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  • Gabriela Mora

 

  • Apabullada Independencia…

Definitivamente, son tiempos difíciles, y a esta frágil democracia mexicana le urge claridad para seleccionar hombres y mujeres con liderazgo, realmente capaces de ejercer el poder, dado que de tiempo atrás ya, en todos los niveles gubernamentales y sin excepción de partido político alguno, “se han colado” individuos que ni en sus sueños -de ellos propios, no del resto-, se aproximan al perfil para los cargos encomendados sean o no de elección popular…

Qué mejor momento que esta actualidad mexicana para evocar el famoso Principio de Peter, publicado en 1969 por Laurence J. Peter, pedagogo canadiense, quien se refirió a las personas que realizan bien su trabajo y son promovidas a puestos de mayor responsabilidad, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia… “En una jerarquía todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia: la nata sube hasta cortarse”.

Y es que en el marco de esta celebración de la Independencia de México, urge recordar a nuestros políticos el significado y trascendencia de los símbolos patrios que, si para ellos no significan mucho, para la mayoría de los mexicanos tienen gran valía, representan nuestro orgullo y la grandeza del pueblo a través de la historia.

En afán de ratificar como cada año esta Independencia, no atinamos hoy en quién pueda tomar un estandarte y proclamar liderazgo y actuar por la patria: encontramos fuerzas políticas que solo velan por su independencia, por sus propios intereses y por mostrar su oposición, sin disposición al diálogo ni a unir fuerzas por México.

Y recordando el Himno Nacional, al extraño enemigo que ha profanado con sus plantas el suelo, recientemente se le recibió con alfombra roja y se le da trato como si fuera mandatario electo.

Al analizar el impacto, aún no asimilado, sobre la visita de Donald Trump a nuestro país, cuyas consecuencias, han ido más allá de lo racional y de un debate civilizado, lo único cierto es que se sacudieron emociones fuertes y profundas, se exaltaron los ánimos a grado tal que la sociedad se siente severamente lastimada, al grado tal que la exigencia de la renuncia del presidente, Enrique Peña Nieto, es aparentemente el único paliativo al agravio.

Sabemos que, para los mexicanos, la sola mención del mes de septiembre trae a la memoria los tradicionales puestos de banderitas, los chiles en nogada, luces, fiesta, es decir: se incrementa el patrioterismo en todas las facetas, sin que ello implique que este sentimiento sea privativo de los mexicanos: todo el mundo tiene sus propias formas de manifestar el arraigo por su nacionalidad, se trata de un sentimiento legítimo, aun cuando pueda ser cuestionable.

Lo cierto es que se cumple la frase: “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno…” El momento para invitar a los precandidatos estadunidenses a nuestro país, no fue ni mínimamente el más oportuno: en vísperas de septiembre, que comienza con el Informe, se presenta la glosa y la negociación del presupuesto y la celebración del Grito y la Independencia de México

Al pasar de los tiempos, ante toda derrota, saltan a la luz los héroes nacionales, hoy por supuesto ni remotamente la sombra de Miguel Hidalgo, José María Morelos o doña Josefa Ortiz de Domínguez
Los tiempos han cambiado y ahora los políticos celebran las fiestas patrias de otro modo: ¡Viva Enrique Peña Nieto!, ¡Viva Luis Videgaray!, ¡Viva Miguel Ángel Mancera!… Dios nos agarre confesados
Eso sí, ¡VIVA MÉXICO!
gamogui@hotmail.com