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Yo voto por Sanders / Satiricosas / Manu Dornbierer

  • Manu Dornbierer

La revista “The Nation” ha logrado que la latinoamericana antiimperialista y hoy globalista (no queda de otra) que soy se haga entusiasta partidaria de Bernie Sanders, quien en la votación reciente en Iowa para escoger al candidato del partido demócrata a la presidencia de USA, solo tuvo cuatro votos menos que Hillary Clinton.

Ella no me gusta por muchas razones, pero sobre todo porque que como secretaria de Estado de Obama en su primer periodo dañó Hillary Clinton a varios países latinoamericanos por su fobia contra la izquierda, evidenciada con frecuencia.

El más afectado -después naturalmente de Venezuela- por fue Honduras que se llama así porque la bautizó el propio Colón al decir de sus costas: “Qué bueno que hemos salido de estas honduras”. Iba bien Honduras con el presidente Zelaya, hombre de izquierda y amigo de Hugo Chávez, hasta que Hillary le organizó un golpe estado y lo sacó del poder para entregar el país a los derechistas. Desde entonces empezó la migración hacia el norte de miles de niños hondureños solitarios y muertos de hambre. Y mucho más.

Recordemos también que Hillary Clinton, cuando era senadora por NY, votó por la invasión a Irak de los malditos Bush. Esas invasiones del padre y del hijo, no sólo para apoderarse del petróleo de su exsocio Saddam Hussein sino para establecer toda de suerte de negocios de “reconstrucción” del país al que destrozaron, tanto militares y civiles, para que ganarán dinerales las compañías gringas. Esas invasiones fueron el fin de equilibrio en el Medio Oriente que tiene hoy al mundo en ascuas.

En cuanto a nuestro país, estaba tan ensoberbecida la secretaria de Estado que llegó a decir en tiempos del genocida Calderón, al que le había ordenado Bush en Mérida la Guerra Gringa, que “el PRI solo volvería al poder en México “over my dead body”, “sobre mi cadáver”.
Iowa

En esa misma votación reciente, los conservadores de ese estado le dieron una trompada al antimexicano Donald “Trompas” que se sentía la mamá de Tarzán y decía que era “lo que Estados Unidos necesita”. El hecho de que sea un estado conservador el que empiece a noquear al tipo revela que la gente normal en Estados Unidos está harta tarados de políticos racistas como él a los que los medios inflan y de otros también. Y mejor aún cayó que Iowa haya impulsado a Bernie Sanders a la presidencia por los demócratas siendo este senador de Vermont  “el socialista que fuma marihuana” como le dijo Obama, creyendo apoyar a su exrival derrotada y después colaboradora de apellido a la que por algo no invitó al Departamento de Estado otra vez.

Bernie Sanders parece ser un verdadero socialista. Tiene antecedentes de hippie pacifista, justiciero y muy humano. “El senador por Vermont, -dice The Nation- hace ya veinte años que es parte del Congreso y durante ese tiempo siempre fue un fiel defensor de las causas perdidas, las más progresistas, las liberales. Quizá uno de sus triunfos más destacados fue la legalización del matrimonio igualitario. Sanders siempre defendió a los homosexuales, incluso cuando era el único que lo hacía: “Por supuesto que todos los ciudadanos merecen tener los mismos derechos. Es hora de que la Corte Suprema se ponga al día con la población y legalice el matrimonio gay”.

En todos aspectos es libre y progresista, pero además justo con países extranjeros. “Su postura contra el establishment parece haberse puesto de moda”, asegura la revista, para continuar su semblanza: Es un gran luchador que quiere terminar con la esclavitud moderna. Cuando se refirió a la aprobación del Acuerdo de Asociación Transpacífico fue contundente (ojalá lo hubiera escuchado Peña): “No tiene sentido que el Congreso dé su visto bueno a un acuerdo que permitirá que las transnacionales exploten la mano de obra barata en Malasia, Vietnam y otras naciones que pagan poco a sus trabajadores”. Sanders quiere que la economía beneficie a todos.

El senador por Vermont Sanders además parece no ser del grupo siniestro que atenaza a punta de sustos al pobre planeta. ¿Quiénes son ellos? Los descubre a la perfección mi amigo y colega Guillermo Farber en su última columna. Lea y conserve el siguiente párrafo.
Bichos

“Y dale con esto. Ayer fueron el SIDA, el SARS, la gripe aviar, luego el N1H1 o influenza porcina, el ébola, luego la chikungunya, hoy el zika. Y por supuesto, la Organización Mundial de la Salud y los mainstream media cada vez ponen a todo lo que da su sirena de alarma: ésta sí es la amenaza del siglo. ¿No se te hace sospechosa tanta atingencia? Como que suena más a complicidad, ¿no? Ya párenle con tanto bicho fabricado en laboratorio como arma bacteriológica para mantenernos atemorizados y de paso diezmar a la población (sobre todo la de África). Ayer vendieron como pan caliente el Tamiflu, fabricado por una compañía farmacéutica cuyo propietario era, ¡surprise, surprise! Donald Rumsfeld, excacagrande del Departamento de Guerra gringo. ¿Ahora quién hará un negociote con el zika? Se dice que es un virus patentado y que la patente pertenece a la Fundación Rockefeller (pero esto puede ser sólo un rumor)”.

Por cierto, Guillermo Farber, sería bueno investigar una vez más a la no tan benemérita Fundación Rockefeller. Por un lado, dícese, respalda económicamente a Greenpeace. Y por el otro, hay mapas en donde puedes observar que es dueña de un territorio austral que se considera intocable.
Todos deberíamos votar

Si Estados Unidos se ha erigido en “el jefe de este mundo”, si quiere ser “el máximo Policía”, “dueño de todo”, regulador tanto de la política como de la economía , el que manda en su patio trasero de Latinoamérica contra el Mercosur (hoy hasta con Argentina), el que decide en Europa los derechos de Ucrania, el que entrena militarmente a “las fuerzas de oposición en Siria, etcétera. En suma el mero jefe del Nuevo Orden Mundial, la ONU debería exigir que todos los terrícolas tengamos alguna manera de votar por o contra la candidata o el candidato que elijan los gringos. Es indispensable su famosa democracia para todos, no nada más en su país, en su territorio legítimo, sino en LA TIERRA.

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