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Bazar de Cultura

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

  • Juan Amael VIzzuet Olvera
  • La Talavera poblana: un legado del Oriente

Cuando la investigadora Farzaneh Pirouz emprendió la búsqueda de la Talavera genuina, un arte que ya no recordaban los mismos pueblos que lo crearon, fue como si persiguiera un reino perdido. Una pista inesperada le reveló que aquel reino existía aún, muy lejos de la antigua Bagdad, en Puebla, México. En el Museo Franz Mayer, la doctora Pirouz descubrió la mejor colección de esta especialidad. Poco a poco empezó así a surgir y a consolidarse la idea de una exposición en el recinto del Centro Histórico.

– La herencia de Bagdad

La doctora Farzaneh Pirouz es una de las mayores eruditas en el influjo del arte islámico en otras culturas del mundo. “La biblioteca de Arcadia” y “De Bagdad a los alfareros de Puebla: un viaje de descubrimiento y conquista”, son algunas de sus obras. Su labor como curadora de la muestra “Talavera poblana. Pasado y presente” ha venido a recordarnos que en México hay una herencia cultural que llegó desde el mundo de “Las mil y una noches”.

Ese legado se manifiesta cada día, cuando pronunciamos las palabras “bazar”, “aldea”, “almohada”, “ojalá”, “alhaja”, “alfalfa”, “algarabía” o “alféizar”.

El arte de la Talavera, forma parte de esa herencia. Se originó en Bagdad y llegó a México a través de España. Con el transcurso de los siglos, dejó de cultivarse en el viejo mundo. En España, la Talavera quedó reducida a los “recuerdos” y “objetos de aeropuerto”, que se limitan a repetir los mismos modelos de siempre.

El director del Museo Franz Mayer, Héctor Rivero Borrell comenta que México ha sido el único país en el que nunca se rompió la continuidad de la Talavera: “Mantiene su vitalidad, su fuerza. En lo económico mantiene un papel muy importante”. La Talavera poblana recubre cocinas, cuartos de baño, fachadas, fuentes, patios y jardines. Resuelve con elegancia evocadora las funciones cotidianas, como la cocina, el aseo y la decoración. Constantemente se rejuvenece y renueva su estética.

Durante algún tiempo la doctora Farzaneh Pirouz estuvo inmersa en su investigación sobre la Talavera en el viejo mundo. Pero allá se desconocía que en Puebla ese arte seguía vigente y producía piezas funcionales para la vida cotidiana. En una breve charla para esta columna, la investigadora comenta que fue una amiga quien le preguntó si tenía noticia de la Talavera poblana: “Realmente fue una sorpresa, porque en Europa no saben que el arte de la Talavera se cultiva en Puebla. Queríamos hacer una exposición en Oxford, pero no se realizó, entonces terminé mi doctorado y luego tuve la oportunidad de conocer el Museo Franz Mayer, donde tienen la más grande colección de Talavera, y emprendí toda la investigación”.

La colección del Franz Mayer incluye  mil 632 piezas y cerca de 20 mil azulejos. En la institución que celebra sus tres décadas, la erudita iraní halló una veta inapreciable para su labor: “Hay personas que tienen colecciones particulares y también hay mucha Talavera en el Museo Bello y Zetina, de Puebla”.

– Del Medievo al Segundo
Imperio

La doctora Pirouz explica que en el país del norte había noticia de este arte: “En Estados Unidos se conoce y tenían unas exposiciones en Texas y en Nueva York. Pero empiezan con la influencia china, no comienzan con los orígenes de Oriente. Así que para mí fue realmente una oportunidad de investigar algo que nadie había hecho antes”.

Según el director del Franz Mayer, fue la propia investigadora quien “tocó la puerta” del museo, para continuar con su quehacer. El encuentro fue venturoso.

En la Talavera se han quedado plasmados los estilos decorativos y los retazos de la historia: el paisaje de la ciudad colonial, los guerreros prehispánicos, los caballeros moros, incluso los zuavos del Segundo Imperio con sus bombachos pantalones colorados y su bandera tricolor.

Los textos museográficos, preparados por la doctora Pirouz, narran el nacimiento de la Talavera en el arte islámico. Fueron los artífices del Islam quienes aquilataron primero que nadie el potencial que ofrecía el vidriado blanco de estaño como “lienzo” inigualable, sobre el que aplicaron el azul cobalto. Así crearon el esquema “azul y blanco”, siglos antes de que se convirtiera en símbolo de la porcelana china. También fueron aquellos artistas quienes dotaron a sus productos del brillo deslumbrante que rivaliza con el de las joyas.

El catedrático de Arte y Arquitectura Islámicos de la Universidad de Oxford, James Allan, investigó las aportaciones de los ceramistas del Oriente. Estableció que el vidriado estannífero —que se obtiene con estaño, plomo, sal y agua—revolucionó la historia de la cerámica. Fue una técnica que abrió posibilidades inéditas a las artes decorativas.

El arte de la Talavera llegó a la Península Ibérica durante la Edad Media y los españoles lo trajeron a la ciudad de Puebla; ahí adquirió una identidad propia. En 1635 se estableció un estricto reglamento, que garantizó el apego a las técnicas y por ende, la calidad óptima de la Talavera poblana.

En la segunda mitad del siglo XVI comenzó el comercio con las Filipinas, de donde llegaba la porcelana china con destino a España; una gran parte de la mercancía se quedaba, sin embargo, en la Nueva España. Las clases acaudaladas del reino le tomaron el gusto a los productos del Celeste Imperio y los artesanos de  Puebla tuvieron que emular los diseños que traía “el Galeón de Manila”, para que su industria sobreviviera. Se trata de un fenómeno que de cuando en cuando deben arrostrar los artesanos y
comerciantes.

Los poblanos no solamente salieron airosos del desafío, también reinterpretaron la estética china y la mezclaron con los influjos hispano-moriscos, italianos y mesoamericanos. Así surgió un estilo ecléctico de gran riqueza que conquistó el favor de los más exigentes.

Durante la era virreinal, Puebla era un punto estratégico para el comercio entre el Atlántico y el Pacífico. Entre 1650 y 1750 vivió su gran auge, hasta convertirse en la segunda ciudad del reino, solamente
detrás de México, la capital.

La doctora Pirouz ha realizado numerosos viajes a Puebla, así como a diferentes países. Descubrió que en la Bagdad de hoy ya no existe el arte de la Talavera, mientras que en España, como apuntamos al principio, no se hallan más que “suvenires” que sólo sirven como adornos.

La Talavera poblana en cambio resuelve necesidades prácticas. En las cocinas y cuartos de baño proporciona recubrimientos higiénicos que facilitan la limpieza cotidiana y que resisten estupendamente el paso del tiempo, a la vez que le confieren a los interiores un encanto inigualable.

En los recubrimientos externos, la Talavera ofrece las mismas ventajas, además de una duración prácticamente indefinida, que elimina la necesidad de renovar la pintura. El acabado, alegre y suntuoso, se ha vuelto un símbolo de la arquitectura colonial poblana. Puede apreciarse también en la famosa “Casa de los Azulejos”, de México, así como en numerosas cúpulas de iglesias.

– Cuatro meses para una pieza

Algunas personas se sorprenden por los precios que alcanza la genuina Talavera poblana, pero se debe al largo, laborioso y delicado proceso de fabricación, que en algunos casos  exige hasta 16 semanas para una pieza. La Talavera poblana no se quedó con los diseños tradicionales: produce nuevos estilos, que armonizan con las decoraciones modernistas. La exposición “Talavera poblana. Pasado y presente” incluye piezas diseñadas por los artistas plásticos de la actualidad, lo que confirma la vitalidad de este arte.

No ha sido un camino fácil, los artesanos han sufrido épocas de crisis y declive, hubo días en que la Talavera parecía destinada a la extinción. Por fortuna los esfuerzos para fortalecerla fructificaron. Sin embargo, requiere de todo el apoyo que se le pueda brindar.

“Talavera poblana. Pasado y presente” permanecerá abierta hasta el diez de julio en el Museo Franz Mayer, Plaza de la Santa Veracruz, avenida Hidalgo 45, muy cerca de la estación del metro Bellas Artes. El horario de visitas es de martes a viernes, de 10:00 a 17:00 horas; los sábados y domingos, de 10:00 a 19:00 horas. Hay descuentos para estudiantes, maestros y mayores de 60 años. Los menores de 12 años entran libremente.

Como parte de los esfuerzos en apoyo de la Talavera genuina, del 24 al 26 de junio se llevará a cabo una exposición y venta en las instalaciones del museo.