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A mitad del camino / Razón de Estado / Joaquín Narro Lobo

  • Joaquín Narro Lobo

Este próximo 1 de diciembre, el presidente Enrique Peña Nieto cumplirá tres años al frente del Poder Ejecutivo federal. Lejano parece aquel viernes 30 de noviembre, hace justamente tres años, cuando presentó a su gabinete y a los principales funcionarios que habrían de acompañarlo en el arranque de su gestión, o ese domingo 2 de diciembre cuando, de la mano de Gustavo Madero, César Camacho y Jesús Zambrano, lanzó el Pacto por México, estrategia de coordinación y concertación política que permitió avanzar en el diseño, discusión y aprobación de las llamadas Reformas Estructurales, joyas de la corona de la actual administración.

En estos tres años, parte del gabinete ha cambiado y el Pacto por México se desintegró, pero muchas cosas han quedado para el análisis y la reflexión y, sobre todo, para la construcción de la ruta crítica que habremos de seguir durante los próximos tres años. En esta y las próximas colaboraciones haremos un recuento de los principales acontecimientos que han marcado a esta administración con la que el PRI regresó a la Presidencia de la República, así como aquellos hechos que han configurado una nueva forma de hacer y entender la política: más participación ciudadana y mayor vigilancia de la sociedad respecto de lo hecho por los gobernantes.

Sirvan estas primeras líneas como un repaso general: desde la explosión de los sótanos del complejo central de Pemex hasta la aplicación de la evaluación docente como eje de la Reforma Educativa, pasando por hechos lamentables como los sucedidos en Iguala, hace más de un año, hasta grandes logros, como la iniciativa para construir un nuevo aeropuerto o el entendimiento de que a la pobreza solo se le podrá combatir a través de la generación de más empleos mejor remunerados. Estamos a mitad del camino y es esta una magnífica oportunidad para hacer un balance claro, objetivo sin culpas ni remordimientos, pero tampoco con autocomplacencias o falsos elogios.

De manera general, una primera evaluación tendría que señalar que la actual administración ha sido una de claroscuros, marcada lo mismo por acciones valientes y de avanzada, que por omisiones graves e insensibilidad a la desconfianza social. Quizá esto, las buenas intenciones por transformar al país reflejadas en las once grandes reformas que se han emprendido, pero también la falta de claridad para entender que la confianza solo es posible cuando se está cerca de la gente y se escuchan sus reclamos, es lo que ha caracterizado lo bueno y lo malo de este Gobierno.

A lo largo de los tres años que quedan por venir, es necesario que el Gobierno, su titular y quienes lo acompañan en la odisea reflexionen sobre las oportunidades y retos que tienen por delante. Soy de los que creen que hay que mirar al frente, nunca hacia atrás, pues si ello se hace, se corre el riesgo de apostar por la añoranza de un pasado cierto, sin apostar por la construcción de un porvenir que pueda ser mejor. Pongamos nuestro esfuerzo, todos, por ver hacia adelante y por convertir este momento en el inicio de cambios verdaderos en beneficio de todos.
* joaquin.narro@gmail.com

Twitter @JoaquinNarro