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  • Recopilaciones: Carlos Durón García

La muerte del papa Juan Pablo I (Albino Luciani) fue un caso ocurrido en la Ciudad del Vaticano el 28 de septiembre de 1978, apenas 33 días después de ser electo sucesor. de Pablo VI. El papa Pablo VI había fallecido en Castelgandolfo. El cónclave de agosto de 1978 se había realizado en orden, y salió electo el patriarca de Venecia Albino Luciani. Había participado junto con sus sucesores Karol Wojtyla (Juan Pablo II) y Joseph Ratzinger (Benedicto XVI). Su breve pontificado fue marcado por su cercanía humana hacia los fieles y su cálida simpatía, así como un sentido de humildad y dirección. A fines de septiembre, a sus 65 años, fue hallado sin vida en su cama del Palacio Apostólico por la hermana Vincenza. Desesperada, salió a avisar al secretario John Magee, quien constató la muerte y llamó a un cardenal. Acompañado por el médico, el cardenal examinó el cadáver y llamaron a los embalsamadores. El comunicado oficial informó que falleció de un infarto. Su sucesor sería polaco, el cardenal Wojtyla. Dicho comunicado reza:”Esta mañana, 29 de septiembre de 1978, alrededor de las 5:30 a.m., el secretario particular del papa, sin haberle encontrado en la capilla como es su costumbre, le buscó en su habitación y le ha encontrado muerto en la cama, con la luz prendida, como si todavía leyese. El médico Renato Buzzonetti, que acudió inmediatamente, ha constatado su muerte, acaecida probablemente hacia las 23:00 p.m. del día anterior a causa de un infarto agudo de miocardio”. Aunque muchos reputaron que no fue el secretario, sino Vicenza quien le vio sin vida. El recién difunto fue embalsamado, pero sin extraerle sangre ni extirparle las vísceras, mediante inyección de líquidos antipútridos. En cuanto a lo que “todavía leyese”, era sobre la reorganización y el cambio del poder en el Vaticano. Además, se afirma que la leve sonrisa con la que falleció no corresponde al dolor previo producido por un infarto. Luciani nunca pasó por una autopsia. Directamente, tuvo un funeral correspondiente al de un pontífice y está en las grutas vaticanas. Fue elevado a siervo de Dios, uno de los títulos previos a la canonización. En 2012, homenajearon a Luciani por su 100° cumpleaños. Entre las numerosas especulaciones en torno al deceso de Luciani hay muchas, algunos apuntan tanto a la CIA estadounidense como a la KGB sovíética. Igual con la masonería, afirmando que le mataron masones infiltrados en las altas esferas vaticanas, siendo también centro de especulación sobre su muerte, y otros aseguran que el pontífice fue envenenado. Teorías varias veces desmentidas y puestas en duda. Otros aseguran que todo tenía un transfondo económico, que la mafia italoamericana se valió de las instituciones financieras vaticanas para blanquear el dinero obtenido con acciones criminales. Algo del que recién consagrado pontífice mantenía serias sospechas.El teólogo tradicionalista Abbé Georges de Nantes pasó gran parte de su vida atendiendo el caso. Sus escritos entran en detalles sobre los bancos y sobre el supuesto descubrimiento de Luciani de una serie de sacerdotes masones en el Vaticano, junto con varios de sus reformas. En su libro Juan Pablo I: Caso abierto, el sacerdote y teólogo Jesús López Sáez sostiene la tesis de que Luciani sufrió un homicidio. Pero lo que parece estar claro, es que el supuesto crimen no iba en contra de la Iglesia católica, sino en contra del Estado de la Ciudad del Vaticano, al asesinar aljefe de Estado, más que al vicario de Cristo, Albino Luciani. Los informes sobre la salud de Juan Pablo I son muy discordantes. Antes de ser elegido, Luciani se presentó a una serie de cirugías, pero tenía un cuadro clínico positivo, aunque algunos no tanto; lo cierto es que en los años previos a su elección, su salud era bastante estable, y en caso de enfermedad o fragilidad, no se habría hecho su investidura papal, dado el importante esfuerzo requerido por dicha responsabilidad y su estado de salud. Familiares de Luciani no excluyen la teoría de muerte súbita. Años antes, al entonces cardenal Luciani se le encontró un coágulo de sangre en el ojo. Si ello hubiera parado en el corazón o los pulmones, habría muerto al instante, sin siquiera darse cuenta. En 1987, durante la emisión de Yellow, realizado por Enzo Tortora, uno de los secretarios privados del papa, Diego Lorenzi, afirmó que la tarde antes de su muerte, alrededor de las 18:30, Luciani recibió en audiencia privada al cardenal Villot, y que luego lo despidió a las 19:30. Al final de la audiencia, Luciani supuestamente le advirtió a Lorenzi que sentía “dolores y molestias en medio del pecho, con un fuerte peso y opresión”. La declaración provocó una gran controversia: En primer lugar, porque era el único testigo en decir esto, dado que todos los que habían interactuado con Luciani, hasta el momento en que se había retirado a sus habitaciones privadas, no habían dejado de resaltar la aparente buena salud.