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Lo que no importa / Pedro Peñaloza

  • Pedro Peñaloza

Nunca el mundo ha sido tan desigual en las oportunidades que brinda pero tampoco ha sido nunca tan igualador en las ideas y las costumbres que impone. En el mundo sin alma que se nos obliga aceptar como único mundo posible, no hay pueblos sino mercados.

Eduardo Galeano
1. Cinco muchachos desaparecidos y exterminados. Se dice que un octavo policía confesó que, “los levantaron porque a juicio de los policías estatales, al servicio del crimen, los muchachos eran ‘sospechosos’: estaban ‘fortachones’ y venían en un automóvil con placas foráneas”. Todas las víctimas fueron golpeadas, asesinadas y sus cuerpos destruidos o triturados, según la declaración del policía, Rubén Pérez Andrade, detenido por la Policía Federal. Es decir, se puede detener y secuestrar a cinco muchachos y los tramos de control de la Policía Estatal brillan por su ausencia. Los jefes de los policías secuestradores no estaban enterados de lo que hacían sus subalternos, ¿de veras? Se puede proyectar una hipótesis que muestre una radiografía distinta de la pirámide del poder. Entregar a los cinco muchachos a una célula de la delincuencia organizada implica una conexión estructural y no circunstancial de la Policía Estatal veracruzana. El jefe de la Policía Estatal debió “dar la cara” para informar el funcionamiento de la disciplina de sus subalternos. Y más, el gobernador Duarte debió ser el primero en poner a disposición de la Fiscalía local a todos los mandos. Ahora queda claro que cinco vidas resultaban irrelevantes para un Gobierno hundido en la corrupción, la mediocridad y la estulticia. Sí, cinco jóvenes asesinados no importan.

2. Las violencias cotidianas. Diariamente asaltan y lastiman a miles de ciudadanos “de a pie”, son robados en la calle, en el transporte público, en sus casas y hasta en zonas comerciales aparentemente vigiladas ¿quiénes son los que roban? ¿De dónde vienen? No estimado lector, no se piense, ni por un momento, que esos malhechores bajaron de un platillo volador proveniente de un planeta lejano con el propósito de lastimar a millones de terrícolas que viven de su trabajo; por supuesto que no, son personas fabricadas y reproducidas por un sistema que arma y maquila a personajes carentes de sentimientos solidarios. El sistema les incubó la idea de que el éxito se coronaba con la posesión de bienes y de dinero, también fueron marginados de las escuelas, universidades, desafiliados de sus familias, comunidades fracturadas por la desigualdad y la carencia de expectativas; los miles de asaltantes que roban a los miles de no asaltantes también son pobres, su tronco común es similar, quizá la única diferencia los hace ser víctimas o victimarios. Sin embargo, no importa su origen estructural, es necesario meterlos a la cárcel, “dispararles en caliente”, y si es posible lincharlos.

3. Recortes y exclusiones. El Gobierno peñista anuncia recortes y lanza discursos de austeridad que pretenden justificar las contracciones del gasto social y los despidos de burócratas de los niveles más bajos. Una característica notable de la clase política mexicana es su cinismo. Pueden declarar y reiterar que se aplicarán “medidas de austeridad” pero al mismo tiempo ejercer una vida de faraones permeada por el despilfarro y los gastos superfluos, se pueden suscribir convenios y hasta leyes contra la corrupción, pero el aceite que lubrica al sistema no puede dejar de funcionar. No importa que los asalariados estén precarizados, mientras estén desorganizados y posean el virus del individualismo.

Epílogo. El reciente informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluye que el Gobierno mexicano ha incumplido los compromisos a favor de los derechos humanos. No importa.
pedropenaloza@yahoo.com

Twitter: @pedro_penaloz