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El kimono Rojo

  • María Esther Estrada

Por Ma. Esther Estrada M.A., Corresponsal

Hay pinturas que por algún motivo misterioso se nos quedan fijas en la retina. En mi caso les puedo confesar que cada vez que paseaba por la colección de pinturas del siglo XIX en el Museo del Reino (Rijksmuseum) me llamaba la atención una, tal vez porque el tema me parecía exótico: una joven occidental, casi niña, medio recostada en un sofá, vestida con un kimono, la más oriental de las prendas.

Con pequeñas variaciones, además del color de su atuendo, encontré obras similares en el Museo de la Ciudad de Ámsterdam (Stedelijk) y en el Museo Municipal de La Haya (Gemeentemuseum).
Por ello me interesó mucho la exhibición temporal organizada por el Museo del Reino: “Breitner. La joven en kimono”, dedicada a esta fascinación del artista neerlandés quien, para mi sorpresa, no pintó este tema una, ni dos, ni tres, sino ¡hasta 15 veces! El kimono podía ser rojo (7 veces), blanco (4) o azul obscuro (4), pero la modelo fue siempre la misma.

Se propusieron reunir todos los óleos que George Hendrik Breitner(1857-1923) realizó con este tema entre 1893 y 1896, así como algunos dibujos preparatorios, bocetos que garabateó en cartas y cuadernos, fotos hechas por él que le servían de apoyo para su composición e incluso un par de kimonos (no los que su modelo usó, pero de cualquier manera ambientan la exposición).Los óleos (14) y la acuarela llegaron de distintos museos y colecciones privadas desde distintos rincones de Holanda y los Estados Unidos. El resultado es una muestra pequeña, acogedora, que transmite paz y alegría.

Después de admirar cuadro por cuadro me detuve en el centro de la sala principal y miré a mi alrededor. La joven del kimono descansaba o leía sobre un sofá, o bien se ajustaba los aretes o se acicalaba frente a un espejo, indiferente al espectador. En este caso, yo.

En otra sala lucía el único desnudo de la serie, su modelo, de espaldas, se acomoda el cabello. A sus pies, lo que parece ser el kimono blanco.

Ella se llamaba GezinaKwak (1877-1899), una adolescente de apenas 16 años cuando empezó a posar paraBreitner en 1893.De origen humilde, Geesje (como la llamaban) fue la tercera hija de seis del matrimonio formado por JanKwak, capitán de un barco, y su esposa, WillemptjePosch. Además de como modelo, trabajaba como costurera y vendedora de sombreros.

Su figura bien formada pero delgada, sugerente, en combinación con sus facciones todavía infantiles, inocentes, la convirtieron en la modelo ideal a los ojos de Breitner, quien estaba fascinado con el arte japonés, tan de moda en ese momento en Holanda y en toda Europa.

Conociendo la historia de los Países Bajos no me extraña la fusión Oriental-Occidental del tema, ya que los holandeses fueron los únicos europeos autorizados a comerciar con el país del Sol Naciente entre 1641 y 1859.Pero además, desde París en ese momento se promovía el japonismo. Todos los artistas coleccionaban grabados nipones y se dejaban influenciar por este arte. Si no, recuerde a Van Gogh, por cierto contemporáneo y conocido de Breitner.
EL ARTISTA EN UNAS POCAS PINCELADAS

George HendrikBreitner nació en Róterdam en 1857. Estudió en la Academia de Bellas Artes en La Haya. Dada su pasión por los caballos y su facilidad para pintarlos, colaboró con las escenas ecuestres del Panorama Mesdag (la primera pintura circular del mundo, 14 metros de alto y 120 de circunferencia). En 1884 pasó medio año en París, donde se familiarizó con el impresionismo y con la obra literaria de Emile Zola y Gustave Flaubert. Su primer gran éxito llegó de la mano del Museo del Reino, que adquirió en 1886 su óleo “Los jinetes amarillos”.

Aunque en un principio se notaba en su obra la influencia de la Escuela de la Haya (realista pero con una paleta obscura), a Breitner podemos considerarlo un pintor impresionista. Sus personajes son, por lo general, gente del pueblo, de las clases bajas. Sus escenas, fuera de algunos desnudos y la serie de los kimonos, reflejan con realismo la vida diaria de sus personajes, los paisajes urbanos de Ámsterdam, a donde su mudó en 1886, en ese momento una ciudad cosmopolita en pleno crecimiento. Son muy interesantes sus pinturas que reflejan a la gente durante su diario ir y venir por las calles.

Como ya comprobaron, gustaba de repetir el mismo tema desde diferentes ángulos o perspectivas. Sus críticos consideraban que sus pinturas parecían “sin terminar”. Además de su faceta como artista del pincel, fue un prolífico fotógrafo.

En 1892 firmó un contrato de exclusividad con el marchante E.J. van Wisselingh, quien tenía galerías en Ámsterdam y Londres. Esto le permitía recibir una mensualidad de 50 florines para vivir holgadamente (un jornalero ganaba 8), además de la mitad de las utilidades por la venta de sus obras. Sin embargo siempre estaba corto de dinero tanto por su estilo bohemio como por sus hobbies tan caros: fotografía y ciclismo. Eso sí, cumplía puntualmente su compromiso de hacer dos entregas al año, por lo general unos 7 óleos y muchas acuarelas.

Se casó en 1901 con Maria Catharina Josephina Jordan, quien también le sirvió de modelo. No tuvieron familia.
BREITNER. LA JOVEN EN KIMONO

Nunca antes se habían reunido bajo un mismo techo todas las versiones que Breitner pintó sobre este tema. ¿Cuál es su favorita? La mía, donde está leyendo.

Para mayor información sobre esta exhibición, que estará abierta en el Museo del Reino (Rijksmuseum) hasta el 22 de mayo: www.rijksmuseum.nl

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