imagotipo

A mitad del camino (IV) / Razón de Estado / Joaquín Narro Lobo

  • Joaquín Narro Lobo

Me parece que el balance de la primera mitad de la actual administración federal tiene dos momentos y debe ser observada a partir de dos cristales. En primer término, lo sucedido a finales de septiembre de 2014 marca un parteaguas en el Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Momentos muy distintos uno y otro que no pueden dejarse de analizar si lo que se quiere es tener una perspectiva integral. Por lo que hace a las dos ópticas de análisis, es necesario valorar tanto la perspectiva gubernamental como la social respecto de estos tres primeros años de Gobierno.

El momento previo a los acontecimientos de Iguala, Guerrero, estuvo marcado por el impulso a grandes reformas políticas, sociales y económicas que buscaron dinamizar el desarrollo nacional. Ya sea que hablemos de la energética, la de telecomunicaciones, la fiscal, la educativa o la electoral, las reformas impulsadas buscaban, en todo momento, romper con lo que hasta entonces habían sido vicios que buscaban mantener el poder y control de cada uno de los temas por parte de los mismos sectores y actores.

La visión gubernamental considera, en general, que a lo largo de tres años muchos han sido los aciertos y pocos los errores. Insiste en resaltar logros como el proyecto de nuevo aeropuerto, la baja en los precios de productos y servicios como la gasolina, la luz o el gas. No quita el dedo del renglón cuando habla de la baja en los índices de inseguridad, como recientemente se hizo en lo tocante al número de homicidios por cada 100 mil habitantes. Presume con insistencia el papel que hoy juega México en el entorno internacional.

A partir de la desaparición de los normalistas, una cadena de hechos se sucedieron como fichas de dominó, tirando lo que hasta entonces se había construido. A la incapacidad gubernamental de responder en tiempo y forma a las demandas ciudadanas que gritaban por información, se sumaron los escándalos de la ‘casa blanca’, la casa de Malinalco, la fuga de “El Chapo” o los llamados internacionales por la poca claridad en el respeto a los derechos humanos.

Hoy la sociedad mira a sus gobernantes con profundo recelo y desconfianza. No es sencillo encontrar a alguien que, con férrea convicción, sea capaz de hablar bien de algún político. Como muestra del recelo y resentimiento ahí está la exacerbación de la violencia manifestada en linchamientos y justicia privada. Como prueba de la desconfianza, el fortalecimiento de la idea de un candidato independiente que venga a resolver nuestros problemas y a levantar el tiradero en el que nos encontramos.

Pareciera que para el Gobierno, Iguala fue un pequeño traspié y que todo camina sobre ruedas. En lo general, no ha existido la autocrítica ni la sensibilización y México es el mismo al de antes de mediados de septiembre de 2014. Para la sociedad, en cambio, todo es un desastre, incluso todo aquello que se ha hecho bien y que tanta falta hacía al país. Bien harían, unos y otros, en mirar y entender esa realidad que hoy les resulta ajena, sensibilizándose a que ni todo está mal, ni han sido muchas más las cosas buenas.

joaquin.narro@gmail.com

Tuiter @JoaquinNarro