imagotipo

¿Abogados o juristas? / De Justicia y Otros mitos / Sergio Valls Esponda

  • Sergio Valls Esponda

A LA MEMORIA DE SERGIO VALLS HERNÁNDEZ,

A UN AÑO DE SU PARTIDA
¿Cuál de los anteriores perfiles considera usted que debe de ser el de los nuevos ministros? Algo comparten. Hablamos de profesionistas que transitaron por la carrera de Derecho o Leyes. Pero comprendamos las sutiles diferencias.

Por abogado entendemos a alguien que “aboga” por otro. Viene del latín “advocatus” (el llamado para auxiliar). Asesora y defiende para proteger sus derechos y lograr sus objetivos legales. Generalmente a cambio de una retribución, el abogado representa los intereses de otro. “Jurista”, en cambio, tiene en la mayoría de países latinoamericanos un acepción que refiere un rango mayor de conocimientos teóricos. Un filosofo del Derecho para algunos. El término es una distinción, un reconocimiento (que muchas veces es utilizado para halagar).

En el quinceañero siglo XXI se han emitido cerca de 350 mil cédulas para ejercer la profesión. El tema de los grados en ámbitos como el jurídico no deja de tener un elemento que raya en lo cómico. La mayoría son “lics”, tan a secas su nombre como su quehacer. Después siguen los licenciados, ya profesionales en forma. Miles con grado de Maestría. El 1 por ciento son Doctores.

Pero el número de juristas es un misterio, ya que no existe un dato de consenso. Quizá una importante mayoría considere a personajes de la historia jurídica del país como juristas, o a un grupo de académicos conocidos por sus aportaciones al Derecho. El título de jurista no se puede colgar en una pared ni portar como una insignia en el pecho. Es a la comunidad jurídica lo que un Derecho Humano a la Constitución. No se otorga; se reconoce. Nadie con sentido común se autopresenta como jurista. Es un grado que depende de un agente externo.

No podemos decretar que las ternas para cubrir las dos vacantes en la Corte estén compuestas por seis juristas. De hecho, la Suprema Corte jamás se ha integrado completamente por juristas. Recordemos que por décadas el Poder Judicial fue considerado de segunda categoría. La Corte era un peldaño en las trayectorias político partidistas. Por ahí pasaron militares, gobernadores, senadores; incluso algún médico fue ministro.

La elección de las ternas fue del Ejecutivo, la de los nuevos Ministros será del Senado, da gusto ver la participación de los tres poderes de la Unión en aspectos que determinan la fortaleza de la República y la viabilidad del Estado. Para tomar la decisión esperemos que los Senadores consideren a quienes entienden la evolución y la realidad de la justicia en México, lo complejo y maltrecho de nuestro anhelado Estado de Derecho, quienes estimulen y se comprometan con el progreso de la ciencia jurídica y consecuentemente de las instituciones que conforman y hacen posible una convivencia pacífica y ordenada en el País. Por lo pronto es importante estar atentos de las comparecencias en el canal del Congreso.

Juristas ya tenemos suficientes en la Corte. Algunos así llegaron y otros ahí se formaron como tales. En mi opinión, lo que necesitamos son abogados, pero unos que no representen a nadie más que a la sociedad mexicana, que continúen luchando por la defensa de nuestros derechos, no solo de aquellos que son más ideales que reales, que se preocupen por los contactos iniciales, del día a día de un mexicano común frente a sus autoridades, con las primeras trincheras, con el frente de las batallas judiciales. Que se sientan presentes.
enmiopinion.save@gmail.com