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Actividad física y violencia

  • Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Para combatir las enfermedades graves de nuestro tiempo (diabetes, cáncer, cardiovasculares) la actividad física es la mejor receta. Tanto caminar vigorosamente, como correr, jugar futbol o hacer otro deporte que demande actividad física previene a niños y jóvenes del sobrepeso y la obesidad; ayuda a los adultos a mantenerse en el peso y disminuye la incidencia de las graves enfermedades mencionadas. Quienes hacen una actividad física de al menos media hora tres veces por semana tienen mayor probabilidad de llegar a vivir largos años en estado óptimo, evitando una vejez lastimosa.

En las escuelas primarias en teoría se promueve la actividad física, aunque no todas las escuelas tienen patios o canchas para hacer deporte. La Reforma Educativa nunca abordó el tema del equipamiento de las escuelas (patios y canchas al menos), ni propuso mejorarlo (seguramente ignorando carencias y el magro presupuesto).

Esa falta de actividad física en las escuelas lleva a que cuando los niños crezcan y se conviertan en adultos tampoco harán esfuerzo alguno por hacer ejercicio. Ni siquiera para ir a comprar a tiendas cercanas o asistir a eventos; para todo prefieren ir en vehículo motorizado, jamás piensan en caminar. Esa actitud conduce a un sedentarismo pernicioso que lleva a la obesidad y a las enfermedades que el ejercicio previene.

Para muchos existe un elemento inhibidor del simple ejercicio de caminar que es la falta de seguridad pública en calles y plazas. Ciertamente hay zonas en todas las ciudades en las que caminar dos kilómetros (media hora a buen paso) es una invitación al desastre, más peligroso que viajar en microbús por zonas deprimidas. A plena luz de día asaltos y robos hacen temerario el caminar solo, y no siempre hay otras personas para hacerlo en compañía.

Pero si las predicciones de la Secretaría de Salud se vuelven realidad, este año 285 mil personas morirán de estos tres males evitables (al menos aplazables), y en 30 años más morirán más de medio millón por estas causas. Si bien estas personas fallecerán tarde o temprano por estos males o por otras enfermedades, hay dos diferencias muy importantes: difícilmente serán longevos y no tendrán calidad de vida en su vejez. Quienes no lleven una dieta saludable y no hagan suficiente ejercicio van a sufrir más que los que sí lo hayan practicado.

La falta de seguridad pública tiene una repercusión de la que no se habla mucho: el miedo que la violencia despierta entre la población y le impide llevar una vida normal, incluso caminar por la calle. Cierto que la cifra de víctimas de la violencia es muy alta (20 mil 798 en 2016) pero no llega a ser el siete por ciento de las víctimas de las enfermedades mencionadas. Es mayor el riesgo por no hacer ejercicio que llegar a sufrir la violencia urbana.

Debemos recordar las palabras de un presidente norteamericano más sabio e inteligente que el actual en vísperas de la Segunda Guerra Mundial: “No tengamos miedo más que del miedo mismo”.
daaiadpd@hotmail.com