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  • Acordanza: Tere Ponce De León

 

 

Henri de Châtillon, con Armando Valdés Peza y Ramón Valdiosera fueron los tres diseñadores de moda más famosos del México de Miguel Alemán y de Adolfo Ruiz Cortines… Todas las mujeres que deseaban más que estar a la moda, “ir vestidas por diseñador” no acudían a las boutiques francesas de Dior, Coco Channel o Balenciaga, avecindados en París, sino que en nuestro país acudían a los elegantes talleres de estos tres diseñadores… Hoy recordaré a Henri de Châtillon, uno de cuyos vestidos de gala aparece en esa extraordinaria muestra del atavío mexicano que con el título “El arte de la indumentaria y la moda en México” se exhibe gratuitamente desde el pasado 4 de mayo en el Palacio de Iturbide de las calles de Madero de esta ciudad, y que permanecerá abierta hasta el 15 de agosto. En ésta llama la atención el vestido de gran gala en pedrería y shangtung de seda color verde nilo, que ocupa un exhibidor con dos creaciones más: una de Armando Mafud y otra de Pedro Loredo… Y fue Nina Menocal de Rocha quien me recordó la vida y personalidad de este europeo que se hacía llamar Henri de Châtillon, al enviarme la foto del vestido que le compro su entonces novio Joel Rocha y un interesante artículo de este diseñador escrito en francés por Gerard Fntaine… Châtillon es el nombre de una de las más viejas dinastías de Europa que recuerda al feroz caballero Reinaldo de Châtillon (c.1125 – 4 de julio de 1187) que participó en la Segunda Cruzada y permaneció en Tierra Santa tras el fracaso de ésta. Reinaldo fue príncipe de Antioquía de 1153 a 1160, gracias a su matrimonio con Constanza de Antioquía, la heredera del principado. Más que cruzado, Reinaldo fue un caballero pirata… El escenario de sus fechorías fue Medio Oriente, hasta que Saladino lo pudo atrapar y decapitar… Pero ya me desvié de la historia… Al leerlo la carta de Nina, recordé a mi madre Margarita Torres de Ponce, quien le compraba sombreros a Henri y llegaba a casa con una gran caja de cartón sonrosado y negro, con una corona ducal como antecedente el nombre del diseñador… ¿Será en verdad hijo de reyes, un duque francés auténtico? -preguntaba a mi madre ingenuamente… Y ella respondía: “caras vemos, títulos no sabemos”… En los años cincuenta, en México, ser europeo con título nobiliario, aunque fuera falso, (como resultó el del famoso estafador que se hizo pasar por el príncipe Hohenzollern y engañó a toda la sociedad -anécdota que llevó a Luis Spota a escribir su novela Casi el Paraíso-), era una puerta grande de entrada a la sociedad más ricachona de entonces, la que se bajó del caballo y se subió en los cadillacs… Volviendo a Châtillon, de él se cuentan dos anécdotas, la primera corresponde a un listón… Una de sus clientes le pidió que le hiciera un sombrero de raso para una ceremonia de boda… Henri, tomó un listón y con gran arte, se lo enrolló en la cabeza. Luego, le pasó la abultada cuenta… Al ver la cifra, a la señora en cuestión se le hizo demasiado elevado el precio por “un listón” y así lo hizo saber al diseñador… Éste, ni tardo ni perezoso le desenredó el listón y le dijo: “yo cobro por mi arte, y a usted le regalo el listón”… La segunda anécdota es la que se refiere a una declaración con respecto a la elegancia de las mujeres mexicanas. Dicen que dijo textualmente: “Las mexicanas nunca serán elegantes, son muy nalgonas”… El escritor Gerard Fontaine descubre aspectos de la vida de Châtillon, inéditos aún para conocedoras de la moda tan profundas como Ana Fusoni. ¿Quién era este hombre que vistió a personalidades de Hollywood, Nueva York y México, como Joan Crawford, Rita Hayworth, Miroslav Stern y María Félix; que fue pintado por Diego Rivera en un cuadro de grandes proporciones donde el “sombrerero” de frente a un espejo se está probando sombreros de mujer, mientras aparecen en primer plano numerosos y pequeños sombreros femeninos?… Y responde Fontaine: “Un hombre a la vez fascinante y misterioso. Detrás de su nombre oficial de costurero -Henri de Châtillon – en la corona ducal conque él adornaba sus tarjetas de visita, se escondía un joven franco-escocés que se reivindicaba francés pero que algunos consideraban inglés, ya que su nombre verdadero e indiscutible fue Henri Hutchinson… La alta costura obliga. Henri se declaró francés y parisiense, pues en esa época era indispensable o casi en el mundo de la moda, con tarjetas de visita que llevaban coronas ducales, lo que podía ayudar. De hecho, Henri Hutchinson nació en 1906 en alguna parte de Inglaterra, de padre escocés y de una madre originaria de Épinal, en los Vosgos… Su madre regresó a Francia antes de la primera guerra mundial con el pequeño Henri, y se vuelve a casar, esta vez con un francés… No se sabe gran cosa de los primeros pasos del joven Henri en el mundo de la alta costura, y cómo nació su pasión por la sombrerería… Pero muy pronto se forja un lugar y una reputación en París”. Fontaine continúa: “Pronto, gracias al éxito y la notoriedad, Henri pudo comprarse una bella propiedad campestre en Jouy-en-Josas, y es allí donde nació hacia 1935 o 1936 el pseudónimo que lo hará célebre. En efecto, cada vez que el salía o entraba de París lo hacía por la Puerta de Châtillon; bello nombre para un representante de la alta sombrerería, ¿no creen? … Después de haber firmado durante algún tiempo como Henri Hutchinson de Châtillon, se volvió Henri de Châtillon”, de esta manera se rebautizó y se volvió totalmente parisiense”… Pero el destino le tenía preparado otro país donde triunfar… Al estallar la Segunda Guerra Mundial y cuando los nazis invaden París en 1940, Henri huyó primero a Canadá y luego a Nueva York, donde conoce a Dalí, pero ya traía en la mira instalarse en un país de Sudamérica… Vino a México de turista por una semana y se quedó a vivir toda su vida… Aquí fue diseñador de modas, diseñador de vestuario teatral y cinematográfico, y sombrerero… Vistió a las grandes damas de los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta hasta que una hemiplejía lo imposibilitó de seguir trabajando… Y con su leyenda de costurero creció la leyenda de ser descendiente de testas coronadas, pues el apellido “Châtillon” así lo demostraba… Otra gran pintora, María Izquierdo le hizo un retrato al que intituló “El turista”…