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La Iglesia en manos de Aristóteles / Acontecer Político / José Luis Camacho Vargas

  • José Luis Camacho

En conmemoración del Constitucionalismo mexicano, que en 1857 y 1917 alcanzó momentos de gran esplendor.
Los turbulentos momentos por los que atraviesa la economía internacional, derivado del fortalecimiento del dólar por la migración de capitales a los bonos del Tesoro estadunidense, así como de la desaceleración de la economía estadounidense y china, ha tenido especial impacto en los países emergentes cuyas economías están creciendo en el mejor de los casos por abajo del 1 por ciento y sus ingresos, derivados de la exportación de materias primas, se están viendo reducidos. Pero México es la excepción a esa tendencia.

Con una economía creciendo por arriba del dos por ciento y la creación récord de empleos formales, nuestro país está sorteando positivamente las aguas turbulentas de los mares internacionales, gracias a las reformas transformadoras que modificaron de raíz la forma en que México interactuaba con el exterior, pero también el estado en el que se mantenían las finanzas públicas.

Anteriormente era casi un dogma decir que los recursos públicos dependían totalmente de la venta del petróleo y que pagaban impuestos los de siempre: los cautivos. Sin embargo, a raíz de la reforma hacendaria-social del año 2013, esas dos aseveraciones dejaron de ser principios para pasar a ser simples postulados que han empezado a perder validez.

Haciendo posible que paguen más impuestos quienes ganan más, la reforma hacendaria estableció una recaudación diferenciada respecto a los ingresos de cada persona, al tiempo de crear incentivos para que los informales se incluyeran voluntariamente en la base tributaria, intención que ha rendido buenos resultados pues tan solo en 2015 poco más de cuatro millones de mexicanos decidieron engrosar los 48 millones de mexicanos que veníamos pagando impuestos, a fin de superar ya los 50 millones.

Se trata del crecimiento sin precedentes de la base tributaria mexicana, lo cual ha sido posible a un Sistema de Administración Tributaria que ha reducido los trámites y facilitado el pago y devolución de impuestos.

Ser la autoridad responsable de fiscalizar y recaudar no es fácil y mucho menos popular, pues en ningún país del mundo es una labor sencilla, pero las y los mexicanos debemos reconocer que gracias al esfuerzo realizado en este órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, las finanzas del país se han visto respaldadas frente a la caía del precio del petróleo.

Ello obedece a acciones audaces y bien planeadas por parte del jefe de ese gran ejército de trabajadores fiscales, como lo es Aristóteles Núñez Sánchez, hombre afable, esforzado y de ideas claras que a base de constancia y esmero se ha forjado una carrera exitosa en el servicio público.

Cuadro destacado del Instituto Politécnico Nacional, su nombramiento causó revuelo al interior del SAT en 2012, ya que no se trataba de un hombre extraído de esa élite económica, sino de un profesionista que se había forjado en diversas encomiendas estatales y federales, poseedor de una visión más amplia de la realidad mexicana y de los problemas que enfrenta.

Su modo sencillo de conducirse le ha valido ser reconocido como uno de los más destacados servidores públicos de la actual administración. Es común verlo caminar por la Alameda, justo enfrente de su oficina, conversar con la gente y tomarse ese tiempo para saber lo que se comenta en las calles.

Las acciones que ha emprendido al frente del renovado SAT le han permitido superar las metas de recaudación fiscal, creando con ello un pilar fundamental para hacer frente a la drástica disminución de los precios del petróleo. Mientras que en 2015 los ingresos petroleros tuvieron una reducción real de 22.3 por ciento, los ingresos tributarios no petroleros fueron superiores en 21 por ciento a los del año 2014, compensando con ello la disminución petrolero.

Es decir, como no había sucedido en muchos años, al frente del SAT se encuentra un hombre que sabe lo que hace y cómo hacerlo, a diferencia de sus predecesores, quienes solo administraron a esta institución y no la transformaron por el bien de México.

Como parte de esa transformación y del principio de equidad que existe en el pago de impuestos, el SAT ha anunciado que a partir de este año más de cuatro mil asociaciones religiosas y congregaciones religiosas deben declarar ingresos no relacionados con su fin de culto.

De esta forma, deberán entregar cuentas al fisco de sus ingresos por limosnas, servicios eclesiásticos y donativos.

No cabe duda, México tiene en el SAT al mejor aliado para hacer frente a la incertidumbre internacional, aplicando para ello acciones que amplían la base tributaria y mejoran los canales para cumplir con nuestras obligaciones.
camachovargas@prodigy.net.mx

Twitter: @jlcamachov