desde la época en la que habitaban la tierra los dinosaurios.

En general, quiero destacar que los beneficios de la medicina más aun en la época actual son bastante francos y evidentes, sin embargo, reitero que la medicina sigue siendo relativamente joven y que le resta bastante por evolucionar, todavía los médicos podemos vernos confrontados por padecimientos complicados que al momento no cuentan con tratamiento, como lo son algunos tipos de cánceres o algunos padecimientos genéticos, y lo anterior por supuesto que no justifica un error médico, sin embargo hago referencia al hecho de que aún la sofisticada y poderosa medicina actual no puede resolver todas las enfermedades y no es raro que en ocasiones los pacientes se presenten con una cantidad importante de signos y síntomas que no cuadran en las enfermedades clásicas descritas por los libros, de tal suerte que integrar un diagnóstico médico resulte sumamente complicado y para llegar al mismo se requiera de mucho tiempo.

Otra cosa importante que deseo señalar es que en el médico acontecen de forma frecuentes una serie de padecimientos destacando los infartos, la obesidad y problemas con los lípidos, consumo de sustancias, depresión, ansiedad y suicidio, pues aunque su formación le permite conocer a grandes rasgos el funcionamiento del cuerpo humano y las medidas para evitar las enfermedades, no dejamos de ser seres humanos y en general el ejercicio de la profesión es desgastante y exigente, y aunque pareciera irónico que aquel cuyo oficio es devolver la salud también enferme con relativa frecuencia así sucede, porque se trata de un ser humano susceptible de cometer errores que no procede a explorar el cuerpo humano de su paciente con completa objetividad, sino que simplemente echa un vistazo con empatía tratado de comprender el dolor y angustia que aflige a su prójimo, para posteriormente tratar de entender la causa del mismo y, en medida de lo posible, ofrecer alivio primero por medio de la palabra, para después echar mano de la medicina que aún está en la infancia.