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Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) / Raúl Aaarón Pozos Lanz

  • Raúl Aarón Pozos

Desde hace décadas, el Gobierno de México ha signado acuerdos comerciales, en algunos casos bilaterales y en otros multilaterales, con el propósito de ampliar las posibilidades económicas y estratégicas para la economía nacional. Por lo menos, desde la década de los 70, varios esfuerzos se han realizado con el fin de vincular a México a estos acuerdos y, aprovechar las ventajas comerciales y económicas que ellos representan. Cuando México no firmó el Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), años después, en 1986, finalmente se firmó su ingreso al acuerdo referido justo cuando el proyecto neoliberal sentaba las reglas para el desarrollo de la economía en todo el mundo, y fue en esa coyuntura cuando nuestro país firmo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La creación y suscripción a acuerdos de libre comercio responde a la necesidad de erradicar políticas proteccionistas que en un principio tuvieron el objetivo no solo de proteger los mercados nacionales contra la competitividad y la productividad de economías más poderosas sino también de desarrollar un mercado interno para productores nacionales.

Con la llegada de la ideología y el modelo económico neoliberal en los años setenta, el discurso y la evidencia demostraron que los mercados cerrados y protegidos no generaban el desarrollo económico y el bienestar para los habitantes de esos países y tampoco crearon mercados eficientes, ni productos de calidad y sí por el contrario, monopolios y por supuesto, técnicas productivas y tecnológicas obsoletas en los procesos productivos.

Algunas economías, las acostumbradas a la competencia abierta, empezaban a agruparse para enfrentar de mejor manera el incremento de la competitividad mundial y la lucha por los mercados. Surgió entonces la necesidad de crear alianzas comerciales o tratados de libre comercio que permitieran la libre circulación de productos y en algunos casos, incluso, la creación de políticas de libre tránsito de profesionistas entre los países firmantes de sus acuerdos bilaterales o multilaterales.

El mercado europeo surgió así, también acuerdos bilaterales en distintas partes del mundo, lo que años después abrió la puerta para que México, Canadá y Estados Unidos firmaran, durante el sexenio del expresidente Carlos Salinas de Gortari, el Tratado de Libre Comercio. Mucho se habló sobre las asimetrías económicas entre los tres países y mucho se debatió también sobre los efectos positivos y negativos que la firma de un convenio como ese traería para México. Sin embargo, es evidente que este tipo de acuerdos representan ahora una de las estrategias más poderosas para enfrentar un mercado global altamente competitivo, para acceder a mercados en todo el mundo y para ampliar las posibilidades de desarrollo y de influencia económica y estratégica en la economía global.

En estos días, se han estado discutiendo en la opinión pública las negociaciones del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica ó TPP, por sus siglas en inglés. Al igual que el TLC, se trata de un tratado de libre comercio multilateral que tiene como objetivo liberalizar las economías de la región del Asia-Pacífico y que es firmado por 12 naciones de tres continentes que se integran en una nueva zona amplia de libre comercio y en donde las más diversas vocaciones productivas de cada nación se complementan y se presentan como la plataforma comercial con los más altos estándares en todo el mundo.

Es importante participar en el este instrumento comercial, no solo porque abre un capítulo para las pequeñas y medianas empresas, sino también para posicionar la adecuada estrategia económica de México que, le merecieron en su momento, ser distinguido por la experiencia positiva y las ventajas que se obtuvieron al firmar el TLC con dos de las economías más grandes del mundo.

El TPP abre una ventana nueva a 200 millones de clientes potenciales. Las empresas mexicanas ingresarán a nuevos mercados y consolidarán su presencia en los mercados de América Latina y América del Norte. Sin embargo, como señala el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, si queremos ser parte de una oferta exportable potencial de alrededor de los 175 mil millones de dólares, tenemos que hacerlo con mejores índices de productividad y competitividad y a menores costos que los demás, pues de otra forma nos “van a comer nuestro queso”.

En algún momento hace años, me preguntaba si la globalización era buena o mala. Respondí que era inevitable y que deberíamos hacer como país todo lo que estuviera en nuestras manos para sumarnos a un movimiento histórico que transformará le economía global. Participar en el TPP es fundamental si queremos formar parte de esa historia.