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  • Arte y Academia: Ana María Longgi

¿Es verdad que las obras de arte que perduran históricamente se tratan en realidad de nacimientos espirituales? Por favor, háblame de esos “hijos” tuyos nacidos de los metales, de las resinas, de los cinceles y los estiques, le preguntamos a Sergio Peraza, para extraer de él las sinceras y entusiastas respuestas que tanto nos agradan…

“Con gusto Ana María. Porque mira, si lo analizamos retrospectivamente, debo confesarte que dejé algunas obras sin terminar. Haya sido las urgencias, por cosas inesperadas, por viajes y cosas de esas. Pero, una vez que he retornado a ellas, me he percatado porqué se quedaron a medio camino. Sucediendo que muchas de ellas, no solo me sugieren conceptos muy distintos, sino que incluso me sonríen con gran entusiasmo, porque aparte de ponerme a estudiar apuntes y bocetos me dictan una solución estética muy distinta a la anterior. Por esto y mediante estas experiencias, juzgo importantísimo no descuidar los datos recogidas mediante dibujos y apuntes, porque finalmente todo es utilizable e importante, ya que es ahí donde descubro que me fascina encontrar a esos hijos míos que esperan su crecimiento”

Sergio, háblame también de las aventuras que has transcurrido con algunos de esos “hijos”. Ya qué me atrevería a asegurarlo-, que algunos hasta te han quitado el sueño.

“Efectivamente, expresa Sergio con su bello semblante. Por ejemplo, en el año 2000, recibí en mi taller, nada menos que al famoso arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma. Haciéndome ver el tan distinguido personaje, que unas esculturas que yo había hecho como quien dice -jugando-, sobre el tema de mi perro Xoloescuintli, estaban muy interesantes, sugiriéndome terminarlas. Y como seguí su valioso consejo al pie de la letra, me fue muy bien, ya que continuativamente el doctor Matos, me invitó a que las exhibiéramos en el Museo del Templo Mayor, mediante una exposición individual, en la cual me puse a trabajar con un entusiasmo que yo mismo no me conocía”.
EL MILAGRO DE “STELLA MARIS”

La segunda aventura que te voy a contar y que sí me quitó el sueño largas noches, fue la realización de la escultura más alta que he hecho hasta ahora: “Stella Maris”, edificada sobre el mar, en Ciudad del Carmen, Campeche. Fueron dos años de sumar esfuerzos, de lidiar contra la adversidad y el tiempo para alcanzar el objetivo deseado, de un monumento que hoy por hoy solo me ha dado alegrías y reconocimientos. Y como tú ya la habrás analizado, se trata de una madre, que es nada menos que nuestra Madre María, elaborada sobre un pedestal de 12 metros de altura y a cuyo trabajo escultural, se agregan otros 12 metros más. ¿Y qué más decir? Que toda la pieza suma, con toda y su aureola de acero inoxidable más de 27 metros de altura y 15 toneladas de bronce más la estructura general que le da el necesario soporte que necesita para alcanzar la debida estabilidad dentro de un terreno arenoso como es el marino. Luego entonces “Stella Maris”, se ha mantenido milagrosamente, sosteniéndose con un peso mayor a las 120 toneladas. Y como tu comprenderás, constituyó toda una proeza, ya que fue necesario habilitarlo con cimientes muy específicos y estables. Y ahí, en verdad-verdad, se conjugaron la ingeniería marítima, con la creatividad artística, pero el caso es que Madre María, se mantiene firme.
AMASÓ BARRO A LOS 12

Y los recuerdos con don Humberto (qpd, mayo 2016) continúan. Sergio, de casi 50, (aunque luce de treinta y algo), va caminando por este texto con sus recuerdos: “Con casi 12, Ana María, mi papá me ponía a “amasar” el barro, y allí se me iba el día, tratando de hacer figuritas y de mover las manos como yo veía que él lo hacía. Esos movimientos de eran magistrales, como cuando ves a un director de orquesta, o a una bailaora de flamenco expresar con gran elegancia sus emociones. A veces lo ejecutaba con fuerza y rapidez y otras, de manera gestual tan delicada, como un beso… Y es que las manos transmiten tanto… y tan sinceramente, que tuvieron que transcurrir muchos años adultos, para que yo modelara una escultura. Tanto así, que alguien hasta se animó a tomarme un video en close-up, de mis manos experimentando, que ambas, en acción, me recordaban también aquellos días de mi infancia, cuando yo “espiaba” a mi papá en su taller.

“Así, tanto mis manos como mis neurotransmisores aprendimos a comprender el enorme placer de transportar aquella gozosa energía gestual, en música, armonía, amor, y determinaciones imparables. Porque de manera natural, estaba yo conectado al alto grado de profesionalismo de un escultor clásico. Pero mira Ana María, no eran “chambas” de taller solamente, sino mi encuentro con mucha teoría. Recuerdo que cuando mi papá iba a dar una rueda de prensa o conferencia, se preparaba a fondo. Tenía una pequeña grabadora, para ordenar sus ideas. Pedía que no se le interrumpiera y hablaba y hablaba. Y bueno, yo solía cambiarle baterías o micro-cassetes, y cuando algo se le olvidaba yo me apresuraba a investigarle fechas o datos históricos. Y si en el camino preguntaba: ¿En qué me quedé? Yo me apresuraba a responderle. Debo decirte también, que aunque por aquel tiempo cursaba Primaria, lo “genio” de Don Humberto, se me pegaba de tal manera eficientemente, que fácilmente, en mi medio escolar, me soltaba hablando de los etruscos, las Cuevas de Altamira o de Federico García Lorca, y todo ello, gracias a mi padre, quien constantemente conferenciaba sobre arte universal siendo mi labor de entonces, buscarle los datos complementarios que necesitaba en sus libros de lectura y modelaje… ¡Qué herencia me dejó!”.
SERGIO Y SUS OBRAS SUBMARINAS

El joven escultor Sergio Peraza, responde planteamientos sobre su vida actual: Sergio -volvemos a abordarlo-: ¿Cómo vives tu arte escultórico? ¿Cuáles son tus proyectos?

“Ahora a mis casi 50, aprecio con toda mi alma tener tiempo para modelar. Con el modelaje, Ana María,, te abstraes del mundo exterior y sus problemas. Modelar es una de mis pasiones, más que dibujar. Porque cuando con tus manos le estás dando forma a una figura, estás viviendo componiendo logrando una especie de sinfonía sólida. Y es algo que se afina cada vez más con la experiencia de los años. Y todo ese amor al oficio, se lo debo a mi padre, quien sin que me lo explicara con palabras, me permitió compartir su hermoso mundo artístico, mediante la práctica constante de la observación.

“No obstante, otra de sus labores consistía en explicarme con riguroso detalle, como si se tratara de un asistente más de su taller. Yo no era el único. Pero sí creo que los genes y mi determinación, me hicieron aprenderle a Don Humberto de manera más especial. Hoy -me atrevo a apreciarlo así, dentro de mi profesionalidad como escultor. Un creador que en ratos también se propone, conformar no solo obras de caballete sino estatuas monumentales como es el caso de mi “Virgen del Carmen”, sobre el mar de Campeche (StellaMaris 26 mts. altura sobre el nivel del mar y realizada en 2014); o mis esculturas submarinas (Sylvia Earle y Ramón Bravo 2014-2015 Cozumel Q. Roo 10 mts. bajo el nivel mar), entre otros proyectos y realizaciones que me han permitido aprender y continuar
aprendiendo.

“Ahora bien. En mi adolescencia, tuve intermitentes alejamientos del taller paterno. Viajé mucho con las ganancias de mis primeras ventas de esculturas y pinturas y conocí a otros maestros escultores fuera de México. Hice mi propio círculo de amistades, sin importar que eran mucho mayores que yo, como mi maestro y amigo Raúl Anguiano, con quien tuve el honor de compartir sus andamios ya que fui su ayudante dibujante y pintor, en tres murales (1998-2002). Mi papá siempre me apoyó en que yo viajara y tuviera mis propios logros y satisfacciones. Sobre todo, miró con ojos tiernos que yo tuviera mis fracasos, ya que estos, “nos otorgan también muy buenas enseñanzas”. Y la enseñanza, me sirvió también para independizarme del taller de mi padre y maestro, para poner el mío. No obstante, cuando él tenía carga de trabajo, no dudaba en reclutarme, y compartir con él, la responsabilidad de atender muchas expos a las que era invitado. Por fortuna, yo era aún muy joven -menos de 30-, actividad que no solo me dio una área más de aprendizaje sino incluso bien remunerado.

“Tanto así, que una vez el maestro Luis Nishizawa quien me inauguró una muestra mía en la galería Menache de la Zona Rosa, a mi regreso de Francia, me dijo: “Humberto Peraza debe sentirse muy contento, porque su hijo no solo es un talentoso escultor, sino que incluso heredará sus herramientas. Mismas que no se quedarán empolvadas sino que volverán a ser muy productivas en manos de su hijo Sergio”. Es decir, que para Nishizawa, como para cualquier artista plástico, eso es algo que importa mucho: Que con el paso de los años, los pinceles, cinceles, caballetes, martillos, gubias y demás, no caigan en manos equivocadas para ser devoradas por el óxido y el herrumbe. Ya que el saber que alguien de mucha confianza aprovechará tus herramientas o trastos, resulta un gran antídoto para esa melancolía. Don Luis, también fue mi maestro en la entonces ENAP, y le hice un busto de bronce, para el homenaje celebrado en el Museo que lleva su nombre en la ciudad de Toluca. Siempre le agradeceré al maestro Nishizawa, el haber reconocido siempre mi trabajo personal, honrándome no solo con su gran amistad, sino demostrándome que su amistad y aprecio eran valores por mi propio merecimiento -por mí mismo-, y no por ser hijo de un famoso escultor”.
HERRAMIENTAS DE
ANGUIANO Y SEBASTIÁN

“También tengo caballetes, pinceles y otros instrumentos que me heredó Raúl Anguiano. Yo les rindo honor y las honro con el mismo respeto y amor con las que empleo las numerosas que me donó mi papá. Yo también tengo mi propio abastecimiento y en el futuro pienso también entregar la estafeta, a quien la valore de todo corazón. Otro escultor que me dio también amistad y reconocimiento propio, fue Sebastián, de quién terceras personas me han comentado, que se expresa muy bien de mi trabajo. Con Sebastián, tuve exposiciones simultáneas el mismo día y hora, en el Jaime Torres Bodet, del Instituto Politécnico Nacional, 1998. Y bueno, mi sentir con el arte, ha cambiado con el tiempo. Antes yo trabajaba 50 y 50 por ciento, pintura y escultura. Y estaba más enfocado al fondo que a la forma. Les ponía títulos rimbombantes o literarios. Ya no pienso así. El arte para mí es “calma”, “equilibrio”. De lo que trato no es de encontrarme con la perfección, sino con otro tipo de respuestas que tienen que ver con la armonía. Porque así es. Busco armonías cálidas y no la vanidad de una academia perfecta pero fría… sin alma… sin mi propia alma.

“Actualmente hago una producción muy limitada. No hago muchas copias de un mismo modelo. Ya que es sencillo: Si tú haces un molde, puedes decirle a tu fundidor que te haga 15, 20 o 100 copias. Eso mejor no. Cada pieza la retoco y la hago a mano única. Hace un par de años hice un homenaje escultórico al poeta Octavio Paz (busto de 1 metro de altura. La idea original consistía en que la H. Cámara de Diputados, develara la pieza en una plaza pública de la Ciudad de México, y esto se ha aplazado por cuestiones políticas, pero no cesaré en mi empeño de que la obra dedicada a nuestro poeta quede debidamente instalada. La escultura está lista en mi taller. Es increíble que al poco tiempo del fallecimiento de Gabo, la Universidad de Colombia, hizo lo coherente con un homenaje e instalación de su efigie, y en que en México No, con nuestro Premio Nobel. Y bueno, actualmente estoy disfrutando más la vida con menos. Y si me lleva 5 o 10 años la preparación de una próxima
exposición… ¡pues que así sea!
Un beso… Y hasta la próxima charla…

anamarialongi@gmail.com