imagotipo

Acerca de la cannabis / Una Tras Otra / Jaime Alcántara Silva

  • Jaime Alcántara

Hay muchos temas que dividen a la sociedad. Sobre todo cuando los actores interesados son poderosos. La tan controvertida marihuana, como la amapola, son plantas del reino vegetal que tanto podrían hacer por la humanidad pero, está, tan proclive a las pasiones, a las debilidades, a las ambiciones, han echado a perder algún fin benéfico, con el que podría favorecerse a quién sabe cuántos.

Quizá por allí, por aquellas estaciones de la nostalgia, o algún melómano guarde un disco, una melodía, que versaba más o menos así: amapolita dorada de los valles de Tepic, si no estás enamorada, enamórate de mí (…). Claro, hasta que algún descarado descubrió que la hermosa y, aparentemente, inofensiva planta servía para fines aviesos.

Recuerdo aún, que en el jardín de alguna profesora de primaria, había amapolas. Éstas nos llamaban mucho la atención por lo estético, en lo general, y por lo hermosa de la corola.

La marihuana, todos lo sabemos, sobre todo en los pueblos, la usaban como cataplasma, para quitar dolores de la artritis y de reumas. Hoy, se sabe, hay muchas más aplicaciones benéficas.

Pero eso no es negocio, dijeran los principales impulsores del consumo “lúdico” de la marihuana.

En un panel, promovido por La Ciudad de las Ideas, en Puebla, pudimos escuchar lo que pasó en Colorado, a la aprobación de esta yerba. Dijo el panelista, que había casi por cada calle de Denver, anuncios, promocionando la venta indiscriminada de la famosa cannabis.

Esto, como podría entenderse, con la debida publicitación, la venta, el consumo, será el paraíso de los vendedores.

Muchos productos, como las bebidas gaseosas, las papas fritas, los panes edulcorados, no serían del gran consumo si no hubiera marketing. Así la marihuana.

Tal vez todos recordemos que la Institución responsable de medir el consumo de las drogas, nos dijo a principio de este milenio (2001-2002) que en tan solo uno o dos años, este se había incrementado en un 50 por ciento. Esto es, que el país, gracias a la ineficiencia gubernamental de aquel tiempo, México no era solo un país de tráfico, sino que su tendencia hacia el consumo era una realidad.

Para complementar, ayer por la mañana, escuché a Patricia Janiot de CNN, entrevistar a dos siquiatras (Eduardo Kalina y Jorge Dotto), especialistas en el tema, con sus respectivos comentarios.

De ambos lados, advirtieron sobre la peligrosidad de esta droga. Uno de ellos, Dotto, dijo que el 50 por ciento de los consumidores se vuelven adictos. Kalina, por su parte, comentó que pueden existir precondiciones para que quien la pruebe pueda terminar en la esquizofrenia. Esto es, que haya condiciones genéticas que predispongan a tal posibilidad.

Coincidieron en que puede haber trastornos mixtos, tanto físicos como mentales.

Otro de los puntos críticos de los promotores del consumo, para la diversión, es que no es dañina. Falso. Ambos coinciden en que no es una droga “light” (textual).

Así, todo esto nos lleva a pensar en que, montados sobre las irresponsabilidades y/o complicidades de quienes hicieron posible que nuestro país se llenara de delincuencia, haya lucro con la salud de nuestros semejantes. Porque, no sé usted, a nadie le gustaría tener en casa a un drogadicto, solo porque a muchos se les haya despertado el apetito voraz por el dinero.

A mí no me agradaría tener un (a) hijo/a marihuano (a). Porque, además, la población joven es la más expuesta y, con el tiempo, la más afectada, por tener más posibilidades de enfermarse, por el consumo.

Y, a usted, ¿le complacería tener un familiar drogadicto/enfermo?

jaimealcantara2005@hotmail.com