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  • Recopilaciones: Carlos Durón García

“La Quebrada” es un acantilado de 45 metros de altura, situado en el puerto de Acapulco, Guerrero, en el sur de México. Allí se hacen desde 1934 los famosos clavados realizados por jóvenes del puerto que en ocasiones lo escalan con una antorcha encendida. Su peligro radica en que el clavadista debe calcular el momento en que la ola haga que el nivel del mar sea más alto, ya que de lo contrario sería una muerte segura debido al impacto contra las rocas del fondo, situadas a poca profundidad cuando baja el nivel del mar debido al oleaje. “La Quebrada” se formó debido a que en 1934 dinamitaron parte del cerro y así se formó un paso que sirve para llegar a los acantilados. En una de las paredes del acantilado hay un camino con barandal, y un restaurante, además de un mirador, desde donde se puede ver a los clavadistas, incluso a pelícanos haciendo lo mismo para atrapar peces. En este sitio se realiza el Campeonato Mundial de Clavados de Altura, el cual lleva el nombre de Raúl García “el chupetas” como reconocimiento a uno de los clavadistas más destacados de este lugar. También se desarrollan los clavados de exhibición, con diversos grados de dificultad y una ronda de clavados sincronizados. El espectáculo da inicio desde el ascenso del clavadista, por entre las hendiduras naturales del acantilado, hasta lograr el punto más alto, lugar donde se ubica su santuario; posteriormente a su ritual, pasan situarse a una pequeña plataforma a una altura de 35 metros, en la cual el clavadista debe calcular el movimiento de las olas, la marea y el viento, escogiendo el momento adecuado para lanzarse al vacío; el clavadista hace contacto con el agua en un tiempo de tres segundos a una gran velocidad. Este show se puede presenciar por la tarde, aprovechando la puesta del sol, y al anochecer, con una iluminación especial, donde los clavadistas se lanzan de uno, o en tres a la vez, con antorchas, para darle mayor realce. Como evento, el campeonato mundial de clavados de altura, que se lleva a cabo en “La Quebrada” cada año, atrae cada vez más osados clavadistas provenientes de diferentes países. Las competiciones de saltos se remontan a la antigua Grecia. Se realizaban lanzándose al mar desde las costas del Peloponeso y de las islas Eólicas. Los cretenses también nos dejaron vestigios de que se realizaban competiciones de saltos en el mar. Existen imágenes que nos muestran de qué manera se realizaban algunos saltos en la antigüedad. Los Juegos Olímpicos acogieron por primera vez a los saltos de trampolín como disciplina en 1904. Fue en San Luís y sólo participaron varones y con dos tipos de saltos: normales y variedad. Las damas tuvieron que esperar hasta los Juegos Olímpicos de Estocolmo en 1912. Los saltos de trampolín se empezaron a desarrollar como resultado del avance de la gimnasia en la Europa del siglo XIX. En la copa del Mundo de 1995 debutaron oficialmente los saltos sincronizados y en Sidney 2000 se estrenaron como disciplina olímpica. La Federación Internacional de Natación es la encargada de regular las normas de las competiciones de saltos, así como de celebrar periódicamente competiciones y eventos. El Campeonato Mundial de Natación es la máxima competición internacional de los deportes acuáticos. Es realizado desde 1973 por la Federación Internacional de Natación (FINA). Actualmente se efectúa cada año impar. El punto central de los campeonatos son las competiciones de natación, disputadas en una piscina de 50 m. Además se realizan competiciones de natación en aguas abiertas, natación sincronizada, saltos, waterpolo y saltos de gran altura. El formato empleado en las últimas ediciones consiste en dos semanas de duración: la primera semana para las pruebas de saltos, natación en aguas abiertas y natación sincronizada, así como la fase preliminar de los torneos femenino y masculino de waterpolo; la segunda semana para las competiciones de natación, saltos de gran altura y la fase final de los dos torneos de waterpolo. El máximo exponente de clavados en México es sin duda Joaquín Capilla Pérez Fue un clavadista mexicano, considerado como uno de los mejores deportistas de su país en toda la historia. Es el máximo medallista mexicano en Juegos Olímpicos de todos los tiempos con cuatro medallas y el primero que logró ganar medalla en más de una edición olímpica; ganó una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 y dos medallas de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 y los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956; Se le considera también el fundador de una larga tradición en los clavados que ha tenido México en los Juegos Olímpicos.