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Acapulco RIP | Punto de vista | Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Una tras otra caen las víctimas. Lo mismo en el puerto que en Chilpancingo o Iguala. En todo el Estado de Guerrero la muerte a manos de criminales ha hecho de su presencia un hábito. No por ello debe dejar de importar. Al contrario, hay que encontrar los mecanismos que la alejen.

Acapulco parece estar entrando en shock después de una larga agonía. Los conductores del transporte público (urbano) abandonan el trabajo porque a más de una docena de sus compañeros los han asesinado. Los policías municipales se van sin dejar rastro. Empleados de hoteles y restaurantes buscan otros lugares en donde desempeñarse. Cierto, la zona hotelera, la turística nos dicen, está blindada. Ello, sin embargo, no evita que los criminales lleguen y disparen a inocentes. El gobernador es testigo: lo quisieron venadear durante una cena unos días antes de asumir el cargo. Ayer, informa El Sol de Acapulco, exhumaron 22 cuerpos en la comunidad de Chichihualco del municipio de Leonardo Bravo (Zumpango) –a unos 35 kilómetros de Chilpancingo-, siguió la búsqueda de las 17 personas que fueron privadas de su libertad en el municipio de Apaxtla de Castrejón y en el puerto dos personas fueron asesinadas. Una de ellas fue encontrada flotando en el mar dentro de una bolsa de plástico. La otra fue muerta a pedradas.

La presencia de visitantes se ha reducido en 12 puntos y Acapulco no ve la suya.  Terapia intermedia, más tarde intensiva y ahora todo indica que no hay tratamiento para salvarlo.

Acapulco está a punto de ser enterrado.

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