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  • Desde el sexto sol: Rocío Sesma Verde

A todos nos gustan los regalos, siempre en nuestro cumpleaños, en la Navidad o porque sacamos buenas calificaciones en la escuela, todos hemos recibido esas gratificaciones y las hemos dado y a veces también, porque salimos delante de una enfermedad o un desafío, siempre hay alguien que nos da algo, desde una flor, chocolates o muchas otras cosas que nos hacen
felices.

Siempre damos regalos a otros y esperamos nuestros regalos, pero Dios en esos caminos secretos e inescrutables que tiene, además de darnos de regalos a nuestros hijos, amigos y familia, tuvo la inmensa generosidad de regalarnos a nuestras mascotas, para que con su ternura y amor, nos hagan muy felices.

Dios literalmente me regaló a “Goliat”, uno de esos días en los que no esperaba nada, como siempre sucede, cuando no lo esperas, pasa todo lo
extraordinario.

Hace 12 años, una gatita acompañaba la fila de todos los que íbamos a comulgar y llamó la atención de todos, incluso del sacerdote, pues llegaba hasta sus pies y ahí se quedaba, mientras él, daba la comunión.

Era muy bonita, blanca con mechas de colores café y amarillo y ojos esmeralda, pero estaba muy flaquita y comenzamos a llevarle leche y comida.

Todos la queríamos e hicimos una reunión para organizarnos y que
nunca le faltará comida.

A diario le llevé comida y en otra reunión, decidieron que lo mejor sería adoptarla y me escogieron a mí y feliz me la llevé a casa y pronto empezó a engordar. No sospeché nada. Me hacía feliz verla engordar y sentirse amada y protegida.

Un día llegué a casa y estaba en trabajo de parto, hasta ese momento supe que estaba preñada. Esa noche, me regaló a “Belén Pingüina” y a “Goliat”.

“Goliat” llegó a mi vida, sin esperarlo, como un fabuloso siamés tierno, alegre y travieso y junto a Belén, de raza tigrina, se convirtieron en mis compañeritos de vida y aventura.

Este Domingo 17, partió, abrazado a mí, y en su último esfuerzo de vida, me ronroneó y me regaló la mirada de amor más inesperada.

“Goliat” representó el amor más incondicional que todos los que tenemos un perro, un gato, un conejo o hasta un puerquito en casa, conocemos y que Dios nos lo regala para ayudarnos a avanzar en la vida con más alegría.

Un compañerito de vida, es algo que todos nos debemos atrever a vivir, la vida nunca será igual, será un regalo inolvidable de la bondad divina.

@RocíoSesma

soldesoles20@hotmail.com