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A casi 50 años ¿un nuevo 68?

  • Betty Zanolli

Betty Zanolli Fabila

Todo acto de violencia es reprobable en un Estado de Derecho, pero más cuando procede de una autoridad que ha sido incapaz para entablar los mecanismos de diálogo que permitan superar un conflicto de la gravedad exponencial como el magisterial. La cerrazón política y la represión con la fuerza pública jamás han resuelto problemática social alguna y solo fomentan el encono, evidenciando la grave crisis de un sistema gubernamental enfrentado a uno de los sectores más sensibles de nuestra sociedad: el de los educadores. Luego de las detenciones de dirigentes de la CNTE, del anunciado cese a miles de docentes que no participaron en los exámenes, de los desalojos a bloqueos de maestros, padres de familia y demás pobladores en distintos puntos del Estado de Oaxaca y de cada vez más nutridas manifestaciones en diversas entidades, el pasado viernes se verificó una marcha multitudinaria que partió del Ángel de la Independencia rumbo al Zócalo pero que a la altura del Palacio de Bellas Artes fue obstruida en su tránsito por el operativo que implementó la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México. Paralelamente, el exrector de la UNAM, Pablo González Casanova, encabezó un documento firmado por miembros de la sociedad civil por el que se solicita entablar un diálogo nacional resolutivo entre el Gobierno federal y los representantes de la CNTE y se pide alto a la represión y persecución contra el movimiento magisterial. Leer lo que reclama el documento es evocar, a casi 50 años de distancia, las mismas demandas que la sociedad expresara en 1968 y que al ser desatendidas terminaron escribiendo una de las páginas más negras de nuestra historia contemporánea. La respuesta: al día siguiente, fue capturado en Michoacán un exlíder sindical por su presunta responsabilidad en diversos delitos del fuero común.

¿Qué tendrá que suceder para que comprendan nuestras autoridades que atizar un conflicto es la peor estrategia? ¿Por qué no asumir que la crisis magisterial fue provocada por decisiones políticas de Gobiernos anteriores y líderes sindicales a los que tampoco les interesó la educación porque solo buscaron el control magisterial con fines partidistas y de acceso al poder? ¿Por qué perder la oportunidad, si tal era su deseo, de sanear verdaderamente los vicios heredados y construir una efectiva y verdadera Reforma Educativa, no administrativa, política y, sobre todo, laboral, con el consenso de los distintos sectores? ¿Por qué no entender que subestimar un conflicto solo lo enrarece y abre la posibilidad a que lo perviertan y se apoderen de él aún más intereses ajenos? ¿Por qué no posibilitar que puedan ser revertidas decisiones de Estado, como las Reformas Constitucionales en materia educativa que violan derechos fundamentales? Ello hablaría de la voluntad auténtica de los Poderes de la Unión por reconstruir nuestra Patria y no de ser simples convalidantes de la ilegalidad que acarrea injusticia y que lejos de contribuir al crecimiento nacional solo fomenta crispamiento y violencia. Por lo pronto, fracasamos en el cambio educativo anhelado y estamos por perder el control social. No sorprende, todo lo hacemos “fast track”, “a la mexicana”, con absoluto desprecio a la Nación. Una prueba: el decreto del Congreso de la Unión que reforma, adiciona y deroga disposiciones de diez leyes federales para adecuarlas al Nuevo Sistema de Justicia Penal que hace ocho años el régimen calderonista implementó, promulgado a menos de 24 horas de su entrada en vigor. Sí, así se conduce el destino de nuestra Nación y así lo permitimos los mexicanos.

bettyzanolli@gmail.com @BettyZanolli