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  • Gabriela Mora

La nueva norma ambiental

Hemos de referirnos a Tanya Müller, secretaria del Medio Ambiente de la CDMX, quien no se había cansado de decir por todos los medios que esta ciudad y aquello llamado megalópolis, se encontraban más que listos para instrumentar y operar un nuevo sistema pronto y eficaz para medir el grado de contaminación que emiten los más de 5 millones de vehículos que circulan en este Valle de lágrimas y su zona conurbada.

No podemos omitir por supuesto, dentro de esta primera semana de julio, el caos vehicular que han provocado, como siempre, los maestros disidentes y la concesión para que salgan a las calles y desquicien el ánimo de millones de citadinos pero, además, nos encontramos ahora con la ya conocida realidad de que los verificentros han sido inocultables nidos de corrupción y chanchullo en los que a cambio de módicas contribuciones cualquier ciudadano pudiese obtener el holograma que más se ajustara a sus intereses.

Sabemos de la ancestral tradición de alterar los registros a cambio de algunos billetes, hechos que han sido detectados y  denunciados reiteradamente en prácticamente todos los medios de difusión.

Pues bien, apenas a unas semanas de las nuevas medidas anunciadas tanto por el jefe de Gobierno de la actual Ciudad de México, como por  la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) federal y la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), se nos había  asegurado que  vendría una nueva época: mucho más rigor en la evaluación de los vehículos, supervisión de las fuentes de contaminación fijas como son industrias, talleres, y fábricas: con ello  el resultado, sería un medio ambiente mucho más limpio ya que nos librarían de los gases HC, CO, C02 y NOX: se daría lugar a un programa de acción climática y Proaire que permitiría a las viejas generaciones, tener menos enfermedades respiratorias y vivir un poco más y, a los recién nacidos de la Ciudad de México, un horizonte inigualable. “Será una ciudad mucho, mucho más limpia que permitirá crear mejor desarrollo para todos”, dijo Miguel Ángel Mancera.

Muy a pesar del anuncio de una nueva norma “emergente y temporal”, mediante la que se prohibiría rotundamente la circulación de vehículos contaminantes y no habría más “nubes de humo rodantes”, el programa sencillamente ha sido rebasado por la realidad y así, fácilmente, está visto que el programa no sirve.

Indudablemente el anuncio sonaba bonito: se trata de homologar programas de verificación en los seis Estados de la Megalópolis -Hidalgo, Morelos, Puebla, Tlaxcala, México y CDMX-, incorporando tanto a los vehículos de uso particular, como a los del servicio público; pero además los automóviles particulares modelo 2016 en adelante podrían quedar exentos de la verificación por cuatro años. Resultaba coherente aunque sin análisis ni estudios técnicos pero aparentemente había argumento, aunque no realidad.

A partir del uno de julio, todos salimos a las calles como había sido “planeado”: Bienvenida realidad. El innovador programa diseñado por las autoridades federales se vio superado desde el primer día, no se dieron los cambios anunciados por Pacchiano, comenzando porque únicamente los gobiernos de la CDMX y Edomex hicieron parte de la tarea, adquirieron tecnología, adecuaron verificentros para homologar criterios y se dijeron listos a principios de mes, cuando la Procuraduría Ambiental (Profepa) comenzó sus verificaciones y empezó a clausurar verificentros al encontrar equipos mal calibrados y poco confiables.

¿No podía la Profepa haber comenzado su labor semanas antes? Pues no, justo el uno de julio, lo que provocó que el 94 por ciento de los verificentros capitalinos -63 de 67-, cerraran sus operaciones en tanto se obtiene la certificación por calibración de dinamómetros –se dice que existen 20 laboratorios acreditados ante Profepa, para atender 447 verificentros en los seis Estados, eso se dice pero nadie los conoce-.

Y así, pese a los dichos del Sr. Secretario del Medio Ambiente, Rafael Pacchiano, el Estado de  Morelos por ejemplo, decidió no comprar la tecnología. Conclusión, una vez que los centros de verificación vehicular de la Ciudad y el Estado de México estén listos, y en tanto se deciden los demás Estados que conforman la Megalópolis,  los automovilistas del resto de las entidades del país habrán de verificar en estas metrópolis si quieren circular diario bajo los nuevos esquemas.

¿Y si en lugar de anunciar con bombo y platino el nuevo sistema se hubiera capacitado a los empleados para operar las nuevas tecnologías? ¿Y si se hubiera presionado y obligado al resto de los integrantes de la Megalópolis para entrarle “a como dé lugar”? ¿Y si ya se hubiera creado una nueva norma para realizar marchas, concentraciones, plantones y todo lo demás?

Incompetencia, negligencia o lo que sea: Evidentemente se trata de la falta de respeto a la ciudadanía que aún calla ante la opacidad y la demagogia de las autoridades. Un elemento más que agregar al fomento del mal humor social.
gamogui@hotmail.com