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Abusivos en el arte del buen comer

  • Espiral de conducta: Norma Le Payro

El hombre es multifacético en
este  mundo, pero con hambre de comer, de
existir o de poder solo llega a una
conclusión; extinguir o extinguirse.
(N. Luna)
En la historia del hombre, comer tiene su grado de exigencia; desde hace miles de años las personas se han convertido en cliente y servidores para saciar el gusto por el comer. De acuerdo con científicos de la Universidad de Harvard, hace casi dos millones de años que el hombre cocina, los homínidos durante su día ocupaban un tiempo pequeño para comer, esto podría significar que los alimentos estaban procesados de acuerdo a su forma de vida, lo cual les daba mucho más calorías con mucho menos cantidad de comida, aumentando su tiempo de supervivencia gracias a un aumento de su salud. También al estar cocinados, los alimentos eran más blandos, y la necesidad de unos dientes grandes y una mandíbula robusta para triturar era menor. De acuerdo con la información de la web directo al paladar.com, se formula una pregunta respecto a dicha información: ¿El hombre comenzó a cocinar porque era inteligente o al procesar los alimentos consiguió calorías extras, de modo que se pudo empezar a invertir esta energía sobrante en desarrollar el cerebro? En la actualidad el interés de muchas personas por responder esta pregunta y otras es indiferente. De acuerdo con expertos en conducta comer se ha convertido en una conducta exigente, patológica y competitiva, dejando en los recuerdos el verdadero fin de saciar el hambre de los seres humanos. En este siglo han surgido clientes que suelen visitar espacios culinarios incluyendo las cocinas de los núcleos familiares, que su único fin es que sea aprovechado hasta el último centavo invertido en su comida. En México testimonios aseguran, que en las cocinas económicas hay personas que de manera castrante hacen cumplir protocolos que las autoridades demandan, siendo un dolor de cabeza para muchos servicios de este arte culinario. Hay otros que suelen tener trastornos mentales, como la obsesión compulsiva, la cual incita a tener estados de ánimos exigentes, los cuales provoca no perdonar un error a los establecimientos de comida, castigándolos con demandas y acusaciones con autoridades del ramo. Estos comportamientos han hecho que miles de negocios culinarios se adapten a una sumisión intangible para crear protocolos que los defiendan de las emociones humanas. Querido lector, es momento de cambiar y trasmitir la tolerancia, comer es una necesidad fisiológica para mantener la energía en el cuerpo, no para ser un cliente abusivo y exigir atenciones por un ánimo emocional negativo. Valoremos a quienes cocinan y dedican una larga jornada dentro de una cocina para que haya alimentos en satisfacción del hombre. Pagar un servicio de comida no significa recibir atenciones inimaginables. Seamos humildes, respetemos nuestra evolución, hoy no se tritura con grandes mandíbulas, apliquemos calidad humana al mundo culinario.