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  • ¡Clic!: Guadalupe Vergara

Pues ya no veremos en el callejón, como año tras año, de todas las plazas de toros, paisaje habitual al sonar el clarín y abrirse el portón, al menudo, por su estatura, pero enorme por su trabajo y trayectoria al fotógrafo taurino, Paco Cano -Canito- con su imprescindible gorra blanca, que él mismo con un plumón puso Cano. Con 103 años, Canito se fue a la Plaza de la Gloria el pasado 26 de julio en Valencia. Ya reunido con Luis Miguel Dominguín, entre otras figuras, con quien tomó sus primeras fotos: el torero le debía unas pesetas y le dijo “vente a Linares, ahí hacemos cuentas”. Lo que le permitió captar la cornada de Islero a Manuel Rodríguez Manolete ese 28 de agosto de 1947. Fotos que dieron la vuelta al mundo cientos de veces. Personaje único y querido por toreros y subalternos, toda la fauna taurina en pleno, como miles de aficionados a través de más de ochenta años, figura irremplazable, cámara al ristre, sonriente, afable y muy avispado. Canito, al que tuve el placer de tratar, muy poco, aunque su figura me fue familiar en las plazas de Sevilla, Madrid, Huelva, Granada, Córdoba, Chinchón, Jerez de la Frontera, el Puerto de Santa Maria, como muchas otras de diferentes categorías. Fue en Aguascalientes, el primer congreso taurino, la crema y nata taurina reunida en el Hotel Alameda, todavía bajo el ojo experto, cálido, de Juan Andrea, otra figura con su inseparable Anita. Había un salón donde se exhibían fotografías de toreros, entre ellas la de mi querido matador Juan Silveti Reynoso, con más de treinta años de haber sido tomada. Juan, siempre acompañado de sus inseparables Pepe Nieto, Pepe Garfias, el Pollo Torres Landa, que comentaron la foto y anécdotas correspondientes. Para nuestra sorpresa, ahí como invitado, el mismísimo Canito que fue festejado por todo lo alto por propios y extraños. Él, como siempre, se dio vuelo con los flashes y entonces muy emocionadopor reencontrar toreros que él había fotografiado y felices lo saludaban. Me platicó algunas anécdotas y dijo estar contento de convivir en tan importante evento. “Nací en Alicante el 18 de diciembre de 1912, quise ser boxeador pero era muy pequeño, como el camarógrafo de Luis Buñuel Pepito Aguayo, quise ser torero y Manolete me preguntó como había sido de torero, muy torpe, siempre me cogían los toros, él dijo “será por que siempre te quedas quieto”, ¡me puse más
ancho!
“GANÉ MUCHO DINERO CON LAS FOTOS DE
MANOLETE”

Ava Gardner, Lucía Bosé, Ernest Hemingway, Orson Welles, Grace Kelly, Raniero, Deborah Kerr, Bing Crosby, Charlton Heston, Concha y Lola Piquer, Manolo Caracol, Juanita Reyna, Juan Valderrama… vivió un ambiente único. Su debilidad Ava Gardner. Con regocijo recordó a Fleming –el de la penicilina- con sombrero cordobés en el campo. Charlton Heston, en el callejón de la plaza en Pamplona, a Bing Crosby en la sombrerería de Sierpes, en Sevilla. Gary Cooper, toreando una becerra “era muy alto y puse al pie de la foto solo ante el peligro”, el más simpático Hemingway, “no por que yo me emborrachaba con él”; el más genio Orson Wells. Me comentó Canito ya en la Plaza de San Marcos, donde para variar no estuvo en el callejón, lo que me permitió seguir escuchando parte de sus vivencias, muy pocas, pues tantos años… Pues como su libro Mitos de Cano” el orden no fue su especialidad con más de dos millones en su archivo de instantáneas, Canito fue mencionando sus mejores logros. A la princesa Soraya, la de los ojos tristes, la tomó sonriendo en una fiesta flamenca. Otra de las fotos exhibidas en el Hotel Alameda, es una donde se ve, en una plaza de tienta, toreando al limón, un joven muy moreno de traje campero y un canoso de chaqueta y pantalón, cada uno con la punta del capote, Don José Ortega Gasset y Domingo Ortega ¡toros y cultura! Motivo de docenas de homenajes sin duda se enorgulleció cuando a sus cien años recibió Premio Nacional de Tauromaquia como el Premio Nacional de Ministerio de Cultura y Educación. Canito, un genial fotógrafo personaje con un sitio imposible de llenar que
festejaba bromas como  aplausos, “Le salen movidas hasta las estatuas” dijo Andrés Amorós. Su sonrisa ingenua y cálida, popular, que después de romperse el fémur iba en silla de ruedas desde al enchiqueramiento. Ahora descansa ya después de dar la vuelta al ruedo en la plaza de Valencia a hombros de las figuras del toreo en una
lluvia de flores como cerrada ovación.
DE ESTO Y MÁS SE HABLÓ EN EL FEUDO SINALOENSE EULALIA

De Teo y Ana José Barralba, en la Colonia San Rafael, que está cumpliendo 125 años, rumbo que frecuento desde niña pues mi escuela cercana al Museo de San Carlos, el Francés de San Cosme, cuna de las “Yeguas Finas”, estaba ubicado ahí, los viernes primeros comulgábamos en San Rafael y recuerdo entre los vecinos, a Ramón Gay justo al lado de mis tías Sosa Iunza bellas, alegres como mi madre María Teresa, que con ellas cantaban y hacían divertidos coros. En Eulalia, al calor de los aguachiles, tacos de camarón, quesadillas de Marlín, con sus respectivos caldos, las horas pasan sin sentir, esta temporada bajo la experta supervisión de don Guadalupe Barraza, experto chef en esos guisos de Guasave como los frijoles puercos y distintos ceviches. “La Perrada”, clásica banda se puede escuchar el fin de semana, grupo norteño interpretando las de Espinoza Paz, Julión Álvarez, Juanga. Otras tardes –noche, mariachi y como siempre abre cancha Janetta, con repertorio para dar y prestar y también presta el micrófono para los “palomazos”. Frente al teatro Jorge Nete, la Asociación Nacional de Actores, tal vez hasta pueda alternar con alguna de nuestras grandes estrellas. Yo le digo ¡buen provecho y disfruten casa. Comida y ambiente!…NOS VEREMOS MÁS TARDE… QUE EL CIELO LOS JUZGUE.