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Abuso en la infancia

  • Salud: Dr. Jonatan Escobar

El agravio a un niño es un tema complejo que para su abordaje requiere de mucha pericia y sapiencia, el maltrato, abuso o agravio a un infante se puede dar un múltiples sentidos, ya en columnas previas e abordado el tema acerca del maltrato infantil, en ésta en particular mencionare un tema delicado, sin embargo del cual se tiene un desconocimiento y rezago importante por parte de la población en general.

El abuso sexual en la infancia resulta un suceso que acontece por desgracia de forma relativamente frecuente, se da en cualquier esfera social, aunque resulta un tanto más asiduo en estratos socioeconómicos bajo, algunos factores de riesgo son el hacinamiento en el hogar, es decir, que en el mismo hogar convivan múltiples miembros de la familia, ya que ello puede dar acceso al agresor a establecer contacto frecuente con el menor y de esta manera perpetuar el abuso, generalmente el abuso de ésta índole suele ser dado por miembros primarios de la familia, en los menos de los casos la agresión se da por individuos ajenos al núcleo familiar.

Las manifestaciones iniciales en el niño víctima del agravio varían importantemente con base en su edad, se centraré en describir someramente como acontecería en un infante escolar pequeño cuyo uso de juicio y razón se encuentran rudimentariamente establecidos, por otro lado me interesa mencionar como sucedería en éstos casos ya que se trata de pequeños que no cuentan con la capacidad para verbalizar que es lo que está sucediendo, por lo tanto se trata de niños sumamente vulnerables a ser transgredidos en ese sentido.

El pequeño en cuestión dependiendo de en qué circunstancias aconteció el abuso, comenzará a manifestar una serie de comportamientos por lo demás bizarros o fuera de contexto para la edad del infante, principalmente se manifestarán conductas de connotación sexual inapropiadas, ante dicha instancia la sospecha debe de ser clara y contundente por lo que se debe de acudir inmediatamente a valoración psiquiátrica para que el chico sea examinado integralmente y verificar la esfera física y psicológica del niño.

El pequeño ante una agresión de índole sexual suele experimentar gran ansiedad y en ocasiones ira y frustración, éste tipo de emociones en el niño desde luego no se manifiestan como en el adulto, motivo por el cual no veremos llanto, temor u otro tipo de respuestas esperables en el adulto,

Puede mostrarse ante tales circunstancias irritable, por lo que pueden acontecer determinados problemas o incidencias escolares como riñas con otros compañeros o actitudes desafiantes y oposicionistas para con los profesores por otro lado puede presentar conductas más rudimentarias y regresivas como el evacuarse u orinarse en lugares inapropiados.

Será básicamente una de las formas en las cuales manifestará su agresión e ira, a lo anterior será importante mantenerse expectantes y alertas ante cualquier cambio radical en el comportamiento del infante, pues puede ser indicativo de que algo sucede, considerando que él por el momento no cuenta con la habilidad para verbalizar sucesos, al tiempo que si se trata de un niño pequeño, éste aún no cuente con la capacidad para discernir entre el bien y el mal, entre lo que es bueno y malo, por lo que puede estar ante una situación de abuso sin que él esté consciente de ello.

Identificar al agresor suele ser complicado, ya que suele ser un individuo con el cual el niño mantiene un vínculo estrecho, por lo que aunado a su incapacidad para verbalizar sucesos se tornará renuente a señalar al agresor.

Si bien existen diversas etapas por las cuales atraviesa la víctima en ese sentido, en las etapas iniciales la víctima se siente identificado con el agresor por lo que considera que ha establecido un vínculo especial y estrecho con el mismo, invariablemente en las etapas tardías acontece la culpa y frustración, en general la agresión sexual a un infante incluye desde tocamientos, roces o insinuaciones, suele darse en el núcleo familiar y también puede estar dada por otro niño de mayor edad.

Se dice que la brecha cronológica para considerar un abuso debe de ser de cinco años, es decir, que si el niño agresor supera al infante por cinco años en edad ya se considera un abuso y trasgresión sexual. El tema es muy amplio así como delicado y el espacio destinado a la presente columna ha concluido.

Para mayor información quedo a sus órdenes al correo bioplutarco01@hotmail.como al Facebook Jonatan Escobar.