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2017: Aciago inicio de Año Nuevo

  • Betty Zanolli

  • Betty Zanolli Fabila

Cuando 1917 arribó, el futuro de México se avizoraba luminoso. Un Congreso Constituyente ejemplar laboraba para consagrar en el Texto Supremo las grandes conquistas sociales emanadas de la gesta revolucionaria que fenecía. Un siglo después, a unas horas de iniciado 2017, el futuro de México, sobre todo en lo inmediato, se advierte sombrío, lúgubre, totalmente desesperanzador. La sociedad mexicana está cansada de los dobles discursos, de las falsas expectativas, de las fallidas estrategias de combate a la corrupción, impunidad y criminalidad en todos los órdenes, ni qué decir de las quiméricas reformas estructurales que nacieron abortadas. El más claro ejemplo: la reforma energética, de la que el discurso oficial categórico prometió entre sus bondades, según puede leerse todavía en el portal electrónico de la Presidencia de la República: “Permitirá producir más energía eléctrica a menor costo… Bajará el costo de la luz y gas natural
Energéticos más baratos permitirán explotar al máximo las ventajas geográficas de México para transformar materias primas y vender productos de mayor valor agregado a quien es el más grande mercado del mundo y nuestro principal socio comercial: EU
Al producir más gas natural a mejor precio en México, evitaremos el desabasto que ha frenado a nuestra industria
Con electricidad más barata y limpia, México podrá atraer mucha más inversión y generar más empleos… Aumentará la producción de gas natural y petróleo, lo que significa más ingresos para el Estado y más dinero para escuelas, hospitales, carreteras, programas sociales e inversiones públicas
La industria petrolera volverá a ser un motor del crecimiento económico de México, al detonar inversión en nuevas áreas”.

Y es la hora de que aún antes de arrancar cabalmente dicha reforma y de que Donald Trump tome las riendas de EU, hemos recibido uno de los más cruentos reveses de las últimas décadas con el macro “gasolinazo”, preludio de la precipitación en caída libre que enfrentará la economía nacional. Que nuestro país está inmerso en la crisis global es un hecho, pero pretender justificar con ello el desastre que enfrenta el poder adquisitivo de la sociedad mexicana por los vaivenes del mercado mundial, es la salida más cómoda y fácil, tal y como lo reflejan las indignantes declaraciones de funcionarios que, en medio del silencio presidencial, defienden el incremento de las gasolinas, entre otros, el titular de la Semarnat al declarar: “Desde el punto de vista ambiental, eliminar subsidios a combustibles es una medida eficiente para combatir el Cambio Climático [sic]” o el presidente del PRI, quien respaldó la decisión de poner fin a los precios “artificiales” de los combustibles. Y qué decir del titular de la SHCP, para quien prácticamente estamos en jauja, pues nuestra gasolina cuesta la mitad de lo que vale en otros países, argumento que distorsiona y descontextualiza la verdadera realidad, o su homólogo de Energía que nos recomienda “acostumbrarnos” a que los precios de gasolina y electricidad cambien por ser “un bien en el mercado”. Así las cosas, de nada servirán bloqueos, plantones y recolecta de firmas a los que convocan los partidos de oposición y mucho menos las comparecencias de los titulares de Hacienda o de Energía ante los legisladores, si estos últimos fueron aviesos coautores de nuestro desastre al haber aprobado dicha reforma en 2013. El daño económico y social es irreversible.

Una vez más las políticas instrumentadas en materia económica han fracasado estrepitosamente. México ha transitado de haber sido una de las diez más importantes economías productoras de petróleo en el mundo a ser una nación lamentable y patéticamente dependiente de la importación de combustibles fósiles, porque nuestra mayor desgracia es que, a pesar de ser aún poseedores de envidiables reservas petrolíferas, fuimos incapaces de lograr un mínimo desarrollo industrial y hoy las hemos entregado descarnadamente a los intereses exclusivos del gran capital, nacional y extranjero. El mismo al que el régimen cardenista expropió hace menos de 80 años. Por lo pronto y antes de que la “liberalización” de los precios sea un hecho formal, el desabasto se agudiza en toda la República al igual que amenazas y conatos de violencia contra gasolineras y presuntas ordeñas clandestinas de oleoductos. Diversos sectores de la sociedad, en particular industriales, alertan que no tardará el costo de la gasolina en llegar a los 30 pesos (aunque en Texas siga Pemex rematándola) y la “regionalización” de precios en 90 zonas agudiza la anárquica espiral especulativa, preconizando desaceleración, estancamiento y evidente inflación.

Así comienza 2017, año crucial que despunta aciago, ya que la estabilidad y seguridad de la nación penden de un hilo, no solo por riesgos internos y externos, sino porque el pueblo de México se sabe burlado, engañado y una vez más arteramente traicionado por sus representantes populares y mandatarios supremos.
bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli