imagotipo

Panama Papers o, de que me lo echo, me lo echo… / Una Tras Otra / Jaime Alcántara Silva

  • Jaime Alcántara

La desgracia de los políticos es nuestra fortuna: DICHO
Yo me imagino a los enemigos políticos de Enrique Peña, presidente, relamiéndose los bigotes, por la gran hazaña, en la que él estaría metido hasta las manitas. Y, la hazaña, no es para menos. Tener en las manos más de una docena de millones de documentos sospechosos, ha de haber sido como encontrar la ciudad dorada de los Incas, para los sesudos y pertinaces investigadores.

Hemos visto correr hectólitros de tinta, millones de minutos electrónicos, dedicados al discurso apologético de la gran proeza. La gente, pegada a los periódicos, revistas, radio o tv, quiere saber quién o quiénes, de los mexicanos, se llevaron su dinero a eso que todos oyen decir, pero que pocos le entienden: las empresas offshore.

Primero, veamos este asunto. De acuerdo a diversas fuentes y antecedentes, éstas, tienen su sede en quién sabe dónde. Dichas empresas pueden ser abiertas en cualquier parte del mundo, para que puedan operar con cierta laxitud, libertad. Así, en esos paraísos fiscales, muchos personajes de no claros antecedentes éticos, han ido a dejar sus capitales para que, al revés de la playa, puedan salir güeritos, diáfanos, níveos, albinos, blancos.

Por ejemplo, si usted realizó una transacción chorromillonaria y no quiere que la gente de Aristóteles Núñez se la detecte, usted es candidato para que la famosa firma Mossack Fonseca, pueda trasladarlos a las Islas Vírgenes, por decir un destino.

Pues bien. El dinero, manejado por esta genial pareja, presumiblemente, llegaría de varios destinos: tráfico de drogas, de personas (prostitución); contrabando de armas, terrorismo; evasión fiscal, corrupción.

Los tres pasos fundamentales son: colocación, encubrimiento/estratificación, integración.

El primero, se trata de la forma como los ingeniosos lavadores de dinero (moneylaundering) integrarán a la corriente normal de la economía de muchos países, sus fortunas. El segundo se refiere a la manera en que será escondido (compra de bienes raíces, de vehículos de lujo, como yates, aviones); y el tercero, el alivio, porque, después de mucho batallar, el personaje habrá respirado hondo, por saber que su peculio habría sido santificado por las aguas de los perspicaces purificadores de lo ilegal.

Ahora bien, pero, a qué me refería al decir que muchos habrían encontrado, por fin, el arma con la que derribarían al imperio infame del PRI, encabezado por Peña Nieto.

Juan Armando Hinojosa Cantú, dueño de la constructora HIGA, es el punto nodal.

El asunto, sin embargo, reviste de algunos asegunes. Al Exprimer ministro de Islandia, Sigmundur Gunnlaugsson (con razón lo corrieron), al de la Gran Bretaña, David Cameron, y al presidente de Argentina, Mauricio Macri, los pescaron en probables asuntos turbios, porque tuvieron directamente algo que ver con el famoso despacho de referencia. Peña, no.

Los malquerientes de aquel dijeron: Hinojosa, el socio de Peña. Ah, Nandro y Marzam, son laboratorios que surten al IMSS, mmhhhh.

Seguramente el Presidente tendrá muchos quienes lo defiendan y no oficiosos como yo. El asunto es que algo tiene que hacer.

Una última información nos dice que una mujer, quien fuera su vecina, allá en sus años mozos, dio a luz a un pequeño con síndrome de epitafiasis. La Conamed ya tiene dos toneladas de peticiones para saber, por qué a raíz de esa relación, el útero se contaminó y el menor, por causa de los saludos del ahora Presidente, tendrá una deficiencia de reticulación social. ¡Vaya caso! Veamos en qué termina esto.
jaimealcantara2005@hotmail.com