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Los Trescientos y Algunos Más

  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

  • Carlos González Gamnio
  • Una Ciudad de México entrañable
  • Bienvenido dios Tlaloc
  • Los juicios orales, un hito

Después del caos surgido por el comienzo de las lluvias veraniegas, al fin pude llegar a los terrenos de la UNAM para participar en la mesa redonda que con el tema de la ciudad de México y sus perspectivas que encabezó el erudito investigador Enrique Gamboa Cano, y en la que participaron Héctor Florescano, Hilda Cortez, Fernando Núñez y Alba Carstells.

Comenté a una pregunta del organizador del evento que la ciudad de México me parece hoy como una casa vacía… tan vacía como lo es un hotel lleno. Esos cientos de personas que deambulan por un hotel lleno no se conocen, no se saludan, no se identifican, están imbuidas en sus propios pensamientos, en sus problemas y ellas solas los resolverán.

Lo mismo ocurre con nuestra ciudad. Ya somos tantos que nos sentimos agredidos por los demás, y por extraños mecanismos de autodefensa nos hemos vuelto huraños y desconfiados. “Fríos y calculadores”, desprovistos de bondad.

Nos hemos tornado iguales a aquellos que pueblan un hotel lleno; insensibles y carentes del calor humano. Pero antes no fue así. Los habitantes de esta ciudad fuimos amables, su gente entregaba con amabilidad los buenos días y regalábamos con afecto la mejor de nuestras sonrisas. Las buenas costumbres del capitalino eran manifiestas, y lo que ocurría en sus barrios y colonias iba conformando cotidianamente la historia de la propia ciudad y sus moradores.

¡Cuántos recuerdos guardo en mi corazón íntimamente ligados a las más de seis décadas vividas en esta gran urbe!… Recuerdos que duermen en mi memoria. Algunos apacibles y tranquilos como el sueño de los niños y otros inquietos, pasionales, insidiosos, crueles… duermen. Están allí, guardados, y si no los evoco, no los llamo, quizá se queden en ese rincón, en el lecho de mi memoria, en el sueño.

Y así incluí en mi breve perorata algunas recordaciones de nuestra ciudad -hoy tan vituperada- y de quienes la animaron en épocas anteriores, algunas historias breves pero significativas. El porqué de estas expresiones nuestras, a qué se deben algunas circunstancias que nos caracterizan, el porqué de determinadas costumbres surgidas a través del tiempo y el porqué somos como somos y a nadie nos
parecemos.

Rescatar del olvido ciertos hechos que dieron identidad a la ciudad y a nosotros mismos ha sido una grata tareas, porque, después de todo, “recordar las dulces horas del ayer es volver a vivir aquel amor de antaño”. La Ciudad de México, edificada sobre un lago, cuyo emblema, prosperidad, auge y leyenda, fue agua, ¿dejará de ser una casa vacía?, ¿Tan vacía como lo es un hotel lleno? Dependerá de sus habitantes.

Desde siempre, el mundo la historia y la vida han estado vinculados con el agua. En la Biblia, después del Diluvio Universal, El Arca de Noé que salvó un ejemplar de cada especie. Moisés salvado de bebé de la cuna de las aguas del Nilo. La Mesopotamia en los ríos Éufrates y Tigris, donde estaban los Jardines Colgantes de Babilonia y Nínive.

Roma con el Río Tíbet que fue caudaloso. Washington ciudad previamente planeada está en la orilla del Río Potomac. Londres capital del Imperio Británico, a orilla del Río Támesis. París famosa por los ríos Sena y sus Puentes repletos de historia. Madrid con el Río Manzanares.

Cuando México en una Laguna y Guadalajara en un llano, nuestra capital estuvo cruzada por múltiples ríos que bajaban del Ajusco y de las montañas de Puebla, hoy lamentablemente cegadas convertidos en avenidas de tránsito
congestionado sobresaturados.

El lago de Texcoco fue navegable desde los primeros tiempos hubo barcos para ir del embarcadero de San Lázaro al Reino de Nezahualcóyotl. Nos quedan las lagunas de Chapala, de Catemaco, del Nevado de Toluca, de agua de mar en más de tres mil kilómetros de desembocadura del Río Bravo, que enmarca la Frontera de los vecinos del Norte y desemboca de Matamoros a Yucatán en el Golfo de México, el Mar de Cortés, las Californias.

De ahí, el abogado e historiador Gamboa se dirigía a dar algunas charlas a su aula sobre los inminentes juicios orales, uno de cuyos máximos impulsores es nuestro brillante Presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México Edgar Elías Azhar. El eminente jurisconsulto ha modernizado en los dos períodos anteriores que lo dirigido los procesos de tribunal, y agilizado la manera de administrar la justicia.

Ello me recuerda los históricos juicios orales de antaño, entre abogados tan célebres como Querido Moheno, Víctor Velázquez y tantos otros que fueron célebres. Un hito en la historia de esta ciudad…
Y hasta los próximos 300… y… algunos más…