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Punto de Vista

  • Jesús Michel

Buscar vacaciones “extremas” parece ser una prioridad para los mexicanos. No les basta con Guerrero o Veracruz. Hay que ir al otro lado del mundo, al desierto, a Egipto para “disfrutar” los placeres del descanso.

Por supuesto que es condenable el asesinato, así, asesinato de connacionales que se encontraban en el lugar equivocado, a la hora equivocada y en el país equivocado.

No es la primera ocasión en que turistas mexicanos son agredidos. El 18 de marzo, un grupo, entre los que se encontraban 17 mexicanos, fue agredido en Túnez. En aquella ocasión no hubo muertos mexicanos, sí de otras nacionalidades. Hoy por desgracia tenemos que contabilizar al menos dos, sin que sea una cifra final. Y con el deseo de que no aumente el número.

Confusión en los comunicados. Porque los de las agencias internacionales ofrecen una información y las autoridades otra y las mexicanas son diferentes.

Unas señalan que el convoy de camiones 4×4 se desvió porque una de las pasajeras no podía resistir estar sin comer por la diabetes que padece. Otras revelan que el grupo estaba cenando cuando fue atacado.

Más allá de especulaciones y de responsabilidades, el aparato de inteligencia del Gobierno egipcio no merece aplausos. Confundir un convoy de cuatro camionetas debidamente identificadas con terroristas islamistas, conlleva al error. Y el error derrama sangre. Sangre de mexicanos, aunque sean de los que disfrutan de las “vacaciones extremas”.

La actuación del Gobierno de México ha sido y es acertada. Ojalá y el hecho no se repita, sin que ello devuelva la vida a los asesinados.

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