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A dejar la grilla y a desazolvar

  • Mireille Roccatti

La región más transparente del aire que describiera Carlos Fuentes, la Ciudad de los Palacios que cantara el barón Von Humboldt, la antigua México-Tenochtitlan, que maravillara a las huestes de Cortés, tal y como narra el cronista Bernal Díaz del Castillo, hoy por las descargas de agua del Dios Tláloc, semeja una Venecia periódicamente inundada.

Y no es por los canales perdidos que comunicaba el casco urbano de la vieja Tenochtitlán con los lagos que la circundaban, uno de ellos conocido como el gran canal que desde el zócalo a Xochimilco constituía una vía fluvial de comercio y abastecimiento de alimentos para los aztecas, de los cuales lamentablemente solo queda una reducida zona de chinampas con sus canales en Xochimilco.

A lo que me refiero y así lo comentan muchos habitantes de esta caótica metrópoli, son las constantes inundaciones que padecemos durante la temporada de lluvias. Este año ha sido especialmente pródigo en precipitaciones pluviales y cada que llueve se inundan las principales arterias y vías de alta velocidad, por todos los rumbos de la ciudad.

Esta circunstancia ha generado una creciente irritación social por los daños materiales que ocasiona en las viviendas, propiedades y vehículos, así como demoras en los tiempos de traslado de los habitantes de la ciudad, y no solo de los automovilistas, ya que el grueso de la población que utiliza el transporte público automotor sufre los embates pluviales y no se escapan los usuarios del Metro que periódicamente se inunda, no solo los rieles que imposibilitan el rodamiento de los vagones, también las estaciones.

El descontento social, también se refiere al leguaje oficial que informa de “encharcamientos” como si la subida del nivel de las aguas se pudieran referir como meros charcos, que quizás para algunos burócratas del DF, los chilangos los pudieran sortear con un pequeño brinco de sus ágiles piernas.

Los costos financieros de estas inundaciones continúan acrecentándose y la vox populi afirma que los trabajos de desazolve del drenaje pluvial no se realizaron con la oportunidad y profundidad que se requiere, a sabiendas de lo que sucede cada año, sin obviar, que se requiere un cambio cultural importante para que se deje de tirar basura en la calle por los ciudadanos y mejorar sustancialmente la recolección de residuos en las arterias por el servicio de limpia capitalino.

Se podrá argumentar que el volumen de las precipitaciones pluviales resultó atípico y superó la capacidad de desalojo de los drenes, pero estos argumentos técnicos indiscutibles, no aminoran el descontento de quienes han sufrido como nunca las inundaciones y es que pocos conocen la historia de cómo todavía hace 100 años, la ciudad quedaba literalmente bajo el agua y somos muy propicios a olvidar que la superficie donde se asienta la ciudad era un lago y que la naturaleza sí tiene memoria. Por lo pronto no olvide su
paraguas.

*Quieras o no quieras