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Regulación de la marihuana y las objeciones presidenciales | Alejo Martínez Vendrell

  • Alejo Martínez

En torno a la recientemente convocada consulta sobre la legalización de la marihuana, el presidente Enrique Peña Nieto (EPN) decidió reiterar públicamente sus personales convicciones el pasado 2 de diciembre, al instalar el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, declarando enfático:

“Lo que no es válido, con lo que no podré estar de acuerdo, es suponer que se hará más fácil combatir al crimen organizado, las ventas ilícitas, ilegales y los rendimientos que tiene esta actividad ilegal, solo por legalizarla. Entonces, la pregunta sería, ¿para combatir al crimen organizado pondríamos en riesgo la salud de la niñez y juventud mexicanas? Esta sería mi respuesta: Mi respuesta es no. El Estado tiene que hacer lo suyo para combatir al crimen organizado con la fuerza del Estado, sin arriesgar la salud de la niñez y juventud mexicanas”.

Para responder a algunos de estos argumentos presidenciales, me ayudaría reiterar varios elementos expuestos en mis últimos 4 artículos publicados en estas páginas, pero creo que será suficiente si cotejamos que nuestro primer mandatario ha tenido una lamentable involución en su concepción prohibicionista. El 9 de junio de 2014 en una entrevista al diario español “El País”, EPN mostró una postura más avanzada, al declarar: “La política que se ha seguido en los últimos 30 o 40 años solamente ha arrojado mayor consumo y mayor producción de drogas. Por tanto, es una política fallida… Es una política que evidentemente tiene que revisarse”. El presidente concluyó sosteniendo: “Insisto, yo no estoy en favor de la legalización, es un tema de convicción personal. Sin embargo, tampoco podemos seguir en esta ruta de inconsistencia entre la legalización que se ha dado en algunas partes, sobre todo en el mercado del consumidor más importante, que es EU, y en México que sigamos criminalizando la producción de marihuana”.

Así como la prohibición no detiene el consumo, la liberalización tampoco lo dispara: los narcóticos se caracterizan por su típica demanda inelástica. Además, como ya se ha argumentado aquí, el interferir persiguiendo y penalizando en el fuero interno de la vida personal, en la moral o la ética individual, cuando ello no afecta a terceros, de ninguna manera es lo propio del quehacer estatal. No solo le es por completo ajeno, sino que ha resultado extraordinariamente inepto para la tarea.

Por otro lado, debiéramos tener muy claro que por esforzarnos en combatir la oferta de las drogas, hemos terminado por descuidar el vital campo del combate a su demanda. Hemos puesto más atención e invertido mucho más dinero y tiempo en perseguir a los narcotraficantes que en realmente cuidar a nuestros hijos, haciendo todo lo posible para prevenir que no caigan en las garras de las drogas. Por eso no podemos pretextar que nos esforzamos por cuidar a los hijos cuando descuidamos las acciones preventivas y en realidad nuestro máximo enfoque está centrado en actividades represivas contra los narcotraficantes. Los gastos plasmados en los presupuestos públicos lo revelan con extraordinaria nitidez.

La legalización permitiría dedicar muchos más recursos (hoy desperdiciados en el estéril combate al narcotráfico) y proporcionar verdadera atención a la prevención y cuidado de nuestros niños y adolescentes. Parte de los desmesurados y atosigadores tiempos de propaganda que se conceden a los partidos, al Poder Legislativo, a órganos autónomos y a otros, pudieran ser mucho mejor aprovechados si se orientaran con muy avanzados y convincentes formatos a estas hoy tan descuidadas tareas preventivas.

Lo que sí quedaría pendiente de exponer aquí es una respuesta a las dudas que tendría la legalización regularizada de la producción y comercialización de la marihuana sobre los niveles de criminalidad y el poder de la delincuencia organizada, pero lo tendremos que dejar para posterior ocasión.

amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell

Ojalá un acercamiento de EPN con líderes de vanguardia como Justin Trudeau impulse innovaciones legalizadoras de alcance internacional.

/arm