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Los Trescientos y Algunos Más..

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

Carlos González Gamio

  • Exposición de Marco Zamudio
  • Tres ejemplos de generosidad
  • Un día bien distinto

Fue ahí en la principal avenida que separa a las colonias Polanco de Anzures, en la galería Arte Contempla, donde el excelso artista hiperrealista Marco Zamudio presentó su más reciente obra. El evento fue para coleccionistas extranjeros pues alguien vio embelesado un cuadro de Zamudio en la embajada de México en Washington y le sugirió la idea de esta
exposición.

La galería está a unos metros de la que fuera la casona del general Plutarco Elías Calles y que después sería el Consejo de Promoción turística que presidió lustros el expresidente Miguel Alemán.

De eso platiqué en el evento con el apasionado de nuestra historia John Wilcox y con su guapa esposa Marion, quienes son además compradores compulsivos de arte contemporáneo mexicano, y consecuentemente me preguntaron sobre la nomenclatura de las calles de la zona, pues les llama la atención que entre una calle y otra a unos metros los nombres sean tan disímbolos como Sófocles y Mariano Escobedo. ¿Qué tiene que ver el filósofo griego con el General mexicano?

Así, como de filosofía griega soy bastante ignorante, le expliqué que Mariano Escobedo dio su nombre a una de las principales avenidas de esta megalópolis, que va de Tacuba a Chapultepec y continúa en el Circuito Interior. Mejía no alcanzó siquiera alguna mención, su culpa fue la
derrota.

En la Guerra de Tres Años, entre liberales y conservadores, 1257 1860, cuando las fuerzas de ambos ejércitos estaban prácticamente equilibradas, y el bando conservador dominaba la mayor parte del país, el general Tomas Mejía vino de la Sierra Gorda de Querétaro y varias veces ocupó el Estado.

Bajando desde Jalpan hasta el valle de la levítica ciudad, en esa ocasión, era Mejía extraordinario jinete gano batalla en la que fue perdidoso el general Mariano Escobedo.

Pudo haberlo ejecutado, porque así fue aquella sangrienta guerra, no lo hizo y lo dejó volver con su tropa. En 1867 con la Intervención Francesa, a la declinación del Imperio, el general Escobedo fue comandante y jefe; se volvieron la tropas de Juárez, cercaron la ciudad de Querétaro la última defensa de ese
emperador austriaco.

Apresado el general Mejía en la prisión fue visitado por el triunfador general Escobedo quien correspondiendo al favor que le hizo, ofreció al general Mejía armas y soldados para que regresaran a su reducto de la sierra gorda que fue dominada por él largos años.

Mejía rechazó la libertad y condicionó la fuga, para que también fueran con el general Miramontes y el derrotado
Maximiliano.

Cabe recordar que el general Mejía subió a caballo por la empinada escalera del Palacio de Gobierno en el centro de Querétaro, paso con su montura al salón principal abrió la ventana y desde ahí arengó al pueblo, tan excelente como jinete, como general ,Mejía sufrió en junio de 1867 el fusilamiento en el Cerro de las Campanas y su familia sufrió miseria y abandono, no así la de Miramón, que fue protegida por la corte de Viena, dejando su viuda Concha Lombardo una estupenda historia de sus acontecimientos, el diario escrito merece numerosa publicación.

Nobleza y generosidad de ambos generales mexicanos, ejemplo no frecuente de calidad humana lado positivo la terrible guerra civil que nos dividió.

En la costumbre de denostar al que perdió, no hay reconocimiento alguno para Maximiliano a la fructífera labor de los escasos tres años que estuvo entre nosotros, la abundancia de leyes y medidas protectoras del arte y la cultura.

Así, la versión oficial parte en dos buenos y malos, la historia tiene que ser imparcial y verdadera, de enseñanza obligatoria todavía hay quienes preguntan de Maximiliano, y responden que fue el que quemó los pies a Cuauhtémoc en la revolución.

Subsiste el temor post mortem, a Porfirio Díaz, fallecido en 1915, hace una centuria y aún hay temor de que vuelvan sus restos cuando hay que seguir su ejemplo pues, enemistado y perjudicado por Juárez, le mando hacer el Hemiciclo.

Nervo versificó: “Eres tú, mi señor, tú que soñando, estás en el Panteón de San Fernando, donde sigue junto a la Alameda como en el Centro Histórico.

Ignorancia inexcusable fracaso de los docentes inconformes, doctorados, en marchas de ocupación de espacios públicos que cobran por no dar clases y anarquía. Según hemos tratado de demostrar en ocasiones anteriores, el domingo es un día extraño en el cual la gente se comporta distinto, se viste distinto y hace las peores tonterías como organizar “pic-nics”, jugar golf y hacer largas colas para entrar
al cine.

Las anteriores actividades dominicales son inofensivas pero las hay también de gran peligrosidad. Por ejemplo, los jóvenes que no saben manejar pero el domingo consiguen prestada la contaminante camioneta de la oficina o la carcacha de algún amigo y se lanzan por las carreteras como locos llevando a toda la familia, a los vecinos y al perro. Los norteamericanos llaman “Sunday drivers” a estos peligrosos psicópatas domingueros que, frente a un volante inmerecido, son más mortíferos que una
pistola en manos de un niño.

Y desde este espacio, nuestras más sentidas condolencias a la familia Alemán por el sentido deceso de Jorge Alemán Velasco, un hombre de bien que siempre tuvo una palabra de aliento para quien la necesitara. Me queda el recuerdo de su apoyo con datos y fotografías y su tiempo para la publicación de mi primer libro “Nostalgia Dorada” editado en el año 1999- Descanse en paz.

Y hasta los próximos 300… y algunos más…