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  • Los Trescientos: Carlos González Gamio

Carlos González Gamio

Entre mayor cultura tiene un pueblo, es más difícil que florezcan la miseria y la violencia en su seno. Sobre ello reflexionaba durante la exposición que Jacobo Cojab y la guapa Beatriz Goldberg organizaron en su flamante galería, en una bella mansión victoriana de las Lomas de Chapultepec, durante algunos días pasados.

Impresionante obra pictórica la del artista cubano Roilan Díaz Carrodegua, émulo del inmortal pintor caribeño Wifredo Lamm, de la que disfrutamos un centenar de selectos invitados, quienes gozaron de mojitos y suculentos manjares de diversas latitudes, además de regios vinos de lejanas procedencias.

Muchas más sorpresas nos tienen deparadas ese par de amantes del arte, que han incursionado después de muchos años de experiencia ahora con este nuevo proyecto.

Entre la concurrencia saludé a Luis Carlos Otero Pesado, Gloria Díaz, Mario Pelizza, Ema Araujo, el fino escultor Antonio Hagembeck, Melissa Paterson, José Alberto Armera, Kitzia Poniatowska, Andrés Blastein, uno de los más reputados coleccionistas de México, Margarita Segura, Verónica Solórzano y muchos invitados más…

Ahí platiqué con un descendiente de Teodoro Amerlinck, quien fue presidente del Consejo de Administración de la Latinoamericana Seguros, quien de decía que la Torre Latinoamericana pudo haber sido construida en el terreno que actualmente ocupa El Universal, en la calle de Bucareli. También que, en un principio, el proyecto del segundo rascacielos de la República Mexicana –el primero surgió en 1940 con el edificio de Seguros La Nacional, de 10 pisos-, era de 27 pisos, pero Adolfo
Zeevaert Wiechers, jefe de ingeniería de la Latinoamericana Seguros, decidió aumentarlo a 40, y tras establecer los diferentes modos de vibración del edificio se permitió que la construcción creciera hasta quedar en 43 pisos y rematar con una antena de 44 metros… Así la torre Latinoamericana se convirtió en el edificio más alto, fuera de Rusia y Estados Unidos, el más alto del mundo en un centro histórico.

Finalmente, “la Latino” se construyó en la esquina considerada la más cara del país, en Madero y San Juan de Letrán.-entre 1948 y 1956- una esquina que ha sido clave en la historia de la Ciudad de México y punto de encuentro de todos los capitalinos. ¿Hubiera sido lo mismo si se hubiera edificado en Bucareli?… Puede que sí puede que no… quien sabe…

Ahora, me cuenta el erudito, tras más de medio siglo en operación la “Torre Latino” será restaurada, cambiará fachada e instalaciones, con lo cual sus dueños buscan que compita en el mercado de oficinas.

Incluso analizan la posibilidad de acondicionar algunos pisos del edificio ubicado en el obligo del centro, frente al palacio de las bellas artes, para uso habitacional.

“Planeamos dedicar más pisos al uso turístico, a las comunicaciones y quizá nos convenga hacer vivienda en ese lugar, que es el uso que más ha crecido en la ciudad”, afirma Rodrigo Amerlinck, presidente del consejo. Me aseveró que la estructura del inmueble está en buenas condiciones y funciona adecuadamente, aunque si requiere algunos cambios.

El paso de los años ha deteriorado al edificio, pero va a quedar fantástico. La torre opera bajo el régimen de condominio y la mayor parte pertenece a Inmobiliaria Torre Latinoamericana. Algunos pisos son propiedad de la aseguradora y otros de Carlos Slim, quien tiene ahí oficinas de Telcel y de Inbursa.

La inmobiliaria renta oficinas a dos emisoras de Radio Fórmula y una de Radio Centro, también son inquilinos consultorios médicos y despachos de abogados. Según analistas, una desventaja del edificio es no tener estacionamiento propio, pero se planea comprar un terreno cercano y acondicionarlo para coches de sus inquilinos. Incluso se planea construir un túnel que conecte al estacionamiento de bellas artes, que agregaría mil cajones…Pero les platicaré más en los próximos 300… y… algunos más…