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Acontecer político

  • José Luis Camacho

¿Por qué culpar a Enrique Peña Nieto?

El 2017 ha dado inicio de forma vertiginosa para nuestro país. Si algo ha quedado claro es que las redes sociales se han convertido en un medio de información que tiene la capacidad de llegar a múltiples sectores de manera simultánea, sin embargo, también ha demostrado que no es confiable, pues los datos que en ellas se difunden la mayoría de las veces carecen de veracidad y pueden ser un vehículo para potencializar la intolerancia, el acoso y la violencia.

La eliminación del subsidio en la venta del combustible, que entró en vigor en nuestro país el 1 de enero pasado, ha sido la muestra de esa tendencia desinformativa, pues de todo circuló en las redes, desde agresiones y descalificaciones al presidente de la República hasta llamados a delinquir y saquear tiendas, pero no información seria que explicara las razones de esa decisión en materia macroeconómica.

La explicación ha llegado en voz del coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, doctor  César Camacho, y del propio presidente de la República, Enrique Peña Nieto, al señalar que se trata de una decisión que obedece en gran medida a factores externos, como el incremento en el precio internacional de las gasolinas y los costos de transportación, pero también a requerimientos presupuestales internos.

Y es que no podemos perder de vista que el desplome en el precio de barril de petróleo ha mermado las finanzas públicas, impacto que no hemos resentido en todo su potencial debido a la reforma hacendaria aprobada en 2013 y que amplió la base tributaria de contribuyentes, lo cual permitió compensar la caída de los ingresos petroleros con mayor recaudación, pero no podemos pretender que no haya medidas que tomar.

Durante muchos lustros los mexicanos quemamos los ingresos excedentes recibidos por la venta de petróleo, debido a que el precio internacional así nos lo permitió, gozando de un subsidio público en el precio de la gasolina, pero se trataba de un prestación que no podía ni debía ser para siempre, pues cada año representaba una mayor suma, generando una merma en las finanzas públicas y su capacidad de respuesta frente a las demandas sociales.

De ello habló el doctor César Camacho el pasado jueves, durante la sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, al rememorar que en la discusión del paquete económico para este año, los legisladores federales se enfrentaron a la disyuntiva de eliminar el programa social más importante de México, como lo es Prospera, a cambio de mantener el subsidio público en la venta de gasolina; o bien, recortar la mitad del presupuesto que requiere el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a cambio de seguir subsidiando la gasolina que utilizan los automotores mexicanos.

Evidentemente, el presidente de la República y la mayoría de los legisladores, con toda responsabilidad tomaron la mejor decisión posible, dolorosa sin duda, pero que permite seguir atendiendo a los sectores más vulnerables, al tiempo de conservar la estabilidad económica que tantos beneficios ha traído para México.

Es fácil criticar al presidente, denostarlo y culparlo de todo lo malo, pero lo fácil no significa que sea lo correcto y menos aún lo justo.

Es claro que la subida en el precio de la gasolina tiene un impacto en la economía de familias y negocios mexicanos, pero más cierto aún es que durante muchos años gozamos de un privilegio que debía terminar.

Sin embargo, a diferencia de dichos países en los que ha habido aumento de impuestos y eliminación de partidas para programas sociales, en México no se ha optado por ese camino para hacer frente al nuevo escenario internacional, sino que se ha elegido mejorar la recaudación fiscal por medio de la ampliación de la base tributaria, así como mejorar el funcionamiento de los programas sociales evitando duplicidades y dispersión.

“Hasta la semana pasada, el precio que pagamos no correspondía al costo que implicaba producir la gasolina o importarla. Gastábamos cerca de 200 mil millones de pesos al año para mantener un precio artificial, y sostenerlo un año más habría tenido implicaciones: elevación de impuestos, aumento de la deuda, desaparición de al menos Propspera, entre otras consecuencias”, reveló el líder priista César Camacho durante la reunión de la Comisión Permanente.

Usted amable lector tiene la última palabra en este tema, pero no he querido dejar pasar la oportunidad de ofrecer a usted a otra cara de la moneda en medio del torbellino de información que se ha generado.
camachovargas@prodigy.net.mx

@jlcamachov