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Sin Gafete

  • Isabel Arvide

  • Isabel Arvide
  • La utopia de Beltrones
  • ¿O cómo limpiar la política del dinero y la complicidad de criminales?

Millones de mexicanos no saben si los candidatos por los que van a votar están a salvo de complicidades criminales.  Esos mismos millones de mexicanos quieren saber.

Cuando se planteó la opción de que los candidatos de esta, madre de todas las elecciones, fuesen investigados por la PGR, una especie de carta de no antecedentes verificada, la señora procuradora Arely Gómez, se negó en seco.  Supongo que ya están más que atrasados con los temas que traen atorados.

Por lo tanto los candidatos a gobernadores, presidentes municipales y diputados locales se fueron en blanco.  Con la buena fe de quienes, partidos políticos, los postularon.

¿Ah pero cómo es que se hacen esas “elecciones internas” en esos partidos guiados por la “buena fe”?  Con compromisos.  Tanto entre quienes no fueron electos como con las llamadas “fuerzas vivas” locales.  Y ahí es donde entra el diablo.

A lo que debemos sumar la presencia de “candidatos opositores” que llevan la delantera o que pueden llevarla, que suman a los opositores al gobernador en turno, o incluso al mismo primer mandatario.  Son polos de atracción para todos.

Lo malo es que todos los candidatos, de todos los partidos, necesitan convencer al electorado.  Y, sobre todo en entidades donde hay verdadera competencia, no hablo obviamente de Hidalgo, por ejemplo, donde el candidato del PRI lleva una ventaja superior al 30 por ciento, creen que deben usar todos los recursos.

Están, pues, tan urgidos que todo aceptan.  Como si el fin, por impoluta que sea, pudiese justificar los medios.

Esto hace un caldo de cultivo muy propicio a que entren narcotraficantes, criminales, quienes les lavan dinero, sus socios, sus sicarios, a querer participar. Véase, no ir más lejos, lo que sucedió en Guerrero.  O, sigue sucediendo.

O en Michoacán donde le llegaron a la familia del gobernador, supongo que desde que era candidato.

Ahí es donde entra, con toda la fuerza, la decisión hasta un poco suicida de Manlio Fabio Beltrones. Porque una cosa era la necesidad de sumar, de sacar adelante los candidatos, de armar el punto de partida de las elecciones que es tener al “mejor candidato” contra muchas voluntades, y otra muy distinta estar dispuesto a “caminar” con criminales.

Cuando Beltrones fue gobernador de Sonora el poder criminal de los narcotraficantes apenas comenzaba, al menos como lo conocemos hoy, pero en esa zona era mayor que en resto del país.  Manlio los echó, con todas sus letras, los echó fuera de Sonora.  Por eso, porque combatió contra ellos, es que está hablando.

Y con el mazo dando.  Muy en su estilo pragmático e inmediato, confiable.  Hace mucho que Beltrones no cuida su rostro, no le importa llevarse todos los golpes a cambio de hacer las cosas bien.  Así, asumiendo los riesgos que otros no quieren enfrentar por imagen, comenzó en Tamaulipas donde la colusión criminal permea.

No conozco al candidato priistas, pero del panista he escuchado versiones creíbles muy desagradables,  muy públicas, desde que comenzó en la política.  Beltrones les supo mucho a los candidatos que echó a la calle.  Y de ahí, hasta donde tope porque ya empezó.

Todo se sabe en los pueblos chicos.

En el Sur, en Quintana Roo, la batalla de Beltrones, tan utópica, se dio en el ámbito de la participación de un presunto empresario del que existen suficientes indicios, sospechas, incluso averiguaciones abiertas, en la campaña del candidato del PRD-PAN Carlos Joaquín, a quien además, en el ámbito político comenzaron ya a señalar como “traidor”.

Este empresario hotelero, para el caso el nombre es irrelevante, tendría que estar ya en la cárcel.  Pero frente a la lentitud de las investigaciones a cargo de la PGR, el camino fue la denuncia formal, y en discursos oficiales, a partir de una investigación publicada en el diario Por Esto, el más leído, el más confiable en la región.

¿Qué sigue? Para el elector un camino todavía más difícil en la toma de decisiones, que tendrán que ser doblemente cuidadosas.  En el ámbito de las leyes, surge la urgencia de cambiar las actuales que no están limpiando las elecciones de criminales y/o complicidades con estos. Y en el terreno personal de los candidatos, ser muy puntillosos con la participación interesada de personas en sus campañas, por mucho dinero que puedan aportar.

Ya no hay espacio para estas complicidades.  O por lo menos, esto es lo que pretende Beltrones.

 

En Tuiter: @isabelarvide

Blog: EstadoMayor.mx