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  • Letras al minuto: Sonia Silva Rosas

Porque los políticos pasan, pero los poetas quedan:

 

Nicanor Parra
Hacer periodismo narrativo no es algo fácil, aunque –a decir verdad- la mayoría de los periodistas y escritores “consagrados” opinan puntos de vista desagradables del periodismo narrativo. Ambos, escritores y periodistas, describen al periodismo narrativo como un monstruo de dos cabezas, sin embargo, debemos decirles que ese monstruo es poderoso y que, además de cumplir con las reglas de ambos juegos, el periodismo narrativo motiva a quien lo lee a realmente terminar de leer lo que el periodista le comparte.

También es necesario señalar que entre la crónica y el periodismo narrativo la línea apenas puede distinguirse. Cuando uno lee “Buscando a Nicanor”, de Leila Guerreiro, uno puede pensar -en un inicio- que estamos frente a una Crónica; sin embargo, conforme avanzamos con la lectura nos damos cuenta de que existen elementos del Periodismo Narrativo.

El texto de Guerreiro nos describe de una manera exquisita el viaje y su arribo a ese punto en el que transcurren los días del antipoeta más querido y admirado por muchos (yo entre ese montón de seres). Las descripciones de Leila nos llevan de la mano a la casa de Nicanor, pero nos advierte: es fácil llegar a su casa, pero es difícil llegar a él. Después, la periodista nos describe a Nicanor: el color blanco sulfúrico de su cabello, su barba crecida, sus patillas. La descripción de Leila llega, incluso, a describirnos la cara del Poeta: “no tiene arrugas, sólo surcos en una cara que parece hecha con cosas de la tierra
(rocas, ramas)”.

Llaman también la atención de Leila, las manos de Nicanor: bronceadas, sin manchas ni pliegues, como dos raíces pulidas por el agua. La descripción alcanza a los ojos, la forma de mirar del poeta; la manera en que ríe y cómo afina la voz. También leemos cómo es esa parte de la casa de Nicanor en la que se desarrolla la historia.

Afirma Roberto Herrschert que el periodismo narrativo es capaz de hacer algo más que transmitir la voz y el punto de vista del narrador. Puede llevarnos a las voces, las lógicas, las sensibilidades y los puntos de vista de los otros. En este sentido, Leila nos comenta que a Nicanor Parra no suele dar entrevistas y que las preguntas directas lo disgustan bastante, “de modo que una conversación con él está sometida a una deriva incierta, con tópicos que repite y a los que arriba con cualquier excusa. Asimismo, nos comparte que, durante las pocas entrevistas que el poeta acepta dar, se escuchan muchas voces de su mundo al mismo tiempo: sus nietos, el “Código de Manú”, el “Tao Te King”, Neruda.
DE FUENTES Y DECLARACIONES, A PERSONAJES
Y DIÁLOGOS:

“Buscando a Nicanor” es un texto que brinda una descripción de espacios y del personaje central del reportaje: Nicanor Parra. Es un texto que combina la descripción con el diálogo entre Leila y el poeta. Para la periodista es importante todo lo que el Poeta pueda decirle: vivencias, recuerdos, su familia, su obra.

A partir de una de las declaraciones que hace Nicanor en torno a su oficio de escritor, Leila comenta que Parra anota cosas que dicen sus nietos, o Rosita Avendaño, que cocina y limpia su casa. A partir de este ejercicio del Poeta, ése de anotar todo lo que escucha a su alrededor, de personas queridas por él, el Poeta le comenta a Leila que le interesan las frases de quienes viven pero no existen en realidad. Y en el diálogo entre el poeta y la periodista se deja entrever la historia de cuando él visitó la India, y nos dice que ahí, en ese místico lugar, “hasta los niños ven como cocodrilos”. Tal vez, sin quererlo, el poeta hace una distinción entre la forma de mirar de Occidente y la forma de mirar del Oriente.

La narración de Leila nos lleva a saltar de un espacio a otro: de la casa de Nicanor al Oriente y sus niños con mirada de cocodrilo; de la India a la infancia de Parra y, de esos días de niñez del tejedor de versos, nos lleva a la historia de uno de los poetas que es considerado uno de los más importantes de la Poesía. Durante ese viaje por uno de los pasajes de la bitácora personal de Nicanor, nos enteramos de que la infancia de Nicanor estuvo repleta de privaciones y de mudanzas; hubo falta de dinero y peleas entre sus padres. El poeta es poeta desde niño y, a los dieciséis o diecisiete, se mudó a Santiago solo. Nicanor estudió matemáticas y física en la Universidad
de Chile.

Encontramos poemas de Nicanor durante la narración, durante la entrevista y, por ende, sabemos que hay metáforas, imágenes, ritmo y absolutamente nada de rima, pues recordemos que la Poesía de Nicanor Parra es antipoesía, no se ajusta a las normas del verso. Él mismo afirma que sus poemas no tienen ninfas ni princesas ni tritones, y explica que utiliza un lenguaje en apariencia simple, pero con un tratamiento muy sofisticado:

“Ni muy listo ni tonto de remate / fui lo que fui: una mezcla / de vinagre y de aceite de comer/ ¡Un embutido de ángel
y bestia!”.

El texto que Leila nos presenta tiene, también, un cierto ritmo que nos va llevando, paso a pasito, de un fragmento de la historia de Nicanor a otra. Plasma no sólo con anécdotas de historia que giran en torno a la vida del autor, sino también con fragmentos de la historia misma, el espíritu
revolucionario del poeta chileno.
Nos leemos la próxima semana

dsoniasilva@hotmail.com