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Agenda ciudadana

  • Rebecca Arenas

Que tomar en cuenta a la hora de votar

En las últimas dos décadas se han producido cambios de gran calado en nuestro país, que están influyendo en nuestra vida diaria, aunque no siempre estamos conscientes de ello.

Me voy a referir a dos de esos cambios, que cobran gran importancia en estos días de campañas políticas previas a la emisión del sufragio ciudadano, el próximo 5 de junio. Uno es el incuestionable avance legal e institucional en materia electoral, que hoy, a pesar de todos los intentos en contrario, nos permite tener elecciones transparentes y legales, habiéndose prácticamente erradicado el robo o quema de urnas y disminuido en gran medida, el catalogo de triquiñuelas orientadas a ganar con trampas lo que se había perdido en las urnas, prácticas que todavía hace poco, se daban de forma generalizada.

El otro cambio, es la profunda transformación de la sociedad mexicana en su conjunto, cada vez más alerta, más informada, y renuente a la manipulación electoral de quienes buscan lucrar con la necesidad de la gente a cambio de su voto. Hoy, está visto, la gente recibe los regalos de un candidato, o asiste a los actos multitudinarios de otro, sin comprometer con ello su sufragio.

Pero a pesar de las cada vez más estrictas regulaciones electorales vigentes, y a pesar de que la gente ya no se deja envolver por un discurso emotivo, o una promesa imposible de cumplir, subsisten en los partidos y sus candidatos, la tendencia a buscar ganar llenando de lodo al adversario, a descalificar al contrario, en vez de centrar su propuesta en analizar con realismo y honestidad el modo de atender las mas ingentes necesidades de la población.

Es positiva la práctica de firmar compromisos específicos entre el candidato y la ciudadanía, pero poco puede hacerse si el primero no cumple, debido a la falta de mecanismos de participación ciudadana que le permitan a esta, sancionar la falta de palabra y de respeto de quien pide el voto, para luego olvidarse de atender a los votantes a quienes les debe haber llegado al cargo.

Toca al Poder Legislativo trabajar en la creación de mecanismos de participación ciudadana, que garanticen a la gente, que habrá consecuencias para el gobernante o el representante popular que incumpla y engañe a la comunidad.

Desde esa perspectiva los legisladores también deben discutir y aprobar mecanismos que permitan a la ciudadanía participar en el diseño y seguimiento de las políticas públicas que afectan su día a día. Mayor transparencia y efectivo acceso a la información son dos pilares fundamentales que permitirían que la ciudadanía impida los gravísimos entuertos financieros que hoy estamos padeciendo, con una economía en crisis que dificultara el quehacer gubernamental de quien resulte ganador. Superar la crisis no es cosa de súperhombres, o súpermujeres, lleva tiempo y requiere de medidas acertadas y oportunas.

Todo lo anteriormente descrito requiere de un Poder Legislativo, autónomo a todo lo que no sea el beneficio de sus representados; pero lamentablemente, la cultura política de componendas y compra de lealtades que aun prevalece (quien no es incondicional al grupo, no es postulado) no hace previsible que ocurran los necesarios cambios e innovaciones que Veracruz requiere. Similar situación ocurre en las restantes entidades que renovarán sus congresos locales.

¿Que nos queda por hacer? Lo primero es no quedarnos cruzados de brazos; no dejarnos llevar por la inercia de prácticas trasnochadas del viejo quehacer político, en donde todas las partes fingen, sin que se produzca una comunicación genuina, honesta, comprometida y respetuosa. Hoy por hoy el candidato que aspira promete todo y descalifica a sus adversarios, mientras la gente suspira con resignación, sabiendo que la vieja y repudiada historia volverá a repetirse.

Conocer la trayectoria del candidato en cuestión, es el único elemento del que disponemos para valorar si lo que se nos dice y se nos promete, tiene visos de poder llevarse a cabo.

El político desde sus inicios construye su imagen en base a los hechos que protagoniza; no hay cambios milagrosos. El que mintió, volverá a mentir; el que tuvo desempeños fraudulentos los volverá a cometer. Más allá de los partidos políticos, que son importantes, en tanto órganos de postulación de los candidatos y por la gobernabilidad que permite una bancada legislativa que respalde las iniciativas de Gobierno (lo que los candidatos independientes carecen) la única pista real que tenemos los ciudadanos de a pie, es la trayectoria política, profesional, personal, de quien aspira a gobernarnos o a representarnos. Todo lo demás es mercadotecnia electoral. No nos dejemos engañar.

rayarenas@gmail.com