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Oler la sangre / Entre Piernas y Telones / Hugo Hernández y Claudia Romero

  • Entre Piernas y Telones : Claudia Romero

  • Excelente muestra de teatro joven

Hugo Hernández / El Sol de México

Ciudad de México.- El amor fraternal ha sido una constante en el arte en general de todos los tiempos. Desde Caín y Abel el tema ha estado presente en la pintura, literatura, música, escultura, y por supuesto la dramaturgia también.

Ese asunto es el eje central de la historia escrita y dirigida por Ro Banda, a quien conocí hace algunos ayeres, y que hoy suma su amor por el teatro y su talento a otro inquieto veinteañero, que hoy brilla como productor ejecutivo: Saúl Campos.

Se trata de Oler la sangre  que actualmente hace temporada los lunes en el teatro de La Capilla, en Madrid 13 en Coyoacán.

Conocí primero a Ro, hace una década, y era realmente casi un adolescente (él, no yo); me sorprendió su talento como dramaturgo y como director, pero más me sorprendió lo profundidad de sus textos y sus montajes.

A Saúl lo conocí hace un lustro, aproximadamente, escribiendo sobre teatro, y me llamó la seriedad de su trabajo, el profesionalismo de sus entrevistas y sus reseñas y críticas.

Les perdí un pico la pista a ambos y ahora los reencuentro juntos en este montaje, estupendo ya lo dije, que todos los lunes de febrero se presentará en Coyoacán.

Si la aritmética dice que la suma de uno y uno es dos, en Oler la sangre la suma de Ro y Saúl ha dado mucho más que dos, como dice el poema. Ha dado una compañía estupenda de teatro joven, a la que vale la pena seguirle la pista.

Dos hermanos, que no saben que lo son, se conocen el día de la muerte de su abuela, es ella, en sendas cartas quien postmortem los presenta. Empiezan a sí un camino de descubrimiento en el que uno se pregunta constantemente: ¿es cierto que la sangre llama? ¿a los hermanos (y la familia en general) se les quiere por naturaleza o el amor fraternal se construye sobre la cotidianeidad.

Al muy atractivo texto de Ro, hay que sumarle su fresca dirección, llena de hallazgos, momentos emotivos, fragmentos realmente plásticos.

Todo ello sería imposible sin dos trabajos actores sólidos y muy solventes, a los que nos tienen acostumbrados, Víctor Huggo Martin y Adriana Llabrés. De verdad sensacionales.

Qué gusto reencontrar a dos jóvenes tan talentosos, tan audaces, tan echados para adelante y que se lanzan a impulsar sus propios proyectos. Vale la pena verlos: todos los lunes de febrero Teatro de La Capilla.

Mejor dramaturgo que director

Claudia Romero

El año pasado tuve la oportunidad de ver este trabajo en la Capilla. La obra había tenido un largo recorrido en su proceso. Distintos repartos, la reescritura, easpacios no convencionales como departamentos y mucho ruido en las redes. El autor y motor de este trabajo es Ro Banda, un joven dramaturgo del que había leído algunos textos y había visto una puesta de Microteatro. Y como cereza del pastel, para terminar el dos mil quince, escribió uno de los textos de 24 hrs. Plays.

Oler la Sangre es el viaje de dos hermanos en la búsqueda de sus raíces. Se conocen al morir la abuela y de ahí inician un recorrido para encontrar a la madre. El texto está lleno de metáforas e imágenes muy potentes; una mezcla de acciones y narraciones que lo hacen ágil, interesante y entrañable, sobre todo porque nunca cae en el melodrama fácil. Las actuaciones no pueden ser mejores, Adriana Llabrés y Víctor Hugo Martín, han creado personajes muy humanos que durante el camino nos van enterneciendo más y más. La producción es sencilla, sin pretensiones y cabe destacar el acompañamiento musical que aporta y enriquece la historia. Lo menciono porque en nuestras puestas la música casi siempre es un estorbo y he aquí un caso excepcional.

Me llama especialmente la atención el tema en una persona tan joven. Uno siempre piensa que los jóvenes están más en lo que está por venir y no, hay quienes fincan su futuro enraizando en su pasado, en sus lazos familiares, en los vínculos de la sangre que, sin importar la distancia, el viento siempre llevará a nuestros sentidos, porque son conexiones poderosas. Es un texto que me parece un respiro entre tanta violencia.

No puedo decir lo mismo del Ro director. A este Ro, me parece que le falta confianza. Un montaje escénico que empieza de manera tímida y al parecer sin rumbo, luego se vuelve vertiginoso, pero con momentos de ilustración que aflojan la escena. Sospecho un gran director con menos experiencia y confianza, pero que tarde o temprano, alcanzará al dramaturgo. En general, no estoy a favor de que el dramaturgo y el director sean el mismo, pero últimamente he visto montajes que anulan mi percepción; en el caso de Oler la Sangre me quedo a la mitad. Veo las conveniencias de lograr en escena el objetivo escrito y por otro lado, me falta el enriquecimiento que provoca el conflicto de distintas visiones. Por lo pronto, sigue los lunes a las 8:30 en La Capilla.