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Actos de barbarie en Alemania / Rosamaría Villarello Reza

  • Rosamaría Villarello

Las agresiones y ataques sexuales a las mujeres en Alemania son, desafortunadamente, un hecho que hiere a todas las mujeres de cualquier condición, situación y religión.

Todo indica que fueron actos concertados en varias de las ciudades germanas, aunque principalmente trascendieron con mayor profusión las llevadas a cabo en la Noche Vieja o última del año 2015 en Colonia.

No hay excusa alguna para justificar estos actos de barbarie, como muchos otros que se han llevado a cabo masivamente en otras partes del mundo contra grupos de mujeres, y por supuesto ni siquiera de manera individual.

Y la indignación que han producido nada tiene que ver con posturas feministas, ni tampoco con las lamentables justificaciones dadas por algunos en el sentido de que se debieron al exceso de alcohol por las festividades que indujeron a hombres a llevarlos a cabo, sino por lo que representan: un gran desprecio por la mitad de la población mundial.

Estos hechos también están concatenados con las reacciones, por un lado, de los que se oponen a las políticas pro refugiados de la canciller Angela Merkel, pero también de hombres cuya fisonomía se identifica con árabes o islámicos, de acuerdo con las descripciones de varias de las víctimas o testigos; varios de ellos, según las autoridades, que apenas estaban en proceso de una resolución oficial para su estancia en Alemania.

Esto, a todas luces, son acciones provocadoras para buscar enfrentamientos que deriven en represiones por parte de las autoridades, aunque las reacciones oficiales están siendo no solo del orden de persecución y castigo a quienes llevaron a cabo los ataques a las mujeres, sino de instrumentación de políticas que ya tienen que ver con el contexto europeo, en la medida que es de esperarse que infortunadamente estos actos en comento se repitan.

Pero sobre todo, nos sume en una preocupación más profunda sobre los sentimientos humanos y la forma en que se puede herir a las sociedades al manifestarse ese odio hacia las mujeres; sobre todo cuando la principal figura política es una mujer.

No cabe duda que estamos ante un mundo que se desvaloriza acometiendo toda clase de atropellos. Si los feminicidios son las acciones más condenables, lo sucedido en Alemania es prácticamente su similar, porque están dejando una marca imborrable en quienes sufrieron el terror de sentirse violentadas en su integridad y amenazadas por una multitud de hombres que las afrentaron.

Estas reflexiones no son solo por haberse llevado a cabo en un país como Alemania, o como lo sucedido bajo otras circunstancias al atentar sobre todo contra multitudes de jóvenes en París en fecha reciente, pues son solo dos ejemplos de una composición, o más bien, una descomposición del mundo cuyas consecuencias todavía no podemos medir.

El desorden tiene que llevar a un orden. El problema es que no sabemos cuándo.