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33 mil 165 millones

  • Pablo Marentes

Pablo Marentes

Sin llamar a una conferencia de prensa el Banco de México informó con normalidad que durante el tiempo que transcurra entre el momento que se dieron a conocer los nombres de los candidatos y se publiquen los resultados de la elección, los billetes y monedas en circulación habrán crecido en un suma extra de 33 mil 165 millones de pesos. El banco no informa el destino final de ese enorme caudal adicional en monedas tintineantes o en billetes nuevos y crujientes en circulación. No es difícil imaginar que algunos millones de la sideral suma terminará en los bolsillos de los animadores del voto: los panegiristas de la democracia típica mexicana; y en el bolsillo de candidatos que, como les enseñaron sus colmilludos consejeros, habrán de cobrar por adelantado por sus servicios a sus electores y a la República pandemocrática.

El Instituto Nacional Electoral sí precisó que el Estado distribuyó directamente entre los partidos contendientes 2 mil 300 millones de pesos.

Los datos de circulación monetaria en tiempos electorales ratifican que la democracia mexicana está penetrada por la corrupción desde la raíz, para llegar a los tallos, sus hojas, sus retoños y sus frutos. Conviene repasar los últimos 16 años de gobiernos oaxaqueños, sonorenses y veracruzanos.

Antes de la Reforma Electoral Inglesa Cartistas de 1834 funcionaban los denominados Condados Podridos -therottenboroughs- que los pares del reino, desde sus cómodos asientos del Parlamento ponían a disposición de la élite política, religiosa y conservadora de Inglaterra para que colocaran esos votos seguros entre cualquiera de sus leales y discretos servidores a fin de que cualquiera de ellos encabezara el Gobierno parlamentario de su Británica Majestad. Todos los sistemas políticos han pasado por períodos largos de profunda podredumbre. La Inglaterra del siglo XIX quiso moderarla y lo logró. El proceso de depuración había comenzado con Oliver Cromwell quien le exigió a Carlos I de Inglaterra consultar con el Parlamento cualquier decisión relacionada con impuestos. Carlos se enfrentó a los Parlamentaristas, una formación constituida por habitantes de pequeños poblados cercanos a Londres. De entre ellos surgió Oliver Cromwell, un dirigente político experto jinete que, seguido de un buen contingente de hombres a caballo, derrotó al ejército del Rey. El Rey se entregó al ejército escocés. Concluyó la Guerra Civil. El parlamento británico sometió a juicio al Rey y fue decapitado.

Cromwell procedió a abolir la monarquía y a disminuir la influencia de los Lores: los soberbios y lejanos señores mandamases. Se inició la marcha hacia la democracia parlamentaria inglesa que desembocaría en el sistema bipartidista que sigue funcionando con eficacia.

Inglaterra ratifica día a día que los partidos de oposición no son grupos de derrotados. Son agrupaciones que en un Congreso, en un Parlamento revisan la gestión del Gobierno en turno, la critican, la adicionan y contribuyen a que las decisiones en lo esencial se adopten y se pongan en práctica. Peña Nieto, el presidente en turno, había logrado avanzar en un pacto que pudo haberse convertido en la clave de la democracia parlamentaria, congresional mexicana. Pero la oposición melindrosa, temerosa, se quedó corta. La oposición, toda, tendría que haber exigido al Gobierno en turno mantener la práctica de la confrontación y la crítica mediante la discusión en el Congreso Federal, en los congresos estatales y en los cabildos municipales. Peña Nieto había dado el paso. Los nación habrá de seguir observando los medrosos pasos que dan los pretendidos dirigentes.