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Acordanza / Tere Ponce

  • Acordanza: Tere Ponce De León

* Las Azáleas pasean por los Jardines de México

* Blanca Estrada fue anfitriona

Hace apenas unos años, antes de 2014, fecha de su inauguración, el terreno morelense
donde se ubican los “Jardines de México” era un erial situado en la parte más calurosa de Tehuixtla en el municipio de Jojutla, junto a la autopista que corre hacia Acapulco… Ahora, es un destino turístico que se anuncia como los jardines florales más grandes de América… Y sí, con sus 51 hectáreas y dos pozos de agua, lo que fue un erial es ahora un vergel impresionante… Lo conocí hace apenas unos días, cuando Blanca Estrada, miembro del Club Floral Azalea, residente en Cuernavaca, Morelos, nos dijo: “tienen que conocerlo, no hay otro igual” y organizó el paseo anual de la socias de este Club Ecológico citadino del Distrito Federal, a los Jardines, los cuales no cumplen ni un año de edad… Cuando una llega y deja el automóvil bajo un panel solar (porque todo en los Jardines es sustentable) y camina por la Plaza de las Palmeras, que desembocan en una rotonda de tabachines, ese maravilloso árbol del sudeste asiático, que tan bien se da en las regiones tropicales de nuestro país y que incendia el paisaje con su floración roja como una llama, se queda sorprendida ante el paisaje que se pierde en las montañas azules de la lejanía, mientras los jardines “bajan”, en una perspectiva descendente que se pierde en el verde de los lagos artificiales llenos de nenúfares y lotos y en la bruma (el día nos tocó brumoso) de la lontananza… Los “Jardines de México” no son los jardines versallescos del arquitecto de Luis XIV Le Notre, aunque el emplazamiento se prestaba para ello, porque lo que observamos son jardines temáticos: un jardín italiano, con sus estatuas y fuentes de mármol que reproducen las estatuas romanas clásicas y las del Renacimiento, como el “David” de Miguel Ángel, que remata una de las fuentes; el jardín tropical, con su flora tan característica (aves de paraíso, orquídeas a granel, ficus y bromelias, anturios rojos, verdes y rosados, plátanos y platanillos,)…. Con Pati Lerdo de Tejada de Marentes, admiramos de las ceibas, árboles sagrados de los mayas que allí se encuentran… Las ceibas eran “enanas” (porque alcanzan los 60 metros de altura de las otras)… Estas desarrollan espinas de varios tamaños en la corteza de su tronco, auténticos puñales, que dieron muy mala fama a los conquistadores españoles, ya que -se cuenta- que éstos amarraban contra el tronco a los “indios rebeldes” y los dejaban morir desangrados, picoteados por toda clase de insectos (liderados por las hormigas rojas gigantes) que se ven atraídos por la sangre fresca… Bueno, la leyenda negra de los españoles afirma lo que acabo de contarles y como la crueldad humana no tiene límites, creí esta historia sin mayor preocupación por ratificarla… En carritos eléctricos sin puertas, manejados por nuestro guías, biólogos egresados de diversas universidades que nos iban explicando los detalles de la siembra, cultivo y floración de cada espécimen, recorrimos todo el parque. Me llamó la atención las bien cuidadas jardineras -como alfombras extendidas por todo el parque-, llenos de belenes; unos árboles que no vimos fueron las Jacarandas, ese maravilloso árbol que en la ciudad de México anuncia la primavera vistiéndola de morado… El por qué no lo sé, pero podrían ponerle al jardín algunas para que tachonara el piso con sus florecillas violetas…. Espectacular, como el jardín que visitamos (perdonen el plural, pero recuerden que conmigo -el burrito siempre va por delante- iban 18 azaleas, entre ellas: Malou Escandón, Alicia Salazar, Licha Pandal, Ceci Lebrija de Guerrero, Tona Zapico de Canales, María Elvira López Negrete de Collantes, Nounou Harb, la Chata Arias de Agundis, Zita Luz Autrey, Elba Ramos Cárdenas de Rodríguez, Mayú García Bringas, Irma Dubost, Rosi Cossío de Guerra y Maureen Green de Phillips, por mencionar solo a algunas, es el llamado Jardín de Cactáceas…¡Válgame Dios!, qué ejemplares… Hasta Tere Milanés que ha visto jardines de todo el mundo, no dejó de maravillarse. Todas estábamos con la boca abierta cuando llegamos al él… Y es que tanto la flora de nuestros vastos desiertos, como la exuberancia de la selva tropical define el paisaje mexicano… Pero en este jardín, la majestuosidad de los cactus, de las famosas “suculentas”, y de las biznagas, ese vegetal protegido y considerado en peligro de extinción, nos dejó sin habla… ¡Qué ejemplares tiene este parque, con sus nopalillos de cien años de antigüedad, sus órganos gruesísimos, sus magueyes; los agaves tequileros de hojas azuleantes, los bacanoras con sus tallos gruesos y sus hojas espinudas, las acacias… Vimos también el árbol de donde se sacan las maracas, con sus frutos-bolas verdeando-… Algunos prados de los jardines me recordaron el parque canadiense de las cataratas del Niágara, con su famoso reloj de flores (en la versión mexicana, convertido en abanico)… Los jardines tropicales en los Jardines de México, el llamado “Laberinto de los Sentidos”, que recuerda los laberintos de los jardines británicos; el enclave del jardín japonés, que emula con botánica, diseño de paisaje y arquitectura los jardines de Kioto, con sus pabellones para el té, sus puentes sobre arroyos de agua cristalina, sus lagos con nenúfares, sus linternas de piedra y los jardines de piedras y grava con que se imita el mar y las islas de aquel país… Los pavos reales floridos, los orquidearios, el pabellón ideado para niños, los jardines de las cuatro primaveras, el abanico floral del auditorio al aire libre, hacen de este jardín morelense único en la República y, según afirman nuestros guías en toda América… Ideados como atracción turística, cuentan con centro de convenciones, teatro al aire libre y escuela de jardinería. En sus diferentes áreas, este espacio florido da trabajo a mil 200 familias de la región… Durante la comida en el restaurante Dalia, dentro de este Parque, departimos con Sarita Sánchez, la inspiradora de este esta maravilla… Sarita nos relató que el amor de su esposo Víctor Sánchez hacia ella, lo hizo concebir este jardín, pues se le hizo poco regalarle flores cortadas todos los días. Para ello, Víctor contrató al arquitecto Isidro Vázquez y al paisajista Raúl Abelar, quienes aterrizaron su sueño e ideal. Como dicen los franceses, ¡chapeau!… Hoy este enorme jardín es una atracción turística en el Estado de Morelos, abierto a quien quiera visitarlo.