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Adelantos tecnológicos O, el fin se acerca a pasos lentos / Una Tras otra / Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara

Cada mañana hallamos una novedad en el mercado, de la que ya ni nos asombramos. Igual un nuevo reloj (como el de Apple) que sirve para casi todo (solo le falta la llave del agua caliente), que un teléfono celular del que, lo único que esperamos es que tenga más aplicaciones aunque jamás lleguemos a usarlas, en un alto porcentaje. Pero, nada hay cien por ciento benévolo.

Siempre he creído que nosotros seremos los responsables de nuestra propia destrucción, con alguna salvedad, que describiré en otro párrafo.

Hay algunas vertientes que conviene no olvidar.

A) La Ecología. Le hemos hecho tanto daño a la naturaleza que los huracanes, las sequías, las heladas tempraneras, el asfixiante aire de Beijing o de la Ciudad de México, el cáncer en la piel por los contaminantes arrojados a la atmósfera, los vertederos de porquerías industriales a lagunas y corrientes de aguas, producen cambios que afectan, como una especie de avisos preventivos.

Hace algunos años, hubo un promocional del Gobierno referente al tema, que decía, más o menos: (Un niño) quién contaminó este rio, abuelo. (Un hombre de edad): quién no, hijo. Así que en la imprudencia vamos todos. Afortunadamente se ha ido sensibilizando a la humanidad, aunque persisten los irresponsables.

B) Alimentos. Los nutriólogos y/o los científicos de la materia nos advierten de muchos peligros, entre ellos, lo que comemos; aunque a veces, creo, que es la competencia por vender.

Nos dicen que los transgénicos van a hacer que dentro de muy poco tiempo nuestra piel sea igual a la de una lagartija o a la de una iguana (para mí, todo lo que ingerimos ya es transgénico). También, que la leche es solo para los bebés. Que no hay otra especie sobre la epidermis de la tierra que haga lo mismo que nosotros. Y, que su consumo puede incrementar no sé cuántos males a los ya existentes.

Ahora ya salieron alertas acerca del pan. Este delicioso, insustituible, nutritivo, apetitoso alimento, dicen, podría ser el culpable de que el torrente sanguíneo se vea disminuido por las milésimas de partículas que agrega en todos los vasos y se adhieren a ellos, adelgazándolos; y, como consecuencia, el corazón y el cerebro podrían verse afectados.

De la carne, ya ni hablar. La estigmatización va desde el alto contenido de ácido úrico, pasando por la cantidad enorme de bilis, que segrega el animal, cuando es sacrificado, hasta el posible daño por ingesta de cantidades superiores a lo normalmente permitido (cuánto será eso).

C) Los peligros del espacio exterior. Los astrónomos, con los nuevos y poderosos telescopios, han descubierto no solo que Plutón no es un planeta, sino que, por el cosmos, existe una miríada de cuerpos celestes que recorren el espacio, por varias razones. Para el tema que nos ocupa, hay dos peligros. Los asteroides que, se cree, alguno de ellos acabó con la vida de casi todas las especies, en tiempos remotos. Y, su recorrido, podría nuevamente acabar con la vida terrestre. Los hay de todos los tamaños. Dicen que bastaría con que nos cayera uno de 200 toneladas, para desequilibrar la órbita del planeta y que ello nos llevaría a fríos congelantes o a calores achicharradores.

Igual los cometas. Estos vagabundos siderales, de alguna manera, suma de otros cuerpos destruidos, en tanto anden lejos, no hay bronca. El problema, como los asteroides, que pudieran tener una variante en su órbita, para que nos pongamos a temblar. Aquí, al parecer, hasta donde se especula, no hay responsabilidad (todavía) humana. En fin. Continuará

jaimealcantara2005@hotmail.com