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UMBERTO ECO : La primera y la última novela / Satiricosas / Manu Dornbierer

  • Manu Dornbierer

“La comunicación ya no es un instrumento para producir artículos económicos. Se ha transformado en sí en un bien económico que se puede comprar y vender. Ahora es una industria. Ahora es una industria pesada”.

Umberto Eco.
No es cierto, como dice su publicidad, que la última novela de Umberto Eco (2015) , “Numero Zero” , sea la mejor de sus obras después de “El Nombre de la Rosa”(1980); pero sí es la más triste, especialmente para los periodistas que amamos nuestro oficio y lo hemos practicado a través de muchos años con la ilusión de realizar una tarea de apertura a la verdad o lo que creemos honestamente que es la verdad, en todo caso la que podemos visualizar.

El tema de “Numero Zero” es éste: en 1992, en Milán, se convoca a un grupo de periodistas, cinco hombres y una mujer, para crear un nuevo diario dedicado a “la búsqueda de la verdad”. Pero pronto, todos se dan cuenta que es lo mismo de siempre en el periodismo (por lo visto) universal. El verdadero tema es la búsqueda del Poder. No puede faltar la censura, ni la calumnia, ni el chantaje. Hay alguien que está pagando el proyecto: “Il Commendatore”. Y el que paga manda en este mundo absurdo.

Umberto Eco no fue oficialmente periodista, pero sí lo fue en el fondo, como lo es todo escritor, así sea a la par especialista en semántica -semiótica si se prefiere -, filósofo, crítico literario, entre más títulos que coleccionó el que llegó a ser presidente de la Escuela Superior de Estudios Humanistas de la Universidad de Boloña. De no ser esto cierto, no hubiera escrito su última desoladora novela en la primera parte, trepidante en la segunda, escrita por un auténtico periodista que describe lo que viven unos periodistas sin chamba, que de pronto alguien convoca para hacer “un periódico de la verdad”. Hay uno solo que no lo entiende bien y se deja llevar por la pasión de descubrir un misterio. Penetra en él… hasta la muerte. Se trata en la antigua historia de la falsa
desaparición del Duce Benito Mussolini, dictador fascista de Italia, aliado de Hitler. En 1945 fue capturado por los “partisanos” comunistas y fusilado con su amante Clara Petacci cuando intentaba huir a Suiza. La fecha oficial de su fusilamiento es el 28 de abril de 1945. Ambos fueron colgados por lo pies y sus cadáveres largamente vapuleados. Pero… eso es solo un dato oficial. A lo largo del tiempo se ha dudado de su veracidad porque la cabeza del dictador fue pateada hasta hacerlo irreconocible.

Como historia periodística es un buen libro, como novela no. Es un relato entretenido y con aciertos, en que muchos periodistas reconocerán sus frustraciones y vivencias. Eco utiliza el muy lícito camino de la novela por no poder probar lo que dice. La segunda parte se convierte en pasión y no sólo es uno más de los asuntos que tratan los periodistas del número cero del futuro diario milanés “Domani”. Es algo mayor lo que lo apasiona. No hay en realidad segunda parte, no se detiene el relato anterior.

Entretejido con el resto del texto dentro de la desilusionada cotidianidad de los periodistas que están ya escribiendo, parece que lo realmente le encanta al periodista académico o no es: el misterio. Todos somos detectives. Sabe que la historia oficial es siempre falsa, engañosa. Sabe que el Poder hace que el público se trague lo que él decida, sabe que siempre nos cuentan cuentos los poderosos. Pero no sabía que la traición de un compañero puede dañar mortalmente…
La primera gran novela

La primera gran novela de Umberto Eco, premiada y convertida en un gran film, “El Nombre de la Rosa”, surgió de la admiración que el catedrático italiano, Umberto Eco (1932-2016), le tenía al bienamado por los lectores del mundo, Sherlock Holmes, el alter ego del escritor de novelas policiacas y médico oftalmólogo Conan Doyle (1859-1930), nacido en Edimburgo, Escocia, pero católico irlandés que se convirtió – a la moda del siglo XIX – al espiritismo. Uff. Conan Doyle fue muy prolífico y muy variado en sus temas: escribió ciencia ficción y poesía, por ejemplo, además de sus famosas novelas policiacas. El caso es que “se lo comió” su criatura, su máximo personaje, ese detective “científico” alto, flaco, que tanto admiró Umberto Eco, al grado de escribir y publicar en 1980, una novela policiaca que acontece en el 1327 ¡siglo ca-tor-ce!

En el siglo XX, en 1902, escribió Conan Doyle, “El Sabueso de los Baskerville” (The Hound of the Baskervilles). Umberto Eco tomó el nombre de Guillermo de Baskerville (y no pocas frases) para su propio personaje, un fraile inglés que investiga asesinatos ¡en una abadía italiana! versión medieval del sagaz británico, Sherlock Holmes. Si esto no es un homenaje, NO a Conan Doyle si no a su invento Sherlock Holmes ¿entonces qué es?
Eco en Acapulco.

En 1974 Umberto Eco vino a Acapulco, invitado por Miguel Sabido, entonces director del Instituto de Estudios de la Comunicación Humana, con otros “comunicólogos” como Marshall McLuhan, Robert Lindsay, Jacques Fauvet, Jean Louis Servant-Schrieber, José Luis López Aranguren, Kenneth Galbraith y… Umberto Eco.

Por otro lado, dice, los prácticos eran Roman Polanski, Liza Minnelli, “Cantinflas”, Sergio Leone, Joaquín Rodrigo, “Pelé”, Amalia Hernández y el grupo “The 5th Dimension”. Pintoresco y desigual grupo. El mes pasado publicó una deshilachada reseña de aquel evento acapulqueño, para ensalzar a Umberto Eco que había sido muy amable con el anfitrión y “ echarle tierra” a Marshall MacLuhan que no lo fue. Bueno…
Anécdota personal

A fines de diciembre 2015, no había podido terminar “Numero Zero”, la última novela, comprada en la primavera por cierto en una tienda “Printemps” d’ París, y la dejé en México, mientras me escapaba con mi hija Diana 10 días a Argentina. Mi ángel de la guarda periodista (presumo de tener otros) nos llevó a la Patagonia, a Bariloche y nos puso en contacto con libros y personas especialistas en el conocimiento in situ – no desde el History Channel- de la importante presencia nazi en esa región a partir de la II Guerra, aunque ya mucho antes, de Perón y su amistad con los nazis, había llegado gran inmigración de Europa central.

Al regresar a CDMX, una noche reabrí el libro y la primera palabra leída fue “Argentina”. Y ahí se hablaba de la posibilidad de que Mussolini no haya muerto sino que como otros fascistas hubiera escapado a Argentina.

Por lo pronto, otro adiós entre muchos, a la persistente inteligencia de Umberto Eco y a su sentido del humor.
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