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Adiós al año viejo y bienvenida al 2017

  • Mireille Roccatti

“Quam benevivasrefert, non quamdiu”*

  • Mireille Roccatti

El inexorable trascurrir del tiempo se cumple una vez más y termina un año calendario de nuestra efímera existencia. La ocasión es propicia para hacer recuentos de logros y fracasos, así como de formular deseos, hacer inventario de buenos deseos y también de actualizar pendientes de cumplir.

Mucho podría decirse de los males que aquejaron a nuestro México durante los doce meses de este año, quizás lo más grave y preocupante, por lo menos para quien pergeña estas cuantas líneas, sea la complicación de nuestra economía, que viene a agravar la ancestral desigualdad social que nos agobia.

Otro mal que no remite es la situación de inseguridad con su cauda de muertos, heridos, desaparecidos y desplazados. Y desde luego, la creciente ira social en contra de cualquier signo de autoridad, actitud que se potencializa en contra de los partidos políticos, y sin duda, el agotamiento de la democracia representativa. El listado de males crecería interminable y estas líneas terminarían como un rosario de males nacionales.

Para algunos, caminamos sobre un país que se deshace, un México en llamas, una nación que se colapsa. Estos negativos de siempre solo pueden ver los horrores y los errores. Es cierto que el Modelo de Desarrollo Económico adoptado por la clase gobernante, condicionado por las modalidades impuestas por los factores reales de poder predominantes en los circuitos financieros globales y la división global del trabajo y los mercados a los países periféricos, solo ha producido miseria y pobreza en más de la mitad de la población. Eso innegable.

Solo que tampoco puede negarse que México es muy diferente al de hace cincuenta o treinta años. Se ha ampliado la infraestructura carretera, de puertos y aeropuertos, la red hospitalaria y educativa; drenaje, agua potable y otros servicios urbanos. Insuficientes, sí. Nadie afirma que las demandas sociales de mínimos de bienestar estén satisfechas. Se han generado empleos, sí, pero no los necesarios, ni bien remunerados.

Es cierto que la inconformidad social existe, crece y se exaspera día a día. Pero también millones de mexicanos, estudian, se casan, salen cada día a trabajar con ánimos, buscando un mejor futuro, para ellos, sus hijos y sus nietos. Y no, tampoco es que vivan enajenados, sin ideología, sin referentes valorativos o idiotizados por los medios de control social, como la prensa, radio, televisión y ahora por las redes cibernéticas. Quien así piense, el idiota es él.

Existen millones que nos guste o no, viven su vida con esperanza de cambiar su destino, sin creer en nada talvez, pero luchando por cambiar su realidad inmediata. Este amplio segmento social, no cree en “mesías” políticos, ni en la política, menos aún en los partidos políticos.

Por todo eso, el año que viene será un periodo de tiempo en el que tenemos que afrontar y vivir con ánimo, con esperanza, con esfuerzo. En lo individual, mucho tenemos que hacer para ser mejores. En lo colectivo, cada quien escoge sus trincheras y sus batallas. Los tiempos de lucha organizada por los “negativos iluminados” que se pretenden elites guiadoras del quehacer nacional son historia y han sido rebasados por los procesos sociales casi sin darse cuenta.

Una vez más, México saldrá adelante y superará los difíciles tiempos que se anuncian en lo inmediato. Los mexicanos de a pie, lo haremos, como lo hemos hecho a lo largo de la Historia. Así pues, adiós al año viejo y bienvenido el 2017.
*«Lo importante no es

vivir mucho sino vivir bien»