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Acordanza

  • Acordanza: Tere Ponce De León

  • El 19 de junio es el 150 aniversario  del fusilamiento del emperador Maximiliano I de México
  • Carlos Felipe de Habsburgo-Lorena y su esposa Annie Claire presidirán una misa en su memoria

Carlos Felipe de Habsburgo-Lorena, sobrino tataranieto del emperador Maximiliano I de México, y su esposa Annie Claire, invitan a una misa para conmemorar el 150 aniversario de la muerte de Maximiliano, que se llevará a cabo en la Iglesia de San Ignacio de Loyola, el 19 de junio del presente año, a las 19.30 horas… El archiduque Carlos Felipe nació en nuestra Ciudad de México, el 18 de octubre de 1954 y es el segundo hijo y primer varón del archiduque Félix de Austria y de la princesa y duquesa Ana Eugenia de Arenberg… Por línea paterna es nieto del beato Carlos, emperador de Austria y Rey de Hungría y Bohemia y de la emperatriz Zita, y sobrino tataranieto tanto del emperador Maximiliano I de México como del emperador Francisco José de Austria… Y aunque ni la Constitución Política de la República de Austria ni la mexicana reconocen títulos de nobleza para sus connacionales, en el Gotha, por tradición, a él y a su familia le corresponden los títulos de archiduque de Austria, príncipe de Hungría, de Bohemia, de Lorena, duque de Bar y conde de Habsburgo, por mencionar los más importantes… Dedicado a las finanzas, está casado con la encantadora Annie Claire Christinne Lacrambe, de nacionalidad francesa… Carlos Felipe y Annie Claire adoran la música, por lo que desde 2012 Carlos preside el Patronato del Festival de Música de Morelia… Siendo heredero de la Casa de Austria, Carlos Felipe es un conocedor de la historia de la dinastía de los Habsburgo y en México, del período del Segundo Imperio Mexicano que encabezó su tío Maximiliano y que terminó en la tragedia del Cerro de las Campanas, el 19 de junio del año 1867, donde fue fusilado junto con sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía… Por esta razón, en la misa que oficiará el reverendo padre Francisco Morales, OFM, también se pedirá por el alma de estos dos generales conservadores leales a Maximiliano hasta la muerte… He visitado en Querétaro el Cerro de las Campanas varias veces… Uno de los guías me dijo que se le llamó así al cerro porque sus rocas al chocar entre sí producen un sonido semimetálico similar al emitido por las campanas. La primera vez que lo visité quedaba bastante retirado de la ciudad, ahora las construcciones lo ha materialmente “engullido”. Sin embargo, fue allí donde se dio el triple fusilamiento: el de un emperador, el de un presidente de México (el general Miramón) y el del general Tomás Mejía…. En la cima del cerro en mayo de 1975 se construyó un monumento gigantesco, con una escultura colosal del presidente Juárez, obra del escultor Juan Francisco Olaguíbel que domina toda la ciudad… Lo construyeron “encima” del monumento que en 1886 se erigió a Maximiliano de Habsburgo y el cual consistía en un cuadrilátero sostenido por columnas de madera, dentro del cual se alzaban tres columnas de granito dedicadas a Maximiliano, Miramón y Mejía con los nombres de los fusilados… La que sí permanece, es la capilla de estilo neogótico que construyó el gobierno austriaco (1900) cuando aún era emperador de Austria su hermano Francisco José y gobernaba nuestro país don Porfirio Díaz… El obispo de Querétaro de entonces, Rafael Sabás Camacho, la bendijo… La historia que me contaron durante mi visita al Cerro de las Campanas fue que en 1867 el Ejército republicano, al mando del general Mariano Escobedo, tenía sitiados a Maximiliano de Habsburgo y a las pocas tropas de Francia y conservadoras que le quedaban y que el 15 de mayo, en la falda oriental del Cerro de las Campanas, Maximiliano entregó su espada al general Escobedo, lo cual significaba su total rendición. (Ahora existe un pequeño obelisco que marca el acontecimiento). Ahí fueron hechos prisioneros Maximiliano y sus generales Miguel Miramón, expresidente de México, y Tomás Mejía. Fueron juzgados en el Teatro de la República por un tribunal de guerra, encontrados culpables y sentenciados a fusilamiento… Al amanecer del 19 de junio de 1867, a las 7:05 de la mañana, fueron llevados al Cerro de las Campanas para que se cumpliese la sentencia. Ese día, cuentan las crónicas, Maximiliano se levantó de madrugada. Su valet, el húngaro Tüdos le ayuda a vestirse una camisa blanca, chaleco, pantalón oscuro y una levita larga. Después de confesarse con el canónigo Manuel Soria y Breña, pasa a escuchar misa a la capilla del convento donde estaba prisionero con sus generales… (faltaba Leonardo Márquez, el Tigre de Tacubaya, quien con pretexto de ir a México salió de Querétaro y no volvió). A las 6:30 de la mañana, el coronel Miguel Palacios, se presentó en el pasillo con una fuerte escolta de sus hombres. “Estoy listo”, señaló el archiduque. En tres carruajes parten rumbo al Cerro de la Campanas… Más de cuatro mil soldados del Ejército republicano habían sido desplegados formando un cuadro al pie del cerro. La mañana ha despuntado y está radiante. “Es un bello día para morir”, dice Maximiliano. Los tres sentenciados se colocan frente a un tosco muro de adobe, levantado precipitadamente el día anterior. A manera de despedida, Maximiliano da un fuerte abrazo a sus generales y pide a Miramón que se coloque en medio: “General, un valiente debe de ser admirado hasta por los monarcas”. Después, dirigiéndose a los presentes, alza la voz y dice: “Voy a morir por una causa justa, la de la Independencia y la libertad de México. Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria. ¡Viva México!”. Miramón saca un papel de un chaleco y lee un discurso. Rechaza quedar bajo el estigma de traidor: “Protesto contra la acusación de traición que se me ha lanzado al rostro… Muero inocente de este crimen”. Tomás Mejía permanece en silencio… Como una petición especial, el emperador solicitó que se escogieran buenos tiradores y que apuntaran al pecho… Las últimas palabras del emperador fueron acerca de un reloj con el retrato de su esposa: “Mande este recuerdo a Europa a mi muy querida mujer, si ella vive, y dígale que mis ojos se cierran con su imagen que llevaré al más allá. Lleven esto a mi madre y díganle que mi último pensamiento ha sido para ella”… Después entregó una moneda de oro a los siete soldados del pelotón y proclamó:”Perdono a todos y pido a todos que me perdonen y que mi sangre, que está a punto de ser vertida, se derrame para el bien de este país; voy a morir por una causa justa, la de la Independencia y libertad de México. ¡Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria! ¡Viva México!”. Su cuerpo fue repatriado a Austria. Allá reposa en la cripta de los Emperadores Habsburgo, en la Iglesia de los Capuchinos.