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¿A dónde van la OEA y Venezuela?

  • Rosamaría Villarello

La formalización de la salida de Venezuela de la Organización de Estados Americanos (OEA), aparte de enfatizar la situación crítica del país, pone de manifiesto una vez más que la OEA necesita una revisión a fondo.

Desde la expulsión de Cuba de este organismo en 1962 ha dado muestras que la presión ejercida con este tipo de medidas no han dado propiamente un resultado positivo. En paralelo, se crearon otros mecanismos de diálogo que han tenido un impacto mayor en las políticas regionales donde se le abrieron las puertas a Cuba, pues el principal obstáculo para su inclusión provenía de Estados Unidos.

Por supuesto que las condiciones de aquel entonces de la isla caribeña son diferentes de las de Venezuela, hoy. La primera fue expulsada y el segundo su presidente Maduro tomó la decisión ante las presiones ejercidas por un grupo de países para analizar en el marco de la OEA, la situación de ingobernabilidad y violencia que ha ejercido contra la población opositora a su régimen y la inexistente práctica de la democracia.

En adelanto, se podría pensar tal y como se aprecian los sucesos inmediatos y recientes, que un régimen como el llamado bolivariano no resistirá por mucho tiempo más. Las presiones que se viven en suelo venezolano hacen ver que no tardaría demasiado en caer con o sin el apoyo de Washington, que por otro lado, no parece importarle gran cosa a Donald Trump. Se cuenta, por ejemplo,  que cuando Lilian Tintori, esposa del encarcelado oposicionista Leopoldo López lo visitó, previamente preguntó que quién era ella.

Ya han surgido intenciones mediadoras y ratificadas como la del Papa Francisco, quien seguramente intentará algún tipo de concertación con el Gobierno de Maduro; lejos ya de los reflectores de la OEA; pues además, los representantes venezolanos  han declarado que no atenderán ninguna decisión que tome el organismo durante los dos años que dure el proceso de salida. Sin embargo, el régimen cuenta con apoyos en la Celac, en Unasur o Petrocaribe y de amigos y potencias externas que no lo aislarían a menos que sus intereses estén en juego.

Da la impresión que se busca una solución a la crisis en cualquier sentido, en un juego arriesgado en el que los países latinoamericanos se percibirán como  protagonistas, lo que sentaría además un precedente futuro.

Mañas y artimañas legales o no, desde Chávez, la República Bolivariana ha recurrido a ellas a modo para mantenerse en el poder. Este lunes Maduro firmó el decreto para convocar a la Asamblea Nacional Constituyente y según el mandato, será la que lleve a cabo una consulta popular para decidir el ordenamiento jurídico del país. Paradójicamente, la oposición se opone a ella, cuando hace dos años quiso que se convocara. Mucho conocen las tretas del Presidente.

A casi 191 años de que el venezolano Simón Bolívar convocara el Congreso de Panamá en 1826, que dio vida a la idea de la integración latinoamericana y antecedente de la OEA, ha de estar revolcándose en su tumba.