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75 años de “Potrero del Llano” y “Faja de Oro” (I)

  • Betty Zanolli

El siglo XX irrumpió en México marcado por el signo de una agitación popular creciente ante las graves y profundas contradicciones económicas y sociales que, heredadas desde los tiempos coloniales, se agudizaron en el Porfiriato y al final no pudieron ser resueltas por la Revolución Mexicana. La lucha por el poder político sobrepasó los ideales y proyectos sociales y al final, el emergente Estado posrrevolucionario, secuestrado por las ambiciones de poder de los distintos grupos, fue incapaz de sentar las bases para construir la Nación, unida e integrada, que tanto anhelaba la sociedad mexicana.

Caudillismo, Maximato y Presidencialismo se sucederán como ejes de la vida política nacional y a ellos estarán supeditados, en todo momento, los vaivenes del desarrollo nacional, estrangulado por la permanente latencia de conflictos sociales, un raquítico fomento de la industrialización nacional y una cada vez más aguda dependencia y endeudamiento del país para con el extranjero, pero no podría haber sido de otra forma: tras la gesta revolucionaria, el Estado mexicano enfrenta una severa crisis en todos los órdenes y la escisión nacional que le toca enfrentar a Venustiano Carranza es por demás elocuente. Álvaro Obregón, en su momento, pretenderá reglamentar la deuda externa pero buscando congraciarse con EU para obtener su reconocimiento, firmará los cuestionables e invasivos Tratados de Bucareli en 1923.

Con Plutarco Elías Calles la situación no mejora, las tensiones con EU se agudizan, principalmente ante las modificaciones al artículo 27 constitucional que impactarán en los intereses económicos extranjeros. Aún así, la lucha interna de facciones políticas será superada, lo que permite a la realidad nacional perfilarse con nuevos matices, pero una vez más el contexto global determinará la marcha de la Nación: la Gran Crisis de 1929 tendrá un impacto sumamente negativo en la economía nacional, en especial en los sectores minero, eléctrico y del petróleo, que verán reducida su producción al mercado interno.

De ahí que el objetivo prioritario del gobierno cardenista sea impulsar la participación del Estado en los distintos sectores de la economía, lo que permitirá al Estado Mexicano detentar al poco tiempo el 46% de la inversión total de la infraestructura nacional, permitiendo que la confianza en la política económica crezca, al grado de decretar en 1938 la Expropiación Petrolera, atizando el encono de los inversionistas norteamericanos y del propio gobierno de los EU que decreta boicot contra México.

El panorama no es halagüeño, pero los conflictos mundiales contribuirán a despresurizar la situación: nuevos compradores de petróleo para México como Alemania, Italia y Japón, al tiempo que Brasil, Cuba, Chile, Guatemala y Nicaragua comienzan a realizar compras ocasionales. No obstante, para 1939 “los vientos de guerra” arrecian con mayor fuerza. La Declaración de Panamá y la Conferencia de La Habana así lo prueban, pues América Latina es para EU parte de su área de seguridad y México aún más, por su posición geopolítica y suministro potencial de recursos naturales, y está decidido a militarizarlos.

El ataque a Pearl Harbor en 1941 será el punto de inflexión para que la mayor parte de las naciones latinoamericanas se inclinen hacia los aliados, no así México. Será solo en mayo de 1943, tras el hundimiento por submarinos nazis de los dos primeros buques tanques petroleros Potrero del Llano y Faja de Oro, el 13 y 22 de mayo de 1942, respectivamente –a los que seguirían los del Tuxpan, Las Choapas, Oaxaca y Amatlán-, cuando México declare el Estado de guerra y decrete la suspensión de garantías. 75 años han pasado desde entonces, pero la pregunta subsiste: ¿fueron realmente nazis dichos submarinos?
bettyzanolli@hotmail.com       @BettyZanolli