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Siguen las guerras de religión / Satiricosas / Manú Dornbierer

  • Manu Dornbierer

Es increíble que en el siglo XXI y con los indudables avances en todas las ciencias y la filosofía, la humanidad se siga destruyendo con pretextos fanáticos, tan absurdos y primitivos como: “mi Dios es más válido que el tuyo” o “si no crees lo que yo, te mato”. Pero tal es la realidad para muchos millones de seres humanos, manejados por otros que se dicen representantes del Creador en su particular concepto.

Y por lo general, a estos lo que les interesa es el dinero y el poder. Saben bien que para servir su ambición las masas ignotas obedecen dócilmente a una combinación de miedo y fe ciega. Las reglas son consoladoras para ellas y útiles para ellos, los dominantes. Tras los “diferentes dioses” se oculta apenas la ambición de poder, de eso no hay duda. Analicemos cada una de las guerras actuales en el planeta. O mejor aún las invasiones inauditas de continentes enteros. En todas, la religión es el pretexto, aunque la más terrible es en este momento la musulmana ultrafanática, misógina, que esconde a sus mujeres tras máscaras de cuero y trapos negros para someterlas ignominiosamente.

En todas las religiones hay fanáticos -similares entre sí aunque pertenezcan a diversos credos_ que son los que mayor daño causan al mundo y en el caso de algunos como en el Islam, están superando a sus correligionarios que NO son fanáticos y que entienden su religión como lo que debe de ser: un medio personal de comunicación con Dios, lo llamen como lo llamen, y en ese sentido la religión -sea la que sea- es respetable y debe ser respetada. Los seres humanos tenemos derecho a un pensamiento individual sobre esa cuestión delicada de la existencia de un Creador _igual que los ateos que no creen_ siempre y cuando no sea dañino para los demás. “El respeto al derecho ajeno es la paz”, diría Benito Juárez que la iglesia católica mexicana estigmatizó porque la sacó del poder político y le quitó sus bienes ma-te-ria-les, en lo particular era un hombre religioso.
El caso del judaísmo.

Como sabemos, el pueblo hebreo fue el primero en utilizar la religión para asentar y aumentar su poder. Decía un palestino: presumen de que Dios mismo les escrituró la Tierra Santa. Pero hoy es el Estado de Israel el Dios que cuenta, ya no tanto Jehová. Se puede hablar mal de la divinidad y hasta de sus profetas, pero no de Netanyahu.

Hace unos años, Israel Finkelstein, entonces director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv afirmó que “la saga histórica relatada en los cinco libros que conforman el Pentateuco de los cristianos y la Torá de los judíos no responde a ninguna revelación divina”. Al contrario, “esa gesta es un brillante producto de la imaginación humana y muchos de sus episodios nunca existieron”. El Pentateuco sería a su juicio “una genial reconstrucción literaria y política de la génesis del pueblo judío, realizada mil 500 años después de lo que siempre creímos”.

Con su poder mundial establecido en el dinero, en la fe en su raza, en la solidaridad interna de los judíos esparcidos por el mundo, el judaísmo pasó a sostenerse en mucho más que la religión.
El catolicismo

No es como en el caso anterior cuestión “de raza superior”. Todas y de todos colores y son bienvenidas por El Vaticano para entregarle sus limosnas. Y le da fuerza el ecumenismo que preconiza un catolicismo inteligente dirigido por el papa Francisco, que siguió la filosofía del gran Juan XXIII. Hay que recordar que el catolicismo fue durante siglos -y quizá lo sigue siendo en determinadas comunidades- un verdadero horror como lo demuestra la Inquisición por ejemplo, o la colonización, o mejor dicho la invasión de México con el sacrificio para imponer LA CRUZ, de siete millones de indígenas -diría Fernando Benítez-

No hay que olvidar que en sus inicios, el cristianismo fue de lo más sanguinario y entre los muchos perdones que ha estado solicitando la iglesia católica, algún día esperemos que recuerde que en una noche de “cruzada”, los cristianos mataron a más de 50 mil “infieles”. Actualmente los que se autollaman “cristianos” tampoco deben pasar por alto que “cristiano” dice ser el genocida George Bush, hijo. En fin, la humanidad se sigue destrozando “en nombre de Dios” y revive los precedentes aberrantes en pleno siglo XXI. ¿Aparte de la “religión del dinero” tiene Donald Trump alguna otra?

 

Religión: sinónimo de terrorismo

Lo que hoy acontece en casi toda Europa con el Islam, es un descarado intento de imponer la fe y el dominio de Mahoma a países enteros que han luchado, por lo visto equivocadamente, por la “multiculturización”. Desean CON VIOLENCIA imponer las costumbres musulmanas que se practican en su país de origen –o el de sus padres-. Los musulmanes que no son fanáticos deberían pararle el alto a los fanáticos, convertidos en terroristas. Pero es preocupante ver que algunos de ellos nacidos en países europeos lo que quieren es “vengar” a generaciones anteriores de sus respectivas razas y países colonizados por los europeos blancos, porque aquí volvemos, no hay duda, al primitivismo del “color de la piel”.

Si en muchos casos las religiones son simples etiquetas o mamparas a las que nadie está dispuesto a renunciar aunque no crea en ellas, es indudable que lo que actualmente ha vuelto a mover al mundo es el odio racial. Lejos de haber disminuido en este planeta al que el Creador le pintó razas de diferentes colores y facciones, esa especial diferencia física entre seres humanos ha vuelto a ser inspiración de las peores violencias.
Francia y la “multicultura”

El año pasado estuve 40 días en Europa con mi nieta, en los dos países de los que emigraron a América, a México, mis antepasados: la paterna Suiza (visitar nietos y presentar libros) y la Francia de mi familia materna (París, algunos puntos galos del lago de Ginebra y al final dos semanas de vacaciones en la soñada costa sur de Bretaña en casa de mi amiga “acapulqueña” Huguette Glushanok). Obviamente presencié incidentes de la multicolor y multiparlante invasión de ya cientos de miles de personas, más agresivas en Francia que en Suiza , país neutro y que no fue colonizador como sus vecinos, grandes y chicos, pero cuyo Gobierno democrático no es blandengue con el delito, como lo es hoy en Francia, el del presidente Hollande.

“Los fanatismos que más debemos temer son aquellos que pueden confundirse con la tolerancia”: Fernando Arrabal.

Me viene a la memoria esa frase genial al recordar que hace años, una mañana que visité al escritor español, fui durante mucho rato en el vagón del metro que me tocó en suerte, la única persona blanca. La víspera había tenido otra prueba de esa “multiculturalidad” en que se encuentra no solo religión, sino raza, color de la piel y demás diferencias de esta versión de humanidad que no está funcionando y una muestra del lío en que se estaba metiendo la gran Francia, como lo vemos hoy. Pagué un libro en el Museo del adorado Monet y no me lo entregaban. La jefa de la caja me preguntó a quien le había dado el billete y le dije: a la señora china. Uy, me puso pinta, como si decir “china” fuera un insulto. “No es china, es tan francesa como usted”. Y ahí sí metió la pata porque pude contestarle simplemente: Yo no soy francesa, soy mexicana.

Dice Putin con razón que “Francia está siendo colonizada por sus antiguas colonias” –y esto reza para otros países colonizadores como la pequeña Bélgica, que por cierto gobernó en forma odiosa y racista al africano Congo Belga. Solo que habría que ver si en el caso de los musulmanes no fueron ellos los primeros invasores de tierras ajenas– como lo son hoy (mucho menos cultos que sus ancestros) y quieren imponer sus retrógradas costumbres en Europa, además de repoblarla con su tasa de natalidad de ocho escuincles mínimo por familia.

En el lejanísimo año de 714, los musulmanes invadieron la ciudad de Narbona y la hicieron su base durante 40 años en la Francia de entonces. Menudeaban las razzias. Asolaron sistemáticamente la región del Languedoc hasta el año 725 en que destruyeron la ciudad de Nîmes. Pero en 721 un ejército de 100 mil musulmanes sitió la ciudad de Toulouse. Así que…

Tuve ocasión de platicar con dos jóvenes de origen argelino, nacidos y educados en Francia, informados, bastante cultos y refinados, cuyo modo de pensar me dio literalmente escalofríos. De obvia nacionalidad francesa, tienen metida la venganza entre ceja y ceja y dijeron estar de acuerdo con la colonización de su país, Francia, por su excolonia, Argelia, de la que emigraron sus padres.

El presidente Hollande que rechaza reformar la Constitución para retirar la nacionalidad francesa a los terroristas que han causado ya tantas muertes y atentados, presentó las fotografías de tipos patibularios : “franceses que matan a franceses”, nada menos que en Versalles. Ninguno tiene tipo ni nombre galo.

Por otra parte, los franceses-franceses se encuentran ya en un alto grado de irritación. Si ellos y otros que padecen la invasión quieren salvarse de la desaparición y combaten, como en Francia, con miles de mails al Gobierno de Hollande, hay que señalarles, un error: el de estar retomando el concepto de la religión, movedor de masas incultas, de falsas banderas de “infieles y cristianos”. Deberían en cambio grabarse la definición de Fernando Arrabal:

“LOS FANATISMOS QUE MÁS DEBEMOS TEMER SON AQUELLOS QUE PUEDEN CONFUNDIRSE CON LA TOLERANCIA”.
Manudornbierer.blogspot.mx