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19 de febrero, Día del Ejército / Poder Nacional / Javier Oliva

  • Javier Oliva Posada

Desde hace algunos años, y como consecuencia directa de la implicación de las Fuerzas Armadas en labores de apoyo a la recuperación de la seguridad pública, las responsabilidades en particular del Ejército Mexicano, no dejan de crecer.

La cuestión radica, entonces, en cómo desde el ámbito civil, se puede corresponder al incuestionable esfuerzo que se hace por el restablecimiento del Estado de derecho.

Cuestión por cierto, que puede observarse en varias partes del mundo y que de acuerdo con las características propias, se le busca hacer frente a tan notable desafío.

La diseminación de conflictos de nuevo tipo ha conducido a que los esfuerzos en los procesos de gradual recuperación para el funcionamiento de los sistemas sociales e institucionales, han debido incorporar paulatina pero firmemente, la participación y diversificación de las labores militares.

Así, hoy al inaugurarse las instalaciones de la IV Brigada de Policía Militar en el municipio de Escobedo, Nuevo León, acudimos a un claro ejemplo de esa ampliación obligada de las tareas militares.

Pues como leemos y escuchamos con frecuencia, ante el repliegue, renuncia, desinterés u omisión de autoridades locales, en varias partes del país; en este caso, el Ejército Mexicano, debe actuar de manera oportuna, ágil, legal y apegado a las altas expectativas sociales para devolver las cosas al orden.

Es indudable que la percepción de que los valores militares, aplicados por extensión a otras labores e instituciones, tendrán el mismo efecto que hacía el interior del Instituto Armado.

Cuando no sucede así, la principal explicación que podemos aportar, es que la contraparte civil no ha podido o querido hacer suyos, los valores ahora, cívicos que a cualquier mexicano bien nacido le competen.

Con alguna frecuencia nos enteramos de la incorporación de militares en situación de retiro, de distintas jerarquías, en las jefaturas de corporaciones policiacas locales, estatales e incluso federales.

Esta aportación en recursos humanos de alta calificación, por otra parte, son una muy importante contribución de las Fuerzas Armadas a la recuperación de seguridad pública.

Atender a la diversidad de retos que enfrenta el país, nos conduce a reflexionar a propósito de los recursos con que cuenta para hacerle frente y salir airoso de la confrontación de los nuevos antagonismos.

Desde la educación hasta la difusión de los valores de la Defensa Nacional, indicaría que hay una prioridad establecida entre la identidad y la integración.

En el Ejército Mexicano, una de sus principales cualidades institucionales, es la de ofrecer al profesional de las armas, la proyección personal que mediante el esfuerzo, dedicación, constancia, disciplina y respeto a la normatividad interna, tiene razonables condiciones para aspirar a un mejor presente y futuro en su vida particular y familiar.

Sin duda que estas características doctrinarias y educativas, son del todo compatibles con las aspiraciones patrióticas de las nuevas generaciones de mexicanos.

Por eso, los soldados al asumir nuevas tareas, no pueden hacerlo cuestionando la viabilidad o no de la instrucción del mando civil representado por el Presidente de la República. Para fortuna de la nación, los soldados saben cumplir.
javierolivaposada@gmail.com