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Actuar a tiempo

  • Federico Ling Sanz

  • Federico  Ling Sanz Cerrada

En días recientes hemos observado con enorme temor el descontento social que priva en el país. Las cosas se están saliendo de control. El pretexto inicial fue el tema del precio de la gasolina: es por supuesto un problema mayúsculo para la nación. En lo personal estoy de acuerdo que el subsidio de la gasolina era inviable y poco conveniente de mantener; sin embargo, cuando existen políticos corruptos que hacen mal uso de los recursos públicos; que se roban el presupuesto; que dan contratos a modo y piden “moches”, y corrompen a diestra y siniestra, entonces es cuando no estoy de acuerdo. El problema de la gasolina se resolvería si no existiera la corrupción. Pero bueno, eso es parte de la situación que se está llevando “entre las patas” a nuestro país.

Desde hace cuatro años vivo en la ciudad de Washington, y soy testigo del flujo de información que llega a nuestros portales. Cuando uno platica con la gente, lo que se sabe de México generalmente es lo malo. México es un país maravilloso, lleno de gente amable, de paisajes exóticos, de playas extraordinarias; pero también es un país lleno de problemas, de violencia, de inseguridad. Y son precisamente estas últimas noticias las que llegan hasta el otro lado de la frontera y las que trascienden. En esta ocasión, no hay persona que no se haya enterado de la grave situación que está ocurriendo en el país. ¿Y así queremos rehacer la percepción deteriorada de que los mexicanos no sabemos vivir en paz y que México es un país donde no hay peligro? Quizá así sea, o quizá no, pero el hecho es que el descontento ha alcanzado niveles fuera de lo común.

Ahora bien, yo me pregunto: ¿hace falta robar pantallas de televisión y saquear centros comerciales porque el precio de la gasolina es demasiado alto? Son meramente excusas de la protesta organizada por grupos políticos para su beneficio propio. Eso tiene un nombre: se llama delincuencia, y ése es precisamente el tipo de noticias que más daño nos hace. No hay Estado de Derecho en nuestro país, y los responsables de los saqueos no rinden cuentas. El país se le está yendo de las manos al Gobierno.

El problema es que el Gobierno necesita legitimidad para gobernar. Y este Gobierno no la tiene. El Presidente de la República tiene una aprobación que -con suerte- llega a 20% de la población. Quizá es menor (mucho menor). Y en medio de ello se aumenta el precio de la gasolina, generando indignación social. El Gobierno tiene que liberar el precio; sin embargo, para hacer eso necesita sacudirse la imagen de corrupción y tener muchísima aceptación popular. Es una paradoja muy compleja; pero debemos admitir que tampoco se ha mucho para revertir la percepción que se tiene de algunos personajes públicos nefastos, como Javier Duarte, que se robó lo que nunca, y que sigue prófugo de la justicia. Por allí podríamos empezar.

Pero también se necesita poner orden. Si los disturbios sociales no se contienen desde ahora, no habrá forma de contenerlos más adelante. Una vez que se libera la ira de la gente es muy difícil que ello vuelva a su estado inicial. El Gobierno de México tiene que intervenir. No hay de otra. Quizá no quiera, pero tiene que hacerlo. ¿Es una provocación de los grupos que están organizando esta protesta social generalizada? Sí. Y precisamente lo que quieren es que el Gobierno actúe para tildarlos de represores y que, en la elección de 2018 sean ellos los ganadores. ¡Vaya mezquindad! Como decía Porfirio Díaz: ¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de gente como Donald Trump y de los alborotadores sociales!
www.federicoling.com y @fedeling
*Maestro en Análisis Político y Medios de Información