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Acto de guerra y desprestigio de Trump

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

El conflicto sirio comenzó en marzo de 2011 y desde entonces se han llevado a cabo múltiples reuniones de potencias y países involucrados para tratar de encontrar alguna solución pacífica y satisfactoria, pero todas esas tentativas se han topado con inflexibles intereses y han resultado así por completo estériles. En el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, donde se han impulsado algunas propuestas en contra del régimen de Bashar Al Asad, se han topado con el veto de Rusia. Es de suponerse que por más reuniones que se continúen realizando, será sumamente difícil que se llegue a algún acuerdo.

La Unión Europea albergó en Bruselas, bajo el copatrocinio de la ONU y de otras naciones, a más de 70 ministros de diferentes países, varios organismos internacionales y de la sociedad civil, reunidos para celebrar la quinta “Conferencia de Apoyo al Futuro de Siria y la Región”. Apenas el pasado martes 5, justo cuando concluía esta quinta Cumbre, se perpetró el ataque con gas sarín, una prohibida arma química singularmente letal, contra la comunidad de Khan Sheikhoun, en la provincia de Idlib, provocando la muerte de más de 80 personas, incluyendo al menos 20 niños.

Rusia, para defender al régimen de su aliado Bashar, sostuvo una versión inverosímil: que cuando los aviones de las fuerzas gubernamentales bombardearon el último bastión rebelde, después de la caída de Aleppo, hicieron estallar el gas sarín que ya tenían almacenado las fuerzas opositoras. Evaluaciones de expertos internacionales han concluido que la fabricación de dicho gas requiere de una tecnología que no está al alcance de los opositores pero que el sirio sí la dispone.

Pero no solo ello, sino que hay claros indicios de que las fuerzas gubernamentales ya habían utilizado dicho gas la mañana del 21 de agosto de 2013, cuando bombardearon el cinturón agrícola de Ghouta, cercano a Damasco. Por el uso de los misiles M14 de la era soviética y por el cálculo de su trayectoria, que ubicó su origen en la base militar del Monte Qassioun, sede de la 104 Brigada de la Guardia Republicana, se disponía de sólidos elementos, aunque se juzgaron no concluyentes y el crimen quedó así impune, incitando a su repetición. Pero hay algo sumamente extraño: el régimen de Bashar cada vez se consolidaba más al interior y empezaba a tener menor repudio internacional. ¿Por qué recurrir en esas circunstancias favorables a una medida tan extrema y repudiable, como es el uso de la guerra química?

El caso es que esa atrocidad le ha brindado al presidente Donald Trump un alentador aire de respiro que, en medio de un vendaval de fracasos y errores padecidos por supina ineptitud, le dio oportunidad de tomar una muy drástica medida que, a pesar del belicoso riesgo, le ha valido un fortalecimiento interno de su deteriorada imagen política y un reconocimiento internacional de parte de actores relevantes que él ha repudiado como la OTAN o países de la Unión Europea.

El aeródromo sirio de Shayrat, donde se encontraba también una unidad de la fuerza aérea rusa el martes 5, cuando de ahí partieron los aviones que bombardearon Khan Sheikhoun, fue el significativo blanco escogido para el ataque lanzado el jueves 7 desde los destructores estadunidenses Ross y Porter, que ha favorecido la imagen de Trump pero, como aclaró ya Hillary Clinton: “No podemos hablar de proteger a los bebés sirios y al mismo tiempo cerrar las fronteras de EU”.
amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell